Buscar este blog

lunes, enero 03, 2011

Android: 2.1 Ecclair. Impresiones


Hace unos días  meses escribí la review de mi nuevo terminal Samsung Galaxy Spica (I5700 para los amigos), pero quería tomarme algo de tiempo para terminar de probar algo más el sistema operativo que lo gobierna, Android en su versión 2.1 codename Ecclair. Creo que ya es hora de comentar mis impresiones.

Debo reconocer que el Android de Google me ha sorprendido para bien (mucho) y para mal (está muy lejos de ser perfecto).
A mi, que me considero un usuario avanzado de tecnología y que he usado a lo largo de los años unos cuantos teléfonos, PDAs y algunas otras cosas bastante extrañas (Atari Portfolio, tablets pre-iPad, sistemas operativos de todos los colores y sabores), me ha costado más de lo que esperaba hacerme completamente con el terminal. Evidentemente las funciones “básicas” como llamar, poner música, fotos… son relativamente simples y vienen integradas, pero cuando quieres ir un poco más allá, empiezas a recorrer un camino más largo de lo deseable. Posiblemente el mayor problema viene de que el interfaz es muy flexible, y para saber qué puedes y qué no puedes hacer, tienes que probar todas las opciones: botones físicos, pulsación, doble pulsación, pulsación mantenida, arrastre… en resumen, demasiado trabajo solo para aprender cómo funciona lo que trae o cada aplicación adicional que instales.

Evidentemente, al ser un terminal de Google, la integración del teminal con los servicios de Google, va muy fina, principalmente el correo y los mapas, pero curiosamente no todo se integra integraba hasta hace poco de manera oficial. Por ejemplo, el lector de RSS más decente era una aplicación de terceros y la integración de Tareas que uso es una aplicación de terceros. Otra cosa llamativa, sobretodo viniendo yo de Palm, es el Calendario. El calendario de Android es simplemente inusable, y aun no he dado con una aplicación que permita usarlo decentemente, así que solo lo tengo para algunos recordatorios.
Por otro lado, las aplicaciones de terceros son variadas, muy variadas. Tanto como que algunas funcionan y otras no (a veces por bugs, otras por versión), pero no lo sabes hasta que las instalas (ligeramente molesto, pero indoloro). Facebook por ejemplo está muy logrado, pero los reproductores de video no se acercan ni en broma al TCPMP que reproducía prácticamente de todo y bastante bien en dispositivos en los que en principio nadie lo esperaría, y la aplicación para gestionar la conexión 3G, me obliga a reiniciar el terminal para recuperarlo. Afortunadamente parece que todo es muy robusto y el instalar y desinstalar cualquier cosa no provoca problemas de ningún tipo, quizá unos restos de carpetas en la tarjeta de memoria a lo sumo.

En cuanto a la gestión del sistema, llama mucho la atención que esté tan dispersa (ajustes, widgets, botones físicos…). Cosas como cambiar a modo de vuelo, ajustar el brillo o conectar a una red Wifi, se realizan desde lugares muy diferentes, sin una lógica clara que permita intuir donde encontrar la función deseada. Y de momento no he encontrado una manera de establecer y usar perfiles de sonido (reunión para silencio, volumen bajo para oficina, volumen alto para el coche…). Esto con Palm o Sony no pasaba, todo era fácil de encontrar y tenía sentido.

En general yo diría que se trata de un buen sistema, y desde luego está a la misma altura que el de Apple o muy, muy cerca (por delante o detrás según en que nos basemos). Sin embargo, aunque he ganado bastante funcionalidad y conectividad a multitud de servicios, queda claro que el sistema no está tan bien pensado como los de Palm. No parece que Android aspire a ser el mejor sistema operativo para dispositivos móviles, sino que su meta parece ser el convertirse en el nuevo Windows: poder hacer un poco de todo, pero nada bien, ser muy flexible y abierto hasta donde se desee.

Por último para aquellos recién desembarcados en este sistema operativo, recomendaré una página: El Androide Libre. Multitud de aplicaciones y buenos consejos, aunque en ocasiones tiende al fanátismo tipo fanboys de Apple.

NOTA: Este artículo estaba casi terminado en Agosto de 2010, pero las circunstancias me han impedido publicarlo hasta ahora.

martes, septiembre 21, 2010

El aprendizaje de los nombres de los colores y los niños


Ayer mismo leí un artículo en Scientifics American (vía Facebook: Why Johnny can’t name his colors) de Melody Dye sobre el aprendizaje de los nombres de los colores en niños de 2 a 6 años. Se trata de un estudio estadounidense, lo que quiere decir que no es directamente aplicable a otros países por varias razones, pero los resultados de la investigación me parecen tan curiosos que no puedo resistirme a comentarlos.

La investigación arrancaba tratando de encontrar una manera de acelerar el proceso de aprendizaje de los nombres de los colores por parte de los niños. Al parecer los niños son capaces de aprender rápidamente los nombres de las cosas (casa, perro…) pero tienen problemas durante bastantes años para nombrar correctamente los colores (rojo, verde…). En el artículo se comenta la complejidad inherente a su aprendizaje dado que el mundo está siempre lleno de colores, pero no de cosas (osos, camiones…), lo que podría explicar parte de la dificultad que separa el aprendizaje de los nombres de los colores del de los objetos. Además se comenta la amplia y subjetiva variedad de tonalidades, que hacen de su aprendizaje algo bastante cultural.

La parte interesante llega cuando se tiene en cuenta que en inglés, los adjetivos suelen ir delante del nombre (“the red ballon” es una construcción más habitual que “the ballon that is red”, particularmente en adultos). Esta peculiaridad del idioma tiene un efecto que pasaba desapercibido para investigaciones anteriores: no da un contexto que facilite la compresión y atención del niño. Al empezar diciendo “coge la roja X” el niño es incapaz de usar esa información para nada hasta que despeja X.
Dicho de otro modo: el color es en efecto una propiedad de los objetos, y por eso no da información por sí mismo (necesitamos conocer el objeto al que pertenece), por lo que no nos permite tener a priori una imagen mental de nada, y por ello el niño, no pudiendo visualizar la conversación (una peculiaridad de la atención en los seres humanos), ve mermada su capacidad de aprendizaje (no olvidemos que esto se suma a la propia complejidad mencionada del tema de los colores).

Tras realizar pruebas a dos grupos de niños, teniendo cuidado de usar adjetivo+nombre en uno y nombre+adjetivo en el otro, confirmaron que un método para reducir el tiempo de aprendizaje de los colores en los niños era, en efecto, así de simple: usar la construcción nombre+adjetivo, como en “la pelota roja”.


Curioso ¿no? Pero no es más que otro ejemplo de lo complejos y curiosos que son la psique, el mundo y las relaciones humanas, y de cómo pequeños cambios, detalles que nadie tiene en cuenta, pueden provocar grandes diferencias.

Por supuesto habrá quien defienda, (tras leer este artículo o interpretando mis palabras) el lenguaje políticamente correcto y los disparates ortográficos y gramaticales con fines políticos, pero yo creo (y es solo mi opinión) que si hay algo que debería quedar claro con este estudio en particular, es que el idioma debe adaptarse al ser humano y ser una herramienta que le permita comunicarse con sus semejantes manteniendo la atención en lo esencial. El idioma no debería ser algo obtuso, verboso, difícil de seguir y con objetivos morales de dudosa realidad.

Por último, y aquí ya entro en terrenos resbaladizos y seguro lleno de amantes del esperanto, no puedo dejar de preguntarme, si el idioma, tanto hablado como escrito y sus peculiaridades (grafía, curva de aprendizaje, declinaciones, géneros, etcétera) no tendrán un efecto relevante en los grados de analfabetismo, éxito, o problemas sociales de las diversas naciones o culturas. Y a raíz de esta idea me pregunto si teóricamente se podría diseñar un idioma “óptimo” desde 0, algo que maximizase de alguna manera las capacidades de los seres humanos o al menos de un grupo de ellos. Pero esto, como ya he dicho, es terreno resbaladizo y la pendiente lleva a la ciencia ficción.

domingo, agosto 29, 2010

Tecnología del siglo pasados VS. usuarios del siglo XXI

IMGP4922-1
En pleno siglo XXI, cuando los tecnócratas del ala más dura se dedican a discutir sobre el icono más adecuado para el botón de guardar, bajo el estandarte de la usabilidad, la ergonomía y el buen gusto, me estoy topando con algo que en nuestro afán tecnológico, solemos perder de vista: la testarudez del usuario.
Hace poco he tenido la ocasión de pasar una gran cantidad de tiempo en el hospital, en una planta alta, y por ello obligado a usar en bastantes ocasiones el ascensor, donde me he cruzado con una gran cantidad de personas diferentes y me he dado cuenta de que la gente va más en modo “consciencia automática” de lo que pensaba. Y digo consciencia automática como sinónimo de “sin usar una sola neurona en el proceso” tal y como lo harían un mono o periquito amaestrado.
Creo que lo mejor será comentar las diferentes decisiones que deduzco debe llevar a cabo cualquier persona que quiera ir de una de las 8 plantas a cualquier otra del hospital.
Lo primero que debe decidir un usuario es el medio: ascensor o escalera. Dado que están unas justo en frente de las otras, a escasos 2 metros de distancia, es imposible no ver una opción sin ver la otra al lado.
Lo segundo que debe decidir un usuario es si quiere subir o bajar. Si se eligen las escaleras la cosa está clarísima, te diriges a las que suben o a las que bajen. El caso del ascensor sin embargo es más sibilino, al menos para determinados usuarios.
El ascensor de cualquier planta intermedia tiene dos botones, uno con flecha arriba y otro con flecha abajo. Yo quizá por mi profesión, entiendo la analogía: arriba para ir arriba, abajo para ir abajo. Sin embargo la gente corriente parece no captar el significado de los símbolos y he llegado a escuchar las siguientes dos pseudo-teorías expuestas a menudo durante la espera o el trayecto entre sesudos interlocutores: “pulsa abajo si la planta en la que estás está por debajo de la que quieres ir” o “pulsa ambos para que vaya más rápido”.
Si el usuario ha optado por las escaleras, aparte de decidir si sube o baja, no tiene que hacer nada más, pero quien ha tomado el ascensor, ha de tomar un número adicional de decisiones tales como:
  1. Qué ascensor elegir, el de la derecha o el de la izquierda.
  2. Qué hacer si el ascensor parece lleno.
  3. Qué piso pulsar.
  4. Qué hacer si el piso al que vamos ya está pulsado.
  5. Qué hacer si se abren las puertas.
Todas estas decisiones requieren de un pequeño análisis de la situación y una idea de cómo funciona un ascensor (a.k.a: modelo mental), que sin embargo falla en multitud de ocasiones, algunas de las cuales pueden resultar “normales”, como cuando se abren las puertas y no estás seguro de qué piso es porque vas distraído, pero otras son más curiosas y extravagantes. Por ejemplo:
Algunas personas, tras haber pulsado “bajar” cuando querían subir (pseudo teoría nº 1), pulsan “subir” por impaciencia (pseudo teoría nº 2, véase como fusionan o alternan diferentes modelos mentales por mero capricho).
Algunas personas eligen esperar un ascensor durante 5 minutos antes de decidirse a subir (¡o bajar!) un tramo de escaleras realmente corto, de una sola planta.
Muchos individuos pulsan de manera compulsiva el botón de la planta a la que desean ir, cuando este ya ha sido pulsado y mostrando la típica luz de selección. Algunos incluso lo pulsan cuando otro viajero acaba de pulsarlo ante sus narices.
Los peores son los que entran sin dar a ninguna planta, inconscientes del hecho de que deben pulsar la planta de destino y que podríamos confundir con una distracción, pero que ante una pulsación de otro viajero (casualmente a la misma planta a la que desean ir) se ponen nerviosos y repiten la pulsación dos o tres veces como pensando “por si acaso” o tratando de compensar su error.
Supongo que este comportamiento errático, confuso y absurdo, que satura e inutiliza los ascensores, particularmente cuando el número de usuarios crece, es lo que se consigue cuando pones a un puñado de primates evolucionados de la sabana africana, en un sistema pequeño, conocido, previsible, seguro y simple. Y es algo que quizá arroja algo de luz sobre lo que sucede cuando se sitúa a 6 mil millones de esos primates en un sistema mundial y masivo, complejo, indefinido, imprevisible, cambiante e inseguro como la economía, ya sea capitalista, comunista o cualquier otra combinación como socialista, liberal, etc., ...
Por cierto, sobre este tema del comportamiento humano y la toma de decisiones hay una interesante charla TED de Dan Ariely en 2008 (o el libro) sobre la toma de decisiones y un libro de Gerd Gigerenzer que podrían interesar al lector.

Artículo relacionado. Javier Pérez y las amables gentes de Madrid.

martes, agosto 24, 2010

Tantas cosas por escribir: Una de vídeos

Tengo montones de ideas y artículos a medio escribir o esbozados, pero no el ánimo y el tiempo para completarlos y ponerlos por escrito, así que este post va a ser sencillo, varios vídeos y direcciones interesantes para ampliar conocimientos sobre temas que al menos a mi me parecen relevantes. Lo malo, es que son todos en la lengua de Shakespeare, que aunque no debería ser un problema en pleno siglo XXI en un país de la Unión Europea, es como mínimo incómodo para muchos. En fin aquí va el popurrí:

Chip Conely, en una charla de TED, sobre lo que realmente importa en la vida: ser felices. Aunque personalmente el tipo me parece un vendemotos que mezcla hábilmente filosofías orientales y anécdotas, da que pensar, incluso a pesar de que odio el abuso de frases célebres que en mi opinión hace. El vídeo, contiene subtítulos en la web, para los perezosos, pero se entiende perfectamente si sueles ver series americanas en V.O.




El siguiente vídeo titulado The secret powers of time, de RSA Projects, trata sobre la diferente percepción y actitud de las personas desde el punto de vista del tiempo. Divide a las personas en 3 grupos, las orientadas al presente, al pasado y al futuro, y describe ciertas ventajas y desventajas en cada una de esas actitudes. Este vídeo no tiene subtítulos en español, pero se trata de una transcripción en forma de cómic de una charla de Philip Zimbardo, una persona realmente interesante incluso sin contar con que es el responsable del Experimento de Stanford, en un formato gráfico sorprendentemente efectivo. RSA tiene más transcripciones de este tipo en su web.





Lo siguiente a comentar es que el trabajo tan asombroso de síntesis, dibujo y comunicación de los vídeos de RSA, lo realiza una empresa llamada Cognitive Media, de Reino Unido. En su web puede verse como es el proceso y recibir un par de lecciones gratis sobre comunicación, tan solo navegando por su sitio.

Y por último otro vídeo, probablemente ofensivo para los creyentes, particularmente por el uso de la palabra "bullshit", es un monólogo tipo club de la comedia (en inglés sin subtítulos pero fácil de entender) de un tal George Carlin todo un personaje, donde pone en evidencia, de un modo muy gracioso (al menos para un ateo) montones de incongruencias de la religión organizada cristiana (católica, protestante...) aunque también puede aplicarse a cualquier religión organizada monoteísta. Al parecer hay más monólogos de este hombre por ahí fácilmente localizables en Google.




martes, agosto 10, 2010

Libro: Híbridos.



Título: El paralaje neanderthal 3. Híbridos.
Autor: Robert J. Sawyer
Editorial: Ediciones B

Esta es la tercera y última parte de la trilogía sobre la distopía neanderthal de Sawyer y desgraciadamente el la peor de todas las partes.

En esta ocasión, la historia gira específicamente sobre las relaciones interpersonales de humanos y neanderthales. Agotada ya la veta de la tecnología, la historia y el choque cultural incial, la historia se vuelve de todo menos ciencia ficción. Da la impresión de que Sawyer aprovechó el tirón de las dos entregas anteriores y le pasó el encargo de esta parte a un negro (negro literario, me refiero) que casualmente era bisexual, feminista y con tendencia al comunismo. Nada malo de por si, pero que dada la ausencia de ciencia o ciencia ficción, acaba derivando en una novela romántica muy poco pasable y muy rara.

En realidad no hay mucho que decir de este libro salvo que desaprovecha una idea (aniquilar a la población masculina del planeta) que habría dado mucho juego y la posibilidad de continuar la saga, y se dedica a hablar de sexo entre especies y a presentarnos villanos de opereta que no se puede creer ni dios.

Posiblemente la peor parte es el final, que es de cuento de hadas y con litros de pasteleo de baja calidad.
En resumen, si eres fanboy de Sawyer, te han gustado las dos primeras partes de la trilogía, no eres homófobo, no te molesta el feminismo barato, y puedes tragarte una peli romántica sin pestañear, quizá este libro te guste.

Libro: Humanos.

Título: El paralaje neanderthal 2. Humanos
Autor: Robert J. Sawyer
Editorial: Ediciones B

Esta es la segunda parte de la trilogía neanderthal, de nuevo un libro de Sawyer. Si el tipo escribe libros decentes, ¿por qué cambiar?

En esta ocasión el portal entre nuestro mundo y la distopía neanderthal es reabierto con el propósito de establecer relaciones formales y a gran escala entre las dos civilizaciones. Sawyer consigue una buena segunda parte, donde ahonda aun más en los aspectos de la civilización humana, su historia, sus miserias y grandezas. Y por supuesto muestra algo más del mundo neanderthal, sus ritos y costumbres.

No contaré mucho más para no reventarle a nadie el libro, pero me gusta especialmente la exposición que se hace en una parte del libro sobre las ventajas e inconvenientes de una civilización basada en la caza y la recolección (la del homo neanderthalensis o “barast” en el libro), en lugar de una sociedad agrícola y ganadera como la nuestra (homo sapiens sapiens). Básicamente en el libro se sostiene la idea de que quizá podríamos haber sido mucho más felices o quizá “buenos” si no nos hubiésemos dedicado a desarrollar la agricultura, reproducirnos como conejos y exterminar especies enteras de aves, mamíferos y demás fauna.

En resumen, se trata de una lectura obligada si te gustó la primera parte ya que es la ampliación del mismo tema, una vuelta de tuerca sobre el encuentro entre homínidos y humanos. Y por cierto, que al tratarse de una trilogía, deberían leerse los libros en el orden correcto.

Libro: Homínidos

Título: El paralaje neanderthal. Hominidos
Autor: Robert J. Sawyer
Editorial: Ediciones B

De nuevo, un libro de ciencia ficción de Sawyer, autor al que he pillado el gusto. Hace años estuve a punto de leerlo, pero en aquel momento mis inquietudes intelectuales iban más encaminadas a la astronomía y el terror que a la antropología o la paleontología y supongo que terminé seleccionando algo de Clarke o Lovecraft.

En este libro Sawyer nos plantea, mediante una socorrida teoría cuántica quetodoloexplica, un universo alternativo donde el Neanderthal y no el Cromañón, sobrevivió y prosperó hasta nuestros días. Esta realidad alternativa conecta con la nuestra accidentalmente y nos planta a un físico Neanderthal en Toronto, Canadá.

La trama urdida permite al autor ahondar en la sociedad humana, sus raíces, sus incoherencias y todo lo que podríamos hacer mejor, y presenta una civilización alternativa, una distopía de 40.000 años.

Dado que se trata de un libro de cierta edad, obviaré la posibilidad de spoilear y pasaré a comentar que el libro contiene ideas muy curiosas sobre sistemas socialistas y totalitarios que podrían funcionar, aunque también apunta a que seguramente no funcionarían dadas las características inherentes al ser humano. En conjunto se trata de una historia típica, con romance y todo, pero que nos permite observar la sociedad humana desde una óptica bastante más objetiva, más alienígena, de lo que estamos acostumbrados en la ciencia ficción.

Otro detalle del libro, es que como suele hacer Sawyer, explica montones de conceptos de genética, historia, antropología, etcétera, de manera amena, así que puede ser útil para quien quiera darse una ducha (no diré baño dado lo superficial del relato) de conocimientos sobre estas áreas.

En resumen, este libro puede interesar a quienes disfruten con los libros de Sawyer, las distopías, las teorías políticas y de la naturaleza humana y quizá hasta los que disfruten con novelas románticas ligeras.