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domingo, enero 30, 2011

El timo del cacheo y la obediencia a la autoridad

En las últimas semanas he empezado a leer "El efecto lucifer", uno de los libros que tenía en la lista de "para leer" desde hace casi un año. Se trata de un libro de Philip Zimbardo que resume su experiencia en el campo de la psicología del mal y la psicología situacional que lo provoca. Hace un repaso de su célebre Experimento de la Cárcel de Stanford, de la prisión de Abu Ghraib y otros casos reales y experimentales más o menos conocidos (Asch, Milgram, Tercera Ola, nazis, genocidio de Ruanda...)

Aunque aun no he terminado de leerlo, puedo asegurar que es uno de esos libros que te cambian el esquema mental del mundo, pero el motivo de esta entrada no es comentarlo, sino mencionar un engaño basado en la predisposición de las personas a obedecer a la autoridad. Es un timo que llama la atención por el número de veces que ha sucedido y por las opiniones de los investigadores. He escaneado el texto con Onlineocr (funciona muy bien tanto con fotos como con escaneos), para que cada cual juzge donde más ha visto ese tipo de comportamiento o dinámica (trabajo, asociaciones, partidos políticos...) y si debería preocuparse por ello o estar alerta.


El llamado «timo o engaño del cacheo» se ha perpetrado en varias cadenas de restaurantes de comida rápida de todos los Estados Unidos. Este fenómeno demuestra el poder de la obediencia a una autoridad anónima pero que parece ser importante. El modus operandi es que el encargado o la encargada del establecimiento recibe una llamada telefónica de un hombre que se identifica como agente de policía y que dice llamarse, por ejemplo, Scott. Necesita urgentemente su ayuda en un caso de robo por parte de un empleado o una empleada de su establecimiento. Durante la conversación insiste en que se le dé el tratamiento de «señor». Antes ya ha reunido información pertinente sobre los procedimientos y los detalles del establecimiento. También sabe cómo obtener la información que desea mediante preguntas guiadas con habilidad, como hacen los buenos magos y los «mentalistas» profesionales. Es un buen timador.
Al final, el agente Scott obtiente de la encargada el nombre de una nueva empleada joven y atractiva y le dice que ha estado robando del establecimiento y que cree que en este mismo momento ya lleva algo encima. Quiere que se la aísle en la trastienda y se la retenga allí hasta que él o sus hombres puedan venir a buscarla. La empleada es retenida allí y el «señor agente», que habla con ella por teléfono, le da la opción de que se desnude y la registre allí mismo una compañera de trabajo o de que espere a que la lleven a comisaría para que la desnuden y la registren allí. Invariablemente, la chica dice que la registren en ese mismo momento porque sabe que es inocente y que no tiene nada que ocultar. El presunto policía habla luego con la encargada y le dice que la haga desnudarse y que la registre a fondo, incluso en el ano y en la vagina, en busca de drogas o de dinero robado. Mientras, el «policía» insiste en que le explique con el máximo detalle todo lo que ocurre y, en la mayoría de los casos, las cámaras de videovigilancia van grabando estos sorprendentes acontecimientos mientras se van desarrollando. Pero esto es sólo el principio de una pesadilla para la joven e inocente empleada y de un bario de excitación sexual y de poder para el llamante-voyeur. 
En un caso en el que declaré como perito y en el que la afectada era una asustada estudiante de instituto de dieciocho años de edad, a esta situación básica se le habían añadido una serie de actividades cada vez más bochornosas y sexualmente degradantes. Siguiendo las instrucciones del que llamaba, la chica tuvo que ponerse a saltar y bailar desnuda por la sala. , Luego, el que llamaba dijo a la encargada que fuera a buscar a un empleado varón de más edad que vigilara a la víctima para que ella pudiera volver a desempeñar su tarea en el restaurante. La situación degeneró hasta el punto de que el que llamaba insistió en que la chica se masturbara y le I hiciera una felacíón al compañero que supuestamente debía retenerla en la trastienda mientras la policía se encaminaba hacia el restaurante. Estas actividades sexuales siguieron más de dos horas mientras esperaban a que llegara la policía, algo que, naturalmente, no llegó a suceder. 
La singular influencia de esta «autoridad ausente» tienta a muchas personas que se ven en esa situación hasta el punto de que llegan a vulnerar la política de la empresa y, probablemente, también sus principios éticos y morales humillando y abusando sexualmente de una empleada joven, honrada y, con frecuencia, religiosa practicante. Al final, el personal acaba siendo despedido, algunos son denunciados, se presenta una demanda a la empresa, las víctimas quedan gravemente afectadas y los autores de estas patrañas —en un caso un ex oficial de prisiones— acaban siendo atrapados y encarcelados. 
Una reacción razonable cuando se tiene conocimiento de este engaño es centrarse en la disposición de los encargados y de las víctimas y calificarlos de personas ingenuas, ignorantes, crédulas, raras. Pero cuando nos enteramos de que esta patraña se ha llevado a cabo con éxito en sesenta y ocho establecimientos similares de comida rápida de media docena de cadenas diferentes y en treinta y dos estados distintos, y que han caído en el engaño muchos encargados de restaurantes de todo el país con víctimas tanto de sexo masculino como femenino, nuestro análisis no puede 'basarse simplemente en culpar a las víctimas, y debemos reconocer el poder de las fuerzas situacionales que intervienen en este engaño. Así pues, o debemos infravalorar el poder de «la autoridad» para generar obediencia de una clase y en una medida que a veces es difícil de entender. 
Donna Summers, que fue despedida de su puesto de encargada de un McDonald's de Mount Washington, Kentucky, por haber caído en este engaño, expresa con claridad uno de los principales temas de El efecto Lucifer sobre el poder situacional. «Lo ves desde fuera y te dices: "Yo nunca lo habría hecho". Pero si no has estado en esa situación y en ese preciso momento, no tienes ni idea de lo que harías. Ni idea.» 
En su libro Making Fast Food: From the Frying Pan into the Fryer, la socióloga canadiense Ester Reiter llega a la conclusión de que la obediencia a la autoridad es el rasgo más valorado para trabajar en los establecimientos de comida rápida. «El proceso de línea de montaje intenta, de una manera muy deliberada privar a los trabajadores de todo pensamiento o criterio. Son apéndices de la máquina», dijo en una entrevista reciente. Dan Jablonski, un agente especial del FBI retirado que investigó estos engaños como detective privado, dijo: «Usted y yo podemos estar aquí sentados juzgando a esa gente y decir que eran unos imbéciles de tomo y lomo. Pero no se les ha enseñado a usar el sentido común. Se les ha enseñado a decir y a pensar: "¿En qué puedo servirle?"»

Nota: Esta entrada la publiqué originalmente en mi bitácora de Barrapunto.

martes, enero 04, 2011

Interrupciones y ruido en el desarrollo de software



Al hilo del resumen que encontré sobre Peopleware, y dándole vueltas a como mejorar mi flujo mental, me he puesto a pensar en que a lo largo de mi carrera, he tenido la interesante desgracia de encontrarme trabajando en diversos entornos ruidosos y con una gran cantidad de interrupciones. De todos ellos, creo que ha habido tres que han sido especialmente representativos en cuanto a lo que suponen para el desarrollo de software, tanto el ruido como las interrupciones.
De estos tres casos, una vez enfriados a base de tiempo para un análisis mínimamente objetivo, puedo decir que tenían, en mi opinión, las siguientes características:
  1. El primer caso lo experimenté trabajando en un entorno con más ruido de conversaciones y teléfonos del deseable, pero relativamente amortiguado con algunos metros de distancia. Muy pocas interrupciones, y muy informales.
  2. En segundo caso, el entorno era muy ruidoso, con montones de conversaciones al lado, y varias decenas de interrupciones diarias tanto in situ como de correo. Un caso bastante extremo, la verdad.
  3. En el tercer caso, el entorno no era más ruidoso que cualquier otro en el que haya estado, pero había muchísimas interrupciones in situ. Telefónicas y de correo sin embargo, había muy rara vez.
En todas las ocasiones, tuve que realizar trabajo de análisis, diseño e implementación de las aplicaciones que tocaban en cada momento y en todos los casos hice un análisis de mi estancia, inmediatamente tras cambiar de empleo, como de costumbre, para tratar de aprender de errores propios y ajenos (una pseudo tarea de cierre y evaluación del proyecto que casi nadie lleva a cabo por lo que veo). Así que este artículo se centra exclusivamente en la relación entre ruido, interrupciones y desarrollo de aplicaciones.
Y una vez comentado el contexto creo que puedo pasar a exponer las siguientes opiniones que me he formado a base de estas y otras experiencias:
  1. El trabajo de análisis y diseño admite mejor el ruido que la implementación. En mi caso puedo, por ejemplo, realizar documentación o establecer la arquitectura de una solución, con un nivel medio de ruido. Sin embargo para programar necesito muy poco ruido y/o cascos (como manera de aislarme), o la tarea se ve muy mermada en eficacia.
  1. El análisis y diseño admiten interrupciones en ventanas de tiempo [x] relativamente pequeñas, quizá de media hora. Estas interrupciones merman estas tareas, pero no hasta un punto excesivo que eche por tierra horas de trabajo. En cambio la programación (la que se haga bien, no parchear algún desastre) muchas veces requiere de un par de horas como poco sin prestar atención a nada más o puedes irte directamente al bar y la productividad habrá sido similar pero con algo más de alegría.
Supongo que otras personas habrán tenido experiencias similares o diferentes, pero estas son las que tengo de primera mano, así que tengo pocas razones para discutirlas. Por otro lado, el por qué el ruido y las interrupciones afectan de determinada manera a mi trabajo, merecen al menos un intento de explicación. Y aquí es donde van mis dos céntimos.

Creo que la razón de esta diferencia entre las necesidades de concentración de una y otra tarea, se debe a que las tareas de análisis y diseño, son tareas de alto nivel, abstracciones (por definición incompletas), a menudo incorrectas y/o, ambiguas (un poco al hilo de las leaky abstractions de Joel Spolsky), tareas además más “naturales” en el sentido de que no requieren de un marcado ciclo de trabajo tan formal (ojo, no digo que no sea formal pero hay un trecho) y dependiente de la tecnología (IDE/compilador, base de datos, flujos de trabajo con sistemas de control de versiones…) como la implementación en código y bases de datos. Por tanto las tareas de diseño y análisis son más flexibles para con los ciclos de abandono y retomado propio de las interrupciones. Yo diría (en un sentido positivo aunque no lo parezca) que el análisis y el diseño de los sistemas informáticos, especialmente en cuanto a software, son tareas incompletas y erróneas por definición, y como otros trabajos de diseño, se sustentan muy bien sobre el papel.
Sin embargo, en la implementación, cuando el programador recoge las especificaciones y diseños del analista (uno mismo en caso de que el analista y el programador sean la misma persona), y se pone a codificar, se acaba encontrando con todas las omisiones, ambigüedades y errores que han pasado por el tamiz de los diferentes roles y hasta sus manos: desde el cliente, pasando por la toma de requisitos, análisis funcional y orgánico y cualquier otra fase que queramos meter en medio. Y es entonces cuando todo ese trabajo que no se ha realizado antes, todo lo que se ha olvidado, omitido conscientemente, tergiversado… cualquier decisión que no se ha tomado, se atasca en la implementación, que necesita convertir toda la documentación, en un producto funcional y mantenible en el tiempo, y debe hacerse sin errores, porque la implementación no perdona, y si no “cae” en el compilador, lo hará en tiempo de ejcución en el entorno de preproducción, o peor aún, en producción.

Parafraseando a Richard Feynman: "Para lograr un éxito tecnológico, la realidad debe estar por encima de las relaciones públicas, de los diseños, análisis y requisitos tomados, porque la problemática que resuelve el sistema, los usuarios que lo van a usar, el compilador, la base de datos y el entorno de producción no pueden ser engañados.".


La necesidad de hacer algo sólido, sin errores, ni omisiones, desde lo que es la documentación incompleta (como decíamos, por definición), obliga al desarrollador a mantener un modelo mental del sistema muy detallado, mucho más que en las etapas anteriores, y esto cuesta mucho más “cerebro” (atención, modelos mentales detallados, datos, simulaciones, peculiaridades del entorno…) que en el caso del análisis (que puede abstraerse del entorno como poco). Supongo que por eso cualquier cosa que robe “cerebro” o lo ralentice, como las interrupciones o el ruido, son tan perjudiciales en esta etapa de implementación. Y quizá por eso también los técnicos tienden (tendemos) a dejar de ver el bosque en muchas ocasiones, de tanto árbol que tiene, con las consiguientes quejas (con razón o sin ella) de usuarios y comerciales.

Y ojo, esto no es una crítica al indispensable trabajo de análisis y diseño (que me parece crítico para poder llevar a cabo el proyecto con éxito), ya que en mi caso hablo de mi propia experiencia en los diversos roles, sino una reflexión sobre la posible necesidad de mantener a los programadores en entornos más tranquilos y relajados que los de los analistas. Es una invitación a incentivar el uso de cascos (quizá proporcionándoles unos con reducción activa de ruido), quizá ropa cómoda, pero sobretodo a dejarlos en paz durante periodos largos del día, aislándolos de interrupciones y distracciones indeseadas. Y también es una invitación a establecer relaciones estrechas y de confianza (laboralmente al menos), entre los miembros de análisis y desarrollo, ya que su productividad como equipo debería mejorar con un lenguaje común, conocimiento de los talentos y limitaciones de cada uno, buenas costumbres y manías. Al fin y al cabo no son dos recursos intercambiables como les gusta pensar a demasiados responsables de proyectos y departamentos de RRHH, sino dos tipos de diseñadores creativos (o deberían serlo) que van a realizar una obra común de carácter muy técnico. Son dos creadores (ahora que está de moda la palabra con la Ley Sinde) que van a colaborar (en el sentido de Pixar), y es por ello que más vale que se entiendan bien y sepan donde ceder ambos el lápiz y el papel o la decisión para obtener algo coherente, porque de no ser así, el resultado puede ser catastrófico.

Vídeo relacionado: Jason Fried 2010 en TED o Youtube.

Foto de Wiki Commons.

NOTA: Este artículo empecé a escribirlo hace 10 meses, pero diversas circunstancias lo han mantenido en un cajón durante largo tiempo.

lunes, enero 03, 2011

Android: 2.1 Ecclair. Impresiones


Hace unos días  meses escribí la review de mi nuevo terminal Samsung Galaxy Spica (I5700 para los amigos), pero quería tomarme algo de tiempo para terminar de probar algo más el sistema operativo que lo gobierna, Android en su versión 2.1 codename Ecclair. Creo que ya es hora de comentar mis impresiones.

Debo reconocer que el Android de Google me ha sorprendido para bien (mucho) y para mal (está muy lejos de ser perfecto).
A mi, que me considero un usuario avanzado de tecnología y que he usado a lo largo de los años unos cuantos teléfonos, PDAs y algunas otras cosas bastante extrañas (Atari Portfolio, tablets pre-iPad, sistemas operativos de todos los colores y sabores), me ha costado más de lo que esperaba hacerme completamente con el terminal. Evidentemente las funciones “básicas” como llamar, poner música, fotos… son relativamente simples y vienen integradas, pero cuando quieres ir un poco más allá, empiezas a recorrer un camino más largo de lo deseable. Posiblemente el mayor problema viene de que el interfaz es muy flexible, y para saber qué puedes y qué no puedes hacer, tienes que probar todas las opciones: botones físicos, pulsación, doble pulsación, pulsación mantenida, arrastre… en resumen, demasiado trabajo solo para aprender cómo funciona lo que trae o cada aplicación adicional que instales.

Evidentemente, al ser un terminal de Google, la integración del teminal con los servicios de Google, va muy fina, principalmente el correo y los mapas, pero curiosamente no todo se integra integraba hasta hace poco de manera oficial. Por ejemplo, el lector de RSS más decente era una aplicación de terceros y la integración de Tareas que uso es una aplicación de terceros. Otra cosa llamativa, sobretodo viniendo yo de Palm, es el Calendario. El calendario de Android es simplemente inusable, y aun no he dado con una aplicación que permita usarlo decentemente, así que solo lo tengo para algunos recordatorios.
Por otro lado, las aplicaciones de terceros son variadas, muy variadas. Tanto como que algunas funcionan y otras no (a veces por bugs, otras por versión), pero no lo sabes hasta que las instalas (ligeramente molesto, pero indoloro). Facebook por ejemplo está muy logrado, pero los reproductores de video no se acercan ni en broma al TCPMP que reproducía prácticamente de todo y bastante bien en dispositivos en los que en principio nadie lo esperaría, y la aplicación para gestionar la conexión 3G, me obliga a reiniciar el terminal para recuperarlo. Afortunadamente parece que todo es muy robusto y el instalar y desinstalar cualquier cosa no provoca problemas de ningún tipo, quizá unos restos de carpetas en la tarjeta de memoria a lo sumo.

En cuanto a la gestión del sistema, llama mucho la atención que esté tan dispersa (ajustes, widgets, botones físicos…). Cosas como cambiar a modo de vuelo, ajustar el brillo o conectar a una red Wifi, se realizan desde lugares muy diferentes, sin una lógica clara que permita intuir donde encontrar la función deseada. Y de momento no he encontrado una manera de establecer y usar perfiles de sonido (reunión para silencio, volumen bajo para oficina, volumen alto para el coche…). Esto con Palm o Sony no pasaba, todo era fácil de encontrar y tenía sentido.

En general yo diría que se trata de un buen sistema, y desde luego está a la misma altura que el de Apple o muy, muy cerca (por delante o detrás según en que nos basemos). Sin embargo, aunque he ganado bastante funcionalidad y conectividad a multitud de servicios, queda claro que el sistema no está tan bien pensado como los de Palm. No parece que Android aspire a ser el mejor sistema operativo para dispositivos móviles, sino que su meta parece ser el convertirse en el nuevo Windows: poder hacer un poco de todo, pero nada bien, ser muy flexible y abierto hasta donde se desee.

Por último para aquellos recién desembarcados en este sistema operativo, recomendaré una página: El Androide Libre. Multitud de aplicaciones y buenos consejos, aunque en ocasiones tiende al fanátismo tipo fanboys de Apple.

NOTA: Este artículo estaba casi terminado en Agosto de 2010, pero las circunstancias me han impedido publicarlo hasta ahora.

martes, septiembre 21, 2010

El aprendizaje de los nombres de los colores y los niños


Ayer mismo leí un artículo en Scientifics American (vía Facebook: Why Johnny can’t name his colors) de Melody Dye sobre el aprendizaje de los nombres de los colores en niños de 2 a 6 años. Se trata de un estudio estadounidense, lo que quiere decir que no es directamente aplicable a otros países por varias razones, pero los resultados de la investigación me parecen tan curiosos que no puedo resistirme a comentarlos.

La investigación arrancaba tratando de encontrar una manera de acelerar el proceso de aprendizaje de los nombres de los colores por parte de los niños. Al parecer los niños son capaces de aprender rápidamente los nombres de las cosas (casa, perro…) pero tienen problemas durante bastantes años para nombrar correctamente los colores (rojo, verde…). En el artículo se comenta la complejidad inherente a su aprendizaje dado que el mundo está siempre lleno de colores, pero no de cosas (osos, camiones…), lo que podría explicar parte de la dificultad que separa el aprendizaje de los nombres de los colores del de los objetos. Además se comenta la amplia y subjetiva variedad de tonalidades, que hacen de su aprendizaje algo bastante cultural.

La parte interesante llega cuando se tiene en cuenta que en inglés, los adjetivos suelen ir delante del nombre (“the red ballon” es una construcción más habitual que “the ballon that is red”, particularmente en adultos). Esta peculiaridad del idioma tiene un efecto que pasaba desapercibido para investigaciones anteriores: no da un contexto que facilite la compresión y atención del niño. Al empezar diciendo “coge la roja X” el niño es incapaz de usar esa información para nada hasta que despeja X.
Dicho de otro modo: el color es en efecto una propiedad de los objetos, y por eso no da información por sí mismo (necesitamos conocer el objeto al que pertenece), por lo que no nos permite tener a priori una imagen mental de nada, y por ello el niño, no pudiendo visualizar la conversación (una peculiaridad de la atención en los seres humanos), ve mermada su capacidad de aprendizaje (no olvidemos que esto se suma a la propia complejidad mencionada del tema de los colores).

Tras realizar pruebas a dos grupos de niños, teniendo cuidado de usar adjetivo+nombre en uno y nombre+adjetivo en el otro, confirmaron que un método para reducir el tiempo de aprendizaje de los colores en los niños era, en efecto, así de simple: usar la construcción nombre+adjetivo, como en “la pelota roja”.


Curioso ¿no? Pero no es más que otro ejemplo de lo complejos y curiosos que son la psique, el mundo y las relaciones humanas, y de cómo pequeños cambios, detalles que nadie tiene en cuenta, pueden provocar grandes diferencias.

Por supuesto habrá quien defienda, (tras leer este artículo o interpretando mis palabras) el lenguaje políticamente correcto y los disparates ortográficos y gramaticales con fines políticos, pero yo creo (y es solo mi opinión) que si hay algo que debería quedar claro con este estudio en particular, es que el idioma debe adaptarse al ser humano y ser una herramienta que le permita comunicarse con sus semejantes manteniendo la atención en lo esencial. El idioma no debería ser algo obtuso, verboso, difícil de seguir y con objetivos morales de dudosa realidad.

Por último, y aquí ya entro en terrenos resbaladizos y seguro lleno de amantes del esperanto, no puedo dejar de preguntarme, si el idioma, tanto hablado como escrito y sus peculiaridades (grafía, curva de aprendizaje, declinaciones, géneros, etcétera) no tendrán un efecto relevante en los grados de analfabetismo, éxito, o problemas sociales de las diversas naciones o culturas. Y a raíz de esta idea me pregunto si teóricamente se podría diseñar un idioma “óptimo” desde 0, algo que maximizase de alguna manera las capacidades de los seres humanos o al menos de un grupo de ellos. Pero esto, como ya he dicho, es terreno resbaladizo y la pendiente lleva a la ciencia ficción.

domingo, agosto 29, 2010

Tecnología del siglo pasados VS. usuarios del siglo XXI

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En pleno siglo XXI, cuando los tecnócratas del ala más dura se dedican a discutir sobre el icono más adecuado para el botón de guardar, bajo el estandarte de la usabilidad, la ergonomía y el buen gusto, me estoy topando con algo que en nuestro afán tecnológico, solemos perder de vista: la testarudez del usuario.
Hace poco he tenido la ocasión de pasar una gran cantidad de tiempo en el hospital, en una planta alta, y por ello obligado a usar en bastantes ocasiones el ascensor, donde me he cruzado con una gran cantidad de personas diferentes y me he dado cuenta de que la gente va más en modo “consciencia automática” de lo que pensaba. Y digo consciencia automática como sinónimo de “sin usar una sola neurona en el proceso” tal y como lo harían un mono o periquito amaestrado.
Creo que lo mejor será comentar las diferentes decisiones que deduzco debe llevar a cabo cualquier persona que quiera ir de una de las 8 plantas a cualquier otra del hospital.
Lo primero que debe decidir un usuario es el medio: ascensor o escalera. Dado que están unas justo en frente de las otras, a escasos 2 metros de distancia, es imposible no ver una opción sin ver la otra al lado.
Lo segundo que debe decidir un usuario es si quiere subir o bajar. Si se eligen las escaleras la cosa está clarísima, te diriges a las que suben o a las que bajen. El caso del ascensor sin embargo es más sibilino, al menos para determinados usuarios.
El ascensor de cualquier planta intermedia tiene dos botones, uno con flecha arriba y otro con flecha abajo. Yo quizá por mi profesión, entiendo la analogía: arriba para ir arriba, abajo para ir abajo. Sin embargo la gente corriente parece no captar el significado de los símbolos y he llegado a escuchar las siguientes dos pseudo-teorías expuestas a menudo durante la espera o el trayecto entre sesudos interlocutores: “pulsa abajo si la planta en la que estás está por debajo de la que quieres ir” o “pulsa ambos para que vaya más rápido”.
Si el usuario ha optado por las escaleras, aparte de decidir si sube o baja, no tiene que hacer nada más, pero quien ha tomado el ascensor, ha de tomar un número adicional de decisiones tales como:
  1. Qué ascensor elegir, el de la derecha o el de la izquierda.
  2. Qué hacer si el ascensor parece lleno.
  3. Qué piso pulsar.
  4. Qué hacer si el piso al que vamos ya está pulsado.
  5. Qué hacer si se abren las puertas.
Todas estas decisiones requieren de un pequeño análisis de la situación y una idea de cómo funciona un ascensor (a.k.a: modelo mental), que sin embargo falla en multitud de ocasiones, algunas de las cuales pueden resultar “normales”, como cuando se abren las puertas y no estás seguro de qué piso es porque vas distraído, pero otras son más curiosas y extravagantes. Por ejemplo:
Algunas personas, tras haber pulsado “bajar” cuando querían subir (pseudo teoría nº 1), pulsan “subir” por impaciencia (pseudo teoría nº 2, véase como fusionan o alternan diferentes modelos mentales por mero capricho).
Algunas personas eligen esperar un ascensor durante 5 minutos antes de decidirse a subir (¡o bajar!) un tramo de escaleras realmente corto, de una sola planta.
Muchos individuos pulsan de manera compulsiva el botón de la planta a la que desean ir, cuando este ya ha sido pulsado y mostrando la típica luz de selección. Algunos incluso lo pulsan cuando otro viajero acaba de pulsarlo ante sus narices.
Los peores son los que entran sin dar a ninguna planta, inconscientes del hecho de que deben pulsar la planta de destino y que podríamos confundir con una distracción, pero que ante una pulsación de otro viajero (casualmente a la misma planta a la que desean ir) se ponen nerviosos y repiten la pulsación dos o tres veces como pensando “por si acaso” o tratando de compensar su error.
Supongo que este comportamiento errático, confuso y absurdo, que satura e inutiliza los ascensores, particularmente cuando el número de usuarios crece, es lo que se consigue cuando pones a un puñado de primates evolucionados de la sabana africana, en un sistema pequeño, conocido, previsible, seguro y simple. Y es algo que quizá arroja algo de luz sobre lo que sucede cuando se sitúa a 6 mil millones de esos primates en un sistema mundial y masivo, complejo, indefinido, imprevisible, cambiante e inseguro como la economía, ya sea capitalista, comunista o cualquier otra combinación como socialista, liberal, etc., ...
Por cierto, sobre este tema del comportamiento humano y la toma de decisiones hay una interesante charla TED de Dan Ariely en 2008 (o el libro) sobre la toma de decisiones y un libro de Gerd Gigerenzer que podrían interesar al lector.

Artículo relacionado. Javier Pérez y las amables gentes de Madrid.

martes, agosto 24, 2010

Tantas cosas por escribir: Una de vídeos

Tengo montones de ideas y artículos a medio escribir o esbozados, pero no el ánimo y el tiempo para completarlos y ponerlos por escrito, así que este post va a ser sencillo, varios vídeos y direcciones interesantes para ampliar conocimientos sobre temas que al menos a mi me parecen relevantes. Lo malo, es que son todos en la lengua de Shakespeare, que aunque no debería ser un problema en pleno siglo XXI en un país de la Unión Europea, es como mínimo incómodo para muchos. En fin aquí va el popurrí:

Chip Conely, en una charla de TED, sobre lo que realmente importa en la vida: ser felices. Aunque personalmente el tipo me parece un vendemotos que mezcla hábilmente filosofías orientales y anécdotas, da que pensar, incluso a pesar de que odio el abuso de frases célebres que en mi opinión hace. El vídeo, contiene subtítulos en la web, para los perezosos, pero se entiende perfectamente si sueles ver series americanas en V.O.




El siguiente vídeo titulado The secret powers of time, de RSA Projects, trata sobre la diferente percepción y actitud de las personas desde el punto de vista del tiempo. Divide a las personas en 3 grupos, las orientadas al presente, al pasado y al futuro, y describe ciertas ventajas y desventajas en cada una de esas actitudes. Este vídeo no tiene subtítulos en español, pero se trata de una transcripción en forma de cómic de una charla de Philip Zimbardo, una persona realmente interesante incluso sin contar con que es el responsable del Experimento de Stanford, en un formato gráfico sorprendentemente efectivo. RSA tiene más transcripciones de este tipo en su web.





Lo siguiente a comentar es que el trabajo tan asombroso de síntesis, dibujo y comunicación de los vídeos de RSA, lo realiza una empresa llamada Cognitive Media, de Reino Unido. En su web puede verse como es el proceso y recibir un par de lecciones gratis sobre comunicación, tan solo navegando por su sitio.

Y por último otro vídeo, probablemente ofensivo para los creyentes, particularmente por el uso de la palabra "bullshit", es un monólogo tipo club de la comedia (en inglés sin subtítulos pero fácil de entender) de un tal George Carlin todo un personaje, donde pone en evidencia, de un modo muy gracioso (al menos para un ateo) montones de incongruencias de la religión organizada cristiana (católica, protestante...) aunque también puede aplicarse a cualquier religión organizada monoteísta. Al parecer hay más monólogos de este hombre por ahí fácilmente localizables en Google.




martes, agosto 10, 2010

Libro: Híbridos.



Título: El paralaje neanderthal 3. Híbridos.
Autor: Robert J. Sawyer
Editorial: Ediciones B

Esta es la tercera y última parte de la trilogía sobre la distopía neanderthal de Sawyer y desgraciadamente el la peor de todas las partes.

En esta ocasión, la historia gira específicamente sobre las relaciones interpersonales de humanos y neanderthales. Agotada ya la veta de la tecnología, la historia y el choque cultural incial, la historia se vuelve de todo menos ciencia ficción. Da la impresión de que Sawyer aprovechó el tirón de las dos entregas anteriores y le pasó el encargo de esta parte a un negro (negro literario, me refiero) que casualmente era bisexual, feminista y con tendencia al comunismo. Nada malo de por si, pero que dada la ausencia de ciencia o ciencia ficción, acaba derivando en una novela romántica muy poco pasable y muy rara.

En realidad no hay mucho que decir de este libro salvo que desaprovecha una idea (aniquilar a la población masculina del planeta) que habría dado mucho juego y la posibilidad de continuar la saga, y se dedica a hablar de sexo entre especies y a presentarnos villanos de opereta que no se puede creer ni dios.

Posiblemente la peor parte es el final, que es de cuento de hadas y con litros de pasteleo de baja calidad.
En resumen, si eres fanboy de Sawyer, te han gustado las dos primeras partes de la trilogía, no eres homófobo, no te molesta el feminismo barato, y puedes tragarte una peli romántica sin pestañear, quizá este libro te guste.