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miércoles, agosto 20, 2008

Crónicas de Islandia VI (Final)



Sobre Islandia se han escrito libros todavía actuales como La Isla Secreta de Xavier Moret y se escriben artículos a diario en algún lugar del mundo así que no voy a entrar a reescribir nada. Lo que si quiero escribir es que Islandia es un lugar muy hermoso, muy aislado, no tanto por la distancia sino por estar lejos de las rutas turísticas y lejos del perfil de turista “tranquilo” que busca playa, comer y según la edad, distraer niños, o de turista “culto” de museo, café y cenas en sitios interesantes.

Además, gracias al empeño conservador/ecologista (en el buen sentido, sobretodo en el práctico) de sus 300.000 habitantes la naturaleza permanece en su mayor parte inalterada y eso fortalece aún más la sensación de que el hombre allí es un recién llegado sin importancia. La climatología y algún museo mostrando la vida tal y como era antes de las comodidades que trajeron los norteamericanos durante la segunda guerra mundial hacen increíble el hecho de que allí viviera gente desde hace 1000 años. Y si sumamos al clima los terremotos y volcanes, entonces es cuando empezamos a comprender ciertas cosas, como los valores de honor de los islandeses (esenciales en comunidades pequeñas y en situaciones críticas), la creencia en seres mágicos y la religión Asatru que profesan.

Islandia es un país único, y ello a los ojos de cualquiera, pero especialmente a ojos de alguien con interés en la geología como bien señaló un amigo mío antes de ir. Y cuando a sus paisajes los ilumina el sol entre las nubes bajas, individuales y densas; o cuando a medianoche el sol de verano ilumina de manera tenue antes de volver a salir, entonces se hace mágico y poblado de seres ente las caprichosas formas de la lava sólida.

Cada ángulo nuevo revela nuevas grietas y hendiduras en el paisaje donde corre el agua o se esconden animales, lo que acrecienta la sensación de poder perderse en un instante y ocultarse a placer.


Todo ello junto: magia, soledad y abrumadora naturaleza han hecho de este viaje algo inolvidable.



domingo, agosto 17, 2008

Crónicas de Islandia IV: Consejos a viajeros


Algunos de los consejos que voy a mencionar a continuación son de dominio público y han sido repetidos en libros, programas y guías hasta la saciedad, pero no creo que esté de más mencionarlos habiéndolos comprobado de primera mano en verano del 2008.

  1. En Islandia puedes pagar casi cualquier cosa por pequeña que sea con tarjeta de crédito (o débito). Excepción hecha para cosas como excursiones en moto de nieve por los glaciares, que pueden requerir pago in situ por razones técnicas, pero que se suelen advertir con antelación.

  2. El agua caliente y la electricidad son casi gratis, por lo que los encuentras en cualquier pueblo perdido en cualquier pueblo perdido del país. Probablemente eso facilita la existencia de secadores de manos calientes en todos lados y secadores para el pelo en la muchos sitios como en la misma Laguna Azul.

  3. El tiempo puede cambiar drásticamente en cuestión de minutos y eso ha incluido en mi experiencia, lluvia, nieve, sol y viento. Aunque lo que debería preocupar principalmente es el viento y la humedad, ya que son los elementos más presentes. Ah, y la lluvia en Islandia siempre es lateral debido al viento por lo que los paraguas son un elemento completamente inútil.

  4. Si te gusta la fotografía, deberías llevar tu equipo con suficientes baterías para hacer fotos todo el día, protección contra los elementos, y preveer que vas a tener que hacer postproducción con cosas como Autostitch para conseguir unas magníficas panorámicas.

  5. El sol de medianoche puede incomodar a algunas personas a la hora de dormir, pero los hoteles cuentan con cortinas completamente opacas (además de un aislamiento térmico fantástico y calefacción). En cualquier caso, la luz extra puede ponerte las pilas y permite hacer excursiones nocturnas sin notar el cansancio.

  6. Si vas en coche, infórmate muy bien de donde te metes porque hemos visto mas de un coche atrapado en el camino a pocos metros de la carretera nacional.

Crónicas de Islandia III: Notas curiosas


Esta es una lista de cosas que me han llamado la atención en Islandia:


  1. Los grifos de las duchas en la mayoría de los hoteles tienen 2 controles, uno para la presión/volumen de agua que se desea y otro para la temperatura del agua. Esto es realmente útil teniendo en cuenta que allí hace frío y el agua sale caliente desde el interior de la tierra, por lo que se evitan tener que perder el tiempo en regular la temperatura como se suele hacer aquí con los mandos de volumen para el agua caliente y fría o el menos incómodo monomando que requiere de práctica y buen estado (en mi cocina baila un poco así que no se puede regular demasiado bien).

  2. Los islandeses no piden paso, empujan. Es una costumbre local que nos advirtió Begoña, una camarera española que vive en Reykjavik y a la que Sardá entrevistó en su programa de vacaciones pagadas Duttifri, pero que también puede leerse en los panfletos sobre la vida nocturna que se distribuyen por allí. Por si fuera poco, tuve ocasión de comprobarlo en la misma cafetería donde Begoña nos lo comentaba cuando empecé a ser empujado por las camareras nativas en cuanto me situaba en algún lugar no demasiado propicio para su paso.

  3. Las autoridades islandesas sobreentienden que las personas que visitan su país son responsables de sí mismos, por lo que si existe algún peligro no evidente, este está señalizado con un cartel y un cordón que delimita un área segura, así que cuando estás allí visitando sus parques nacionales solo te encontrarás cordones y carteles señalizando la existencia de agua muy caliente que no parezca estar hirviendo. Mientras que los peligros evidentes como acantilados, precipicios y cascadas, se suponen evidentes a cualquier persona con ojos funcionales, como en la foto siguiente.



  4. Reykjavik suele publicitarse como una ciudad cosmopolita con mucha marcha, pero para los estándares españoles solo llegaría al nivel de pueblo con mucho dinero. Eso se traduce en moda cutre a precios altos en toda la ciudad. De hecho, he comprendido que Bjök no viste raro, sino que compra su ropa en tiendas céntricas de Reykjavik.



  5. Los islandeses aman la naturaleza y por ello intentan tener en la de su país el menor impacto posible. Esta devoción se traduce en naturaleza abierta y limpia que se procura mantener lo más original posible. Algo muy de agradecer por los turistas que la visitan.

  6. La fauna domesticada local parece limitarse tan solo a 3 animales: ovejas, caballos y vacas. Por supuesto son especies locales adaptadas a las circunstancias, así que son de menor tamaño y más pelo que el que podría esperarse en España. En cuanto a animales salvajes tienen zorros árticos, renos (alces) y montones de aves. Al parecer también hay especies “invasoras” (traídas, criadas y liberadas adrede o por accidente) como conejos o visones que estoy seguro de que acabarán dándoles problemas.

  7. La comida ha sido realmente buena, especialmente aquella que incluía pescado o cordero, probablemente los únicos dos alimentos que les sobran. Eso sí, mención aparte tienen aquellas comidas catalogadas como “tradicionales” como el “hákarl” (esencialmente tiburón podrido), que solo consumen los turistas, y que solo pueden catalogarse como comidas de supervivencia. Sin embargo, el “hardfiskur” (pescado seco) y el “skyr” (una especie de yogur con queso fresco) están bastante ricos.

miércoles, agosto 13, 2008

Crónicas de Islandia II: Impresiones

De mi viaje de novios he vuelto fascinado, no por los habitantes de Islandia que comprensiblemente (condiciones muy duras hasta tiempos recientes) me han parecido bastante raros, sino por el país que tienen y que hasta el momento parecen conservar y modernizar bien. Allí la sensación que tiene uno es de que la naturaleza es la propietaria real de la isla y la gobierna sin tener en cuenta a los seres humanos que nos vemos empequeñecidos antes tamaña obra geológica de la dorsal mesoatlática. La presencia humana es en el mejor de los casos, exigua y su mano tan solo es evidente en los mayores núcleos urbanos como Akureyri (17250 habitantes) o Reykiavik (118000 habitantes).

Islandia es todavía un paraíso natural, un parque protegido por los elementos, la situación geográfica y la historia que abarca más allá de la extensión de la propia isla y se extiende por el atlántico norte, el antiguo mar hiperbóreo, cuyo nombre evoca la literatura fantástica de Lovecraft tanto como la propia orografía y soledad islandesas.

El agua es una constante por doquier y corre por doquier vía manantiales, cascadas, arroyos, ríos, lagos y fiordos a la vez que desgasta la roca y hierve o se congela en las pozas, fumarolas y glaciares que yacen a lo largo y ancho de la isla.

Habiendo estado allí resulta fácil imaginar el por que una parte importante de los islandeses profesan aún la religión de los Aesir de sus antepasados y crean en seres mágicos como los elfos o los trols.

Ciertamente es un destino impresionante lejos de los circuitos habituales, obligado para cualquier amante de la naturaleza.