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jueves, agosto 02, 2012

Ya.com y sus regalos

Durante unos cuantos años fui un cliente de Ya.com más o menos satisfecho. Pura suerte, ya ven. Pero con el paso del tiempo, las prácticas de telemarketing de dudosa ética y legalidad y los comportamientos irregulares de lo que pensaba era la línea, acabé pasándome a Jazztel.


El caso es que el teléfono fijo e inalámbrico que uso en casa, fue parte del kit de bienvenida que ofertaba Ya.com hace unos tres años, y el otro día le dio por cascar. La pantalla de cristal LCD dejó, de un día para otro, de mostrar información más allá de unas rayas que hacían poco usable el terminal. Como me gusta tratar de arreglar las cosas y me tomo tiempo y cuidado cuando puedo, me dio por destripar el aparato con la esperanza de poder repararlo, antes de tomar la decisión de comprar uno nuevo. Y en esa operación descubrí algo inquietante.


El terminal parece que sufrió algún fallo y fue reparado por algún herrero, a la luz del estado de los componentes. Una chapa levantada, posiblemente para soldar algo de circuitería, y vuelta a poner en su sitio con los dientes por lo menos. Tras la hazaña de herrero de taller clandestino, le debieron poner la pegatina de refurbished, y acabó en un lote de bienvenida de Ya.com. En mi casa. Y cascando.


Así que amigo lector, si tienes problemas en casa con tu ADSL de Ya.com, recuerda que es más que probable que el problema sea del material de mercadillo que te entregaron y que supusiste que sería barato, pero no barato además de defectuoso.


Ah, y comprueba los microfiltros. Me dicen que a veces esos cabrones fallan.


Por si alguien tiene curiosidad tecno-morbosa, adjunto las fotos del trabajo herreril del proveedor de Ya.com. Véase el machaque de la chapa de la pegatina verde:









PD: El teléfono se recuperó bien una vez desmontado el LCD, limpiado la zona, vuelto a colocar las conexiones en su sitio y aplicado presión a base de silicona.


PD2: Jazztel bien, gracias. Aunque parece que mi oscuro pasado con Vodafone (con quienes no volvería ni cobrando) les pone un poco nerviosos a la hora de dejarme contratar móviles. Peor para ellos. Yoigo va muy bien.





lunes, noviembre 30, 2009

Marcas para olvidar: Balay





Balay es LA marca de electrodomésticos que jamás volveré a comprar, y la única marca de electrodomésticos que me veo en la obligación moral de desaconsejar en todo mi entorno, incluido Internet en la más pura tradición de pataleo de blogger. Aunque en mi caso no pido nada, solo rezo para que no se rompa nada más hasta dentro de un año al menos, que no está el dinero para tirarlo teniendo una cría que cuidar y una no-crisis galopando por el mundo.

La historia es la de una cocina montada con electrodomésticos de esta marca, que tras un año de uso corriente y moliente ha ido fallando miserablemente una y otra y otra vez, de las maneras más estúpidas.

Primero fue la lavadora, que se negaba a funcionar desde el primer día arrojando un código de error ininteligible. Vino el técnico y cambió un componente de la puerta. A día de hoy funciona aunque algún día ha vuelto a salir un código de error sin mayor historia.
Luego cascó el microondas. Un día simplemente se negó a funcionar (apagado total) hasta que un técnico vino a reemplazar una pieza que no funcionaba.
Después la nevera empezó a aumentar su temperatura hasta convertirse en una vulgar caja a temperatura ambiente. El diagnóstico del técnico fue que se había atascado el mecanismo de enfriar, debido al hielo.
Ahora el microondas se ha quemado (una esquina de la puerta se ha llegado a fundir) debido, según el servicio oficial, a "una gota de agua o aceite". Suponiendo que sea cierto (soy escéptico al respecto) apostaría por una gota de agua, ya que nunca calentamos aceite sin tapar perfectamente, y nunca lo calentamos demasiado. En cualquier caso es la gota que colma el vaso de mi paciencia.




No deja de ser irónico que un aparato concebido exclusivamente para calentar agua, se rompa por calentar agua 3 o 4 veces al día. Y no menos irónico es que una nevera deje de funcionar por el frío que produce su congelador. Y todo más o menos de seguido.


El dinero empleado en pagar reparaciones ha sido relativamente poco, pero el tiempo empleado en subsanar la falta de electrodomésticos es impagable. Por ello, recomiendo a cualquier futuro comprador de electrodomésticos, que descarte Balay directamente y elija cualquier otra marca, si no quiere arriesgarse a terminar con una chatarrería por cocina y a tener electrodomésticos intermitentes.

Me despido rezando para que no falle la cocina de inducción, al menos hasta que nos devuelvan el microondas. O me veo calentando comida con un mechero.

jueves, octubre 02, 2008

Incentivos perversos


La lectura de los libros El economista camufladoyLas trampas del deseo”, así como el descubrimiento de la categoría "incentivos perversos" hace algún tiempo, me ha llevado a reflexionar sobre el trabajo que desempeño actualmente y la diferencia entre lo que se solicita, y lo que se incentiva (lo que la empresa está orientada a realizar realmente).


Digamos que actualmente un recién llegado podría suponer que debe hacer su trabajo lo mejor y más rápidamente posible y que con esa orientación en mente, todos seríamos más felices y quizá se le recompensase de alguna manera en función de los buenos resultados. Sin embargo la realidad es bien distinta. Intentaré exponer por qué.

Para empezar hay demasiados niveles de intermediación (jefes, subjefes, responsables de departamento y subcontratas de subcontratas) lo que, como todos sabemos (y comprobamos al menos en el equipo), redunda en una productividad mucho menor de la posible, pero visto desde mi nueva perspectiva se podría empezar a pensar que existen todos esos niveles por razones diferentes. Por ejemplo, el trabajo que deberían realizar 2 personas a lo sumo (un Analista y un Programador, o incluso un solo Desarrollador) y que podrían llevar a cabo en un mes, acaba siendo realizado por un gerente de cuentas, un comercial, un responsable de área, un jefe de proyecto, un analista y un analista programador a lo largo de 5 meses Este evidente aumento de personas (el doble) y tiempo (cinco veces más) no puede explicarse de ninguna manera como una actividad orientada a la productividad y satisfacción del cliente, sin embargo puede explicarse si pensamos que la empresa está orientada a justificar el sueldo de una parte de los actores del proceso sin aumentar en lo posible el trabajo realizado por estos (“Money for nothing” como decía la canción de los Dire Straits). Dicho de otra manera, un 50% del dinero que paga el cliente, se utiliza en pagar directa (sueldo) o indirectamente (coches de empresa, alquiler de oficinas/despachos) a unas personas que no proporcionan ningún bien o servicio al cliente, ni directa, ni indirectamente. Entiendo que el precio mínimo de un trabajo debe incluir ciertos gastos administrativos como el del departamento o persona que se encargue de tramitar contratos y facturas, pero debería suponer un aumento mínimo del precio dado el tamaño de la empresa.

Por otro lado tenemos el tema de la documentación técnica que se realiza. Esta no se parece (por laxa) ni de broma a la que me enseñaron a hacer en la carrera, y desde luego no se parece a la de ninguna metodología que conozca. Además la documentación técnica no está orientada al cliente (que no tiene conocimientos de informática), sin embargo es el quien la valida y por ello se insiste siempre y únicamente en cambiar la documentación para que sea bonita, fácil de entender por el cliente (olvida términos técnicos exactos, A.K.A.: formal) y esté abierta a interpretaciones (para poder dar menos y escudarnos en el documento). Esto es, la documentación técnica se convierte no en una herramienta de desarrollo, sino en un elemento de justificación de cara al cliente.

Por último tenemos una manera de desarrollar orientada, no a la funcionalidad o a las necesidades reales del cliente. Tampoco intentamos darle algo rápido con lo que ayudarle a encontrar el camino (Extreme Programming, Scrum, prototipos…) todo ello buenas prácticas que funcionan, y desarrolladas para problemas similares). Lo que se intenta es tener pantallas con los colores correctos, el tipo de letra adecuada y que funcionen de una determinada manera (que normalmente implica olvidarse de la usabilidad), evitar el sentido común (propongo renombrarlo como “sentido raro”) e ignorar conscientemente (a veces sistemáticamente) las necesidades reales y evidentes del cliente y los usuarios.

En definitiva, un trabajo que debería hacerse sobre Power Point (diseños de navegación y distribución del interfaz de usuario) se hace directamente programando (y olvídate de usar soluciones estándar implementadas en el framework de desarrollo, tendrás que picarlo todo desde cero). ¿Por qué realizar un trabajo de diseño en la fase de programación y no en la de diseño? La respuesta es fácil: la fase de diseño ya se ha justificado de cara al cliente, volver a ella obligaría a volver a justificar la misma, así que es preferible darla por cerrada y continuar con la siguiente fase, y su justificación de cara al cliente, inventando a cada paso nuevas fases con sus respectivas justificaciones, en una huida hacia delante. Es de nuevo un trabajo que se ahorran tanto los niveles superiores (el project manager no tiene que reestimar casi nada, el analista no tiene que retocar los documentos) como quien tiene que realizar la justificación (que además obtiene un chivo expiatorio para retrasos, ajeno a uno mismo) consiguiendo así que la búsqueda de responsables por los retrasos recaiga sobre el siguiente eslabón del desarrollo del producto, o sea, del desarrollador, para abajo.


Quizá estoy siendo demasiado negativo, escéptico o malpensado, pero como decía al principio, esta perspectiva cuadra bastante bien después de leer ciertas cosas. En cualquier caso no lo considero un problema de personal, sino organizacional y por ello pienso que cualquier posible solución debería venir de un cambio general y fundamental en la organización.

lunes, septiembre 01, 2008

Libro: El Economista Camuflado


Libro: El economista camuflado. La economía de las pequeñas cosas.

Autor: Tim Harford.

Editorial: Temas de hoy.

Me regalaron este libro en navidades, pero hasta este mes no había dispuesto de tiempo para leerlo. Afortunadamente no he dejado pasar más tiempo y he disfrutado de un libro increíblemente bueno.

Normalmente se cataloga este libro en la misma línea que Freakonomics, pero este es sin duda diferente y muy superior. El autor nos deleita con una especie de clase acelerada de economía donde, al menos yo, he aprendido una buena cantidad de cosas acerca del mundo y la gente, y he confirmado opiniones que ya tenía al respecto. A través de las casi 300 páginas del libro, vamos aprendiendo a ver el mundo con otros ojos, y a encontrar sentido a patrones diversos que hasta ahora no tenían una explicación completa y satisfactoria: los precios de la carta de un restaurante, las marcas blancas, la pobreza de Camerún, los errores del comunismo (y capitalismo), las subastas de los bienes públicos, el desarrollo del tercer mundo… todo perfectamente analizado (dentro de los límites de un libro esta extensión) y explicado con muy buen estilo.

Este es uno de esos libros, como Cosmos de Carl Sagan, que me encantaría que se leyese en las escuelas, y aunque me hubiera encantado haber tenido una segunda parte de igual calidad para leer, me alegra haberlo terminado para poder recomendarlo y también para continuar con el que comentan que es de temática similar pero aun mejor: Las trampas del deseo.

Como muestra del libro de "El economista camuflado" dejo un par de fragmentos que me impactaron particularmente por dos razones: la primera, es que son conclusiones a la que llegué yo mismo hace tiempo, y en segundo lugar, por lo descorazonadoras que resultan:

“Evalúa la situación: dinero que era suministrado en función de las redes de conexiones sociales y no de las necesidades reales; un proyecto diseñado para alcanzar cierto prestigio en vez de para se utilizado; una ausencia de control y de responsabilidad; y un arquitecto nombrado con fines ostentosos y por alguien a quien le importaba muy poco la calidad del trabajo. El resultado no es muy sorprendente: un proyecto que nunca debió haberse construido se construyó; y se construyó mal.

La moraleja de esta historia parecería ser que las personas egoístas y ambiciosas que se encuentran en el poder son, a menudo, la causa del desaprovechamiento de los recursos en los países en desarrollo; pero, en realidad, la verdad es un poco más desoladora: las personas egoístas y ambiciosas ocupan las posiciones de poder, ya sean estas grandes o pequeñas, en todo el mundo. En muchos lugares están limitadas por la ley, la prensa y la oposición democrática. La tragedia de Camerún es que no existe nada que mantenga ese egoísmo bajo control.”

Y en segundo lugar:

“Dye había llegado a la conclusión de que para sus clientes iba a ser mejor vender las acciones cuando el mercado se encontraba a 4000 puntos y depositar ese dinero en una cuenta de ahorro. Con el tiempo, siete años después, se comprobó que estaba en lo cierto.

Tony Dye tenía razón, pero ¿fue sensato lo que hizo? Los cientos de administradores de fondos de quienes se comprobó que se habían equivocado desastrosamente conservaron su puesto de trabajo porque se equivocaron junto con el resto del rebaño. Tony Dye decidió seguir su propio camino. Al final fue reivindicado, pero no sin antes haber sido ridiculizado por la prensa, abandonado por sus clientes y obligado por su empresa a renunciar. Quienes administran fondos se enfrentan a incentivos desiguales: si deciden adoptar un punto de vista distinto al resto, ganarán algunos clientes si tienen éxito; pero perderán su puesto de trabajo si no lo tienen. Es mucho más seguro seguir al rebaño. […] A muchos […] cuyas decisiones afectan a enormes sumas de dinero, se les paga por seguir la tendencia, en lugar de por elegir las acciones correctas.”


viernes, enero 25, 2008

Un buen servicio al cliente.

Durante las pasadas fiestas de Navidad, compré para hacer un regalo, el juego Hotel de la compañia Hasbro.

Es un juego estilo Monopoly, de comprar y vender propiedades, cobrar a los jugadores que caigan en tus hoteles, etc...

Al abrirlo para jugar unas partidas nos dimos cuenta que faltaban algunas piezas, concretamente las piezas de plástico necesarias para montar algunos de los edificios de hoteles con los que se juega.

Localicé en Internet la página de la compañia del juego y llamé para ver que podían hacer.
En el departamento de Atención al Cliente fueron muy amables y sin hacerme demasiadas preguntas, ni pedirme tickets de compra ni cosas por el estilo, prometieron enviarme por correo lo que faltaba.

Y así fue, a los pocos días recibí en casa un paquete con todo lo que me faltaba del juego.

Así que este post es para informaros y recomendaros, aparte de los productos de Hasbro, que si teneis cualquier problema como el mio, llameis a su teléfono de atención al cliente, donde os atenderán perfecta y eficientemente.



Os dejo que me voy a echar una partidita ;-D