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martes, marzo 01, 2011

Libro: El efecto lucifer





Titulo: El efecto lucifer
Autor: Philip Zimbardo
Editorial: Paidós

Acabo de terminar el libro de Philip Zimbardo "El efecto lucifer", psicólogo social y referencia en su campo gracias a su célebre Experimento de la Prisión de Standford, y más recientemente por su participación como asesor, en el caso de las torturas de la Prisión de Abu Ghraib.

Zimbardo es un tipo con una misión bastante elevada y poco común: eliminar la maldad del mundo. Y para ello lleva toda una vida realizando experimentos, analizando la realidad pasada y presente y estudiando su campo (la psicología social), tratando de identificar las causas de la maldad humana para poder combatirla.
Quien conozca el Experimento de la Prisión de Standford, del mismo Zimbardo, o la película que se hizo del mismo, "Das experiment", sabrá que hace unos 30 años, tuvo lugar un experimento encaminado a estudiar el efecto de la Situación (el contexto del momento concreto) y el Sistema (el contexto cultural), en contra de la Disposición (nuestra propia orientación y rasgos del carácter) que normalmente valoramos como única o máxima causa de todo comportamiento y decisión. El objetivo era valorar el peso de estos elementos sobre la psique y la conducta del individuo, poniendo a un grupo de personas buenas, psicológicamente normales y de similar condición, en un simulación de prisión, donde se controlasen los factores situacionales y sistémicos, pero de alguna manera todo se salió de madre y hubo de ser cancelado a mitad del mismo. A pesar de el contratiempo, la luz que arrojó sobre el comportamiento del ser humano, acabó por convertirlo en un experimento de referencia mundial sobre la fuerte influencia del contexto situacional y sistémico en nuestro comportamiento, en nuestra conducta y moral.

Este libro repasa, día a día, todo el experimento original de Zimbardo, así como otros experimentos representativos de diversos investigadores como Milgram o Asch, y situaciones reales como las recientes matanzas de hutus y tutsis en Ruanda, la antigua matanza de May Lay en Vietnam por el ejército de los EEUU o los campos de exterminio nazis de la Segunda Guerra Mundial. Una vez analizado en detalle y convenientemente explicado el experimento, y una vez expuestos diversos casos históricos y documentados así como los diversos experimentos de otros autores, Zimbardo nos presenta el caso de las torturas de Abu Ghraib, y demuestra de manera aplastante que lo que sucedió allí no fue un accidente, ni se debió a unas manzanas podridas, sino a una política común y deliberada que partió del gobierno de Bush (algo que 3 años más tarde de escribir el libro se está demostrando completa y oficialmente cierto). Pero lo más inquietante es que Zimbardo nos muestra que seguramente casi cualquier persona normal habría cometido esas atrocidades si se hubiera encontrado allí.

Este es un libro analítico y descriptivo, que aporta una abrumadora cantidad de datos, citas y detalles comprobables, pero a la vez es un libro escrito con pasión sobre el tema; y gracias al alto nivel de profundidad e implicación personal, consigue narrar una completa historia de la  Maldad humana. Y digo Maldad con mayúscula, porque Zimbardo no habla de psicópatas o esquizofrénicos paranóicos cometiendo asesinatos, no habla de villanos de opereta o malas personas, sino de la peor maldad posible, la maldad que cometen hombres, mujeres y niños sin ser conscientes (o plenamente conscientes) de ella. La clase de maldad común que sorprendentemente puede mover a un grupo de personas buenas a cometer un genocidio, asesinar con machetes a sus vecinos, torturar a semejantes o maltratar de manera innecesaria a desconocidos. Habla de la "banalidad del mal", en palabras del propio Zimbardo.

También debo advertir que en ocasiones es un libro emocionalmente duro de leer, debido a que en ocasiones detalla la clase de horrores que se han llegado a cometer en determinados momentos y lugares, aunque nunca lo hace de manera gratuita, sino como un forense, en relación con algún aspecto particular de interés para el caso que nos presenta.

Finalmente el libro trata de terminar con un mensaje positivo, dando pautas para ser conscientes de y evitar las, fuerzas situacionales negativas. Estas pautas se recogen y amplían en el sitio web de El Efecto Lucifer (www.lucifereffect.com) al que le ha surgido un hermanito, (www.heroicimagination.org) que trata sobre el heroísmo y que se forma parte de un nuevo proyecto de Zimbardo. Este último sitio lo descubrí siguiéndo a Zimbardo en Twitter, una herramienta dicho sea de paso, muy interesante para establecer o seguir conversaciones y cuyo potencial no había entendido hasta hace unos días.

Por último, además de recomendar encarecidamente la lectura de este libro, y antes de pasar a las citas del mismo, me gustaría recomendar también la lectura de "La tabla rasa" de Pinker, dado que en cierto modo son complementarios al centrarse uno en la disposición y otro en la situación.

Los extractos interesantes del libro... esta vez son bastantes, gracias a Evernote en su versión para Android.


El Sistema incluye la Situación, pero es más duradero y más amplio, está formado por personas, por sus expectativas, sus normas, sus políticas y, quizá, sus leyes. Con el tiempo los Sistemas acaban adquiriendo una base histórica y, a veces, una estructura de poder político y económico que gobierna y dirige la conducta de quienes viven en su área de influencia. Los Sistemas son como motores: ponen en marcha situaciones que crean contextos conductuales, unos contextos que influyen en la actuación de quines se hallan bajo su control. Llega un momento en que el Sistema se convierte en un ente autónomo, independiente de quienes lo han creado o incluso de quienes parecen tener autoridad dentro de su estructura de poder. Cada Sistema acaba creando una cultura propia y, junto con otros Sistemas, contribuye a crear la cultura de la sociedad.
[...] 
Queremos creer en la bondad esencial e invariable de la gente, en su capacidad de resistir ante las presiones externas, de evaluar de una manera racional las tentaciones de la situación y rechazarlas. Otorgamos a la naturaleza humana casi divinas, unas facultades morales y racionales que nos hacen ser justos y sabios. Simplificamos la complejidad de la experiencia humana eriguiendo un muro aparentemente infranqueable entre el Bien y el Mal. En un lado estamos Nosotros y están los Nuestros, los que son como nosotros; al otro lado de ese muro colocamos a los Otros y a los Suyos, a los que son como ellos. Paradójicamente, al haber creado este mito sobre nuestra invulnerabilidad a las fuerzas situacionales, nos hacemos aún más vulnerables a ellas por no prestarles suficiente atención.
[...]
En un entorno situacional adecuado, cualquiera de nosotros puede acabar repitiendo cualquier acto que haya cometido antes cualquier otro ser humano, por muy horrible que pueda ser.
[...]
La mayoría de nosotros tenemos un poderoso prejuicio mental, el llamado "error fundamental de atribución", que nos impide pensar de esta manera. Las sociedades que fomentan el individualismo, como los Estados Unidos y otros países de Occidente, han acabado creyendo que la disposición de la persona tiene más importancia que la situación. Al explicar una conducta otorgamos demasiada importancia a la personalidad y le damos muy poca a las influencias situacionales. 
[...]
[Sobre una de las fuerzas situacionales usadas en el Experimento de la Prisión de Standford] Las normas constituyen un medio simplificado y formal de controlar conductas complejas e informales. Actúan estableciendo lo que es necesario, aceptable y recompensado, y lo que es inaceptable y, en consecuencia, punible. Con el tiempo, las normas acaban adquiriendo una vida arbitraria propia y la fuerza de una autoridad legal, aunque dejen de ser relevantes, sean vagas o cambien según el capricho de quienes las imponen.
Nuestros carceleros podían justificar la mayoría de sus maltratos haciendo referencia a "las normas". 
[...] 
[Sobre la presión de la Disonancia Cognitiva] Por extraño que parezca, el efecto de la disonancia es mayor cuanto menor es la justificación [para las conductas]. Es lo que ocurre por ejemplo, cuando se lleva a cabo un acto repugnante por poco dinero, sin ninguna amenaza o con una justificación inadecuada o minimamente suficiente. La disonancia aumenta y los intentos para reducirla llegan al máximo cuando la persona cree tener libertad de acción o no es plenamente consciente de las presiones situacionales que la empujan a realizar el acto discrepante. Si este acto discrepante ha sido público, no se puede negar ni modificar. Por lo tanto, la presión para el cambio la reciben los elementos más "blandos" de la ecuación de la disonancia, es decir, los elementos internos y privados, los valores, las actitudes, las creencias y hasta las percepciones. 
[...]
[Sobre la presión del Respaldo Social]
Normalmente, la gente tampoco es consciente de una fuerza aún mayor que guía su repertorio conductual: la necesidad de aprobación o respaldo social. La necesidad de gustar, de ser aceptado y respetado, de parecer normal, de integrarse, es tan poderosa, que estamos dispuestos a realizar las conductas más ridículas y extravagantes si un desconocido nos dice que ésa es la forma correcta de actuar. Nos reímos de los muchos episodios de Objetivo Indiscreto que revelan esta verdad, pero rara vez nos fijamos en las veces que nosotros mismos somos la "estrella" del Objetivo Indiscreto de nuestra propia vida. 
[...] 
[Sobre el experimento del psicólogo Robert Rosenthal y la directoria de escuela Lenore Jacobson, y el efecto Pigmalión o de profecía autocumplida]
Se hizo creer a unos profesores que ciertos niños de sus clases de primaria eran "superdotados latentes", esos niños acabaron destacando en los estudios aunque los investigadores los habían elegido al azar. Las expectativas positivas de los profesores en relación con esos niños modificaron su comportamiento hacia ellos de una forma que acabó aumentando el rendimiento de los niños. [...] Por desgracia, es probable que lo contrario ocurra aún con más frecuencia cuando los profesores esperan un rendimiento bajo de ciertos alumnos [minorías]. 
[...]
[Al hilo de como las personas acaban tratando a otros seres humanos como cosas, juguetes o ganado] Usando los términos de Martin Buber, las relaciones humanizadas son "yo-tú", mientras que las relaciones deshumanizadoras son "yo-eso". Con el tiempo, la persona deshumanizadora suele ser absorbida por la negatividad de la experiencia y luego el "yo" mismo cambia para producir una relación "eso-eso" entre objetos, o entre la persona y la víctima. El hecho de ver a esos "otros" como subhumanos, inhumanos, infrahumanso, prescindibles o "animales" se facilita mediante etiquetas, estereotípos, consignas e imágenes propagandísticas. 
[...] 
La lección más importante que podemos aprender del EPS [Experimento de la Prisión de Standford]  es que las Situaciones las crean unos Sistemas. Los Sistemas proporcionan el apoyo institucional, la autoridad y los recursos que permiten que las Situaciones actúen como actúan. [...] Rara vez se plantea una pregunta fundamental: ¿Quién o qué hizo que sucediera lo que sucedió? ¿Quién tenía el poder de diseñar el entorno conductual y de hacer que actuara de una manera concreta? Dicho de otro modo, ¿a quién cabe hacer responsable de sus consecuencias y resultados? ¿A quién cabe atribuir el mérito de los éxitos y a quién la culpa de los fracasos? [...] Hallar esta respuesta no es tan sencillo cuando tratamos con organizaciones complejas y buscamos las causas del fracaso del sistema penitenciaro o del sistema educativo, de la corrupción de las grandes multinacionales o del sistema que se creó en la prisión de Abu Ghraib. 
[...] 
El Poder del Sistema supone una autorización o un permiso institucionalizado para comportarse de una manera prescrita y la prohibición o el castigo de los actos que no se atengan a ella. Proporciona una "autoridad superior" que valida el desempeño de unos roles nuevos, el cumplimiento de unas normas nuevas y la realización de unos actor que en otras circunstancias estarían limitados por unas leyes, unas normas, unos principios y una ética ya existentes. Esta validación suele ocultarse bajo el manto de una ideología. Una ideología es un eslogan o una proposición que suele legitimar los medios necesarios para lograr un objetivo. La ideología es la "regla suprema" a la que nadie se opone y que nadie cuestiona porque parece ser totalmente correcta para la mayoría de la gente en un lugar y en un momento concretos. Quienes ostentan la autoridad presentan esta ideología como algo bueno y lleno de virtudes, como un imperativo moral del máximo valor.
Los programas, las políticas y los procedimientos de actuación que se desarrollan para apoyar una ideología se convierten en un componente fundamental del Sistema. A medida que la ideología se va aceptando como algo sagrado, los procedimientos del Sistema se consideran cada vez más razonables y correctos.
Durante los años sesenta y setenta, cuando las juntas militarse fascistas gobernaban medio mundo desde el Mediterraneo a Latinoamérica, los dictadores siempre justificaban sus llamadas a las armas como defensa necesaria contra una "amenaza a la seguridada nacional" supuestamente planteada por socialistas o comunistas. Acabar con esa amenaza hacía necesario que el Estado legitimara la tortura por parte de los militares y la policía. También legitimaba el asesinato de los sospechosos de ser "enemigos del Estado" por parte de los llamados "escuadrones de la muerte". 
[...] 
[En relación al EPS y los participantes del mismo] Nuestros jóvenes participantes no eran unas "manzanas podrídas" que fueron a parar a un buen cesto. Al contrario, nuestro diseño experimental garantizaba que al principio fueran buenas manzanas y que acabaran siendo corrompidas por el poder insidioso del cesto podrido de nuestra prisión. Naturalmente, en comparación con la naturaleza perniciosa y letal de las prisiones civiles y militares de verdad, nuestra prisión de Stanford era relativamente benigna. Los cambios en la forma de pensar, sentir y comportarse que experimentaron nuestros voluntarios en aquel entorno fueron consecuencia de unos procesos psicológicos conocidos que actúan en todos nosotros de diversas maneras y en muchas situaciones, aunque no de una manera tan implacable e intensa. 
[...] 
[Hablando sobre el programa SERE de los Estados Unidos para la obtención de inteligencia en interrogatorios] En general, estos métodos minimizaban la aplicación de torturas físicas en favor de unos métodos "blandos" de tortura psicológica. Cinco tácticas básicas del programa SERE para hacer que los detenidos u otras personas sometidas a interrogatorio se muestren dispuestas a confesar y facilitar información son:
-Humillación y degradación sexual.
-Humillación basada en prácticas religiosas y culturales.
-Privación de sueño.
-Privación sensorial y sobrecarga sensorial.
-Tormentos físicos, como inmersión en agua o hipotermina (exposición a temperaturas gélidas) para crear miedo y ansiedad. 
[...] 
[Sobre algunas técnicas experimentales de Milgram  para hacer que personas normales realicen actos brutales] 8.- Cambiar de una manera gradual la naturaleza de la figura de autoridad (el investigador en el estudio de Milgram) para que pase de se razonable y "justo" al principio, a ser "injusto" y exigente, e incluso irracional. Esto provoca una conformidad inicial y una posterior confusión, porque esperamos coherencia de las autoridades y de los amigos. El hecho de no reconocer que esta transformación se ha producido da origen a una obediencia irreflexiva (forma parte de muchas violaciones cometidas durante citas y es una razon de que las mujeres maltratadas por sus cónyuges sigan con ellos).
[Otra de las técnicas consiste en ] 10.- Ofrecer una ideología, o una gran mentira, para justificar el uso de cualquier medio con el fin de lograr una meta aparentemente imprescindible. [...] Esta táctica se conoce con el nombre de "tapadera" porque encubre los procedimientos que siguen y que podrían ser cuestionados porque no tienen sentido por sí solos. El equivalente de esto en el mundo real recibe el nombre de "ideología". La mayoría de los países se basan en una ideología, que suele mencionar las "amenazas a la seguridad nacional", para entrar en guerra o para suprimir la oposición política. Cuando los ciudadanos temen que la seguridad nacional esté amenazada, ceden sus libertades básicas a un gobierno que les ofrezca seguridad. El análisis clásico de Erich Fromm en "El miedo a la libertad" nos hizo tomar conciencia de la táctica que Hitler y otros dictadores han venido usando desde hace mucho tiempo para alcanzar el poder y mantenerse en él: ofrecer seguridad a los ciudadanos si éstos renuncian a sus libertades porque asó podrán controlar mejor la situación.  
[...] 
La profunda experiencia de Steiner con muchos hombres de las SS tanto en el plano personal como en el académico le condujo a plantear dos importantes conclusiones sobre el poder institucional y la expresión de la brutalidad: "Al parecer, el apoyo institucional a los roles violentos tiene unos efectos mucho más profundos de lo que en general se cree. Cuando hay sanciones sociales implícitas, y sobre todo explícitas, que apoyan estos roles, tienden a atraer a personas que no sólo pueden obtener satisfacción con la naturaleza de este trabajo, sino que son cuasi-verdugos tanto en sus sentimientos como en sus actos".
Luego, Steiner describe como pueden triunfar los roles sobre los rasgos del carácter: "Ha quedado muy claro que no todos los que desempeñan un papel brutal presentan unos rasgos sádicos en su carácter. Los que desempeñaban unos roles que inicialmente no casaban con su personalidad solían cambiar sus valores (es decir, tenían la tendencia a adaptarse a lo que se esperaba de ellos en esos roles). 
[...] 
El anonimato se puede otorgar a una persona no sólo con máscaras, sino también por la forma de tratarla en una situación dada. Cuando los demás no nos tratan como la persona que somos sino como un "otro" indiferenciado que es procesado por el Sistema, o si nuestra existencia se ignora, nos sentimos anónimos. La sensación de carecer de identidad también puede desembocar en una conducta a antisocial. Un investigador trataba a unos estudiantes que participaban en una investigación o bien de una manera considerada, o bien como "conejillos e indias". ¿Adivina el lector quienes le hurtaron algo cuando no estaba mirando? Más adelante, estos estudiantes se encontraron solos en el despacho del profesor-investigador, con la oportunidad de hurtarle unas monedas y unos bolígrafos de un cuenco lleno de ellos. Los que se encontraban en la condición de anonimato lo hicieron muchas más veces que los estudiantes que habían sido tratados con consideración. La amabilidad puede ser bastante más que una recompensa en si misma. 
[...] 
Lo único que hace falta para que el mál triunfe es que los hombres buenos no hagan nada. -Edmund Burke, estadista británico.
Debemos saber que aceptar pasivamente un sistema injusto es cooperar con ese sistema y, de ese modo, tener parte en su maldad. -Martin Luther King Jr. 
[...] 
A lo largo de la historia, la pasividad de quienes podían haber actuado, la indiferencia de quienes deberían haber tenido más conciencia, el silencio de la voz de la justicia cuando más importancia tenía; eso es lo que ha hecho posible que el mal triunfara. -Haile Selassie, último emperador de Etiopía. 
[...] 
La derechista Democracia Cristiana de la Italia de la década de 1970 empleaba la "estrategia de la tensión" [como el "nos interesa que haya tensión" de Zapatero] para el control político alimentando el miedo al terrorismo de las Brigadas Rojas (comunistas radicales) [como "la derecha que viene" del PSOE]. Y, naturalmente no debemos olvidar el ejemplo clásico de la Alemania nazi, cuando Hitler hizo que los judíos cargaran con la culpa del colapso económico de la década de 1930 [como ahora los neocon, Aznar y Bush]. Eran la amenaza interna [ahora es "la derecha"] que justificaba un programa externo de conquista y que exigía su exterminio tanto en Alemania como en todos los países ocupados por los nazis. 
[...] 
[Acerca de las técnicas necesarias para evitar se controlado por la situación] He elaborado un compendio de métodos para el lector; sin embarco, en un solo capítulo no es posible presentarlo en toda su extensión y con todos los pormenores. La solución es ponerlo a disposición de quien lo desee en Internet, en el sitio web que acompaña a este libro: www.lucifereffect.com De este modo, el lector lo podrá consultar cuando le venga bien y si así lo desea, tomar notas, revisar las fuentes en las que se basa y considerar en qué contextos de su propia vida puede poner en práctica estas estrategias de resistencia. Además, cuando vea que él mismo o alguna persona que conozca está siendo objeto de un método concreto de influencia social, podrá recurrir a esta guía para hallar soluciones y saber qué puede hacer para colocarse en una posición que le permita afrontar el reto.


PD: Para los cinéfilos interesados, hay otra película alemana basada en otro experimento real, llamada La Ola (Die Welle) [ver trailer], que al igual que Das Experiment [ver trailer], exagera y modifica el caso real.

Nota: Imagen del Ángel Caído del Retiro de Madrid, obtenida de Wikimedia.

sábado, febrero 19, 2011

Objetivos y medidas

Goodhart’s law warns us that “when a measure becomes a target, it ceases to be a good measure.” 


Traducción: La ley de Goodhart nos advierte que "cuando una medida se convierte en un objetivo, deja de ser una buena medida."

Leyendo un interesante artículo sobre un fraude en una revista de matemáticas, me he topado con esta ley de Goodhart (ese Charles Goodhart) que es perfectamente aplicable a muchos otros casos reales, particularmente en política, pero también en el trabajo cuando trabajamos por objetivos y en el caso del algoritmo de búsqueda de Google (granjas de enlaces por ejemplo).

Y es que hay que tener un cuidado exquisito en separar lo que se mide, de los objetivos; para que la gente no haga lo normal y predecible, que es tratar de conseguir los objetivos específicos que se valoran, incluso aunque tengan que sacrificarse cosas importantes. Lo veo a diario en los periódicos: empresas que pagan bonus a directivos que han montado un cristo, o incentivos a ciertos negocios que solo conducen al pillaje.

domingo, enero 30, 2011

El timo del cacheo y la obediencia a la autoridad

En las últimas semanas he empezado a leer "El efecto lucifer", uno de los libros que tenía en la lista de "para leer" desde hace casi un año. Se trata de un libro de Philip Zimbardo que resume su experiencia en el campo de la psicología del mal y la psicología situacional que lo provoca. Hace un repaso de su célebre Experimento de la Cárcel de Stanford, de la prisión de Abu Ghraib y otros casos reales y experimentales más o menos conocidos (Asch, Milgram, Tercera Ola, nazis, genocidio de Ruanda...)

Aunque aun no he terminado de leerlo, puedo asegurar que es uno de esos libros que te cambian el esquema mental del mundo, pero el motivo de esta entrada no es comentarlo, sino mencionar un engaño basado en la predisposición de las personas a obedecer a la autoridad. Es un timo que llama la atención por el número de veces que ha sucedido y por las opiniones de los investigadores. He escaneado el texto con Onlineocr (funciona muy bien tanto con fotos como con escaneos), para que cada cual juzge donde más ha visto ese tipo de comportamiento o dinámica (trabajo, asociaciones, partidos políticos...) y si debería preocuparse por ello o estar alerta.


El llamado «timo o engaño del cacheo» se ha perpetrado en varias cadenas de restaurantes de comida rápida de todos los Estados Unidos. Este fenómeno demuestra el poder de la obediencia a una autoridad anónima pero que parece ser importante. El modus operandi es que el encargado o la encargada del establecimiento recibe una llamada telefónica de un hombre que se identifica como agente de policía y que dice llamarse, por ejemplo, Scott. Necesita urgentemente su ayuda en un caso de robo por parte de un empleado o una empleada de su establecimiento. Durante la conversación insiste en que se le dé el tratamiento de «señor». Antes ya ha reunido información pertinente sobre los procedimientos y los detalles del establecimiento. También sabe cómo obtener la información que desea mediante preguntas guiadas con habilidad, como hacen los buenos magos y los «mentalistas» profesionales. Es un buen timador.
Al final, el agente Scott obtiente de la encargada el nombre de una nueva empleada joven y atractiva y le dice que ha estado robando del establecimiento y que cree que en este mismo momento ya lleva algo encima. Quiere que se la aísle en la trastienda y se la retenga allí hasta que él o sus hombres puedan venir a buscarla. La empleada es retenida allí y el «señor agente», que habla con ella por teléfono, le da la opción de que se desnude y la registre allí mismo una compañera de trabajo o de que espere a que la lleven a comisaría para que la desnuden y la registren allí. Invariablemente, la chica dice que la registren en ese mismo momento porque sabe que es inocente y que no tiene nada que ocultar. El presunto policía habla luego con la encargada y le dice que la haga desnudarse y que la registre a fondo, incluso en el ano y en la vagina, en busca de drogas o de dinero robado. Mientras, el «policía» insiste en que le explique con el máximo detalle todo lo que ocurre y, en la mayoría de los casos, las cámaras de videovigilancia van grabando estos sorprendentes acontecimientos mientras se van desarrollando. Pero esto es sólo el principio de una pesadilla para la joven e inocente empleada y de un bario de excitación sexual y de poder para el llamante-voyeur. 
En un caso en el que declaré como perito y en el que la afectada era una asustada estudiante de instituto de dieciocho años de edad, a esta situación básica se le habían añadido una serie de actividades cada vez más bochornosas y sexualmente degradantes. Siguiendo las instrucciones del que llamaba, la chica tuvo que ponerse a saltar y bailar desnuda por la sala. , Luego, el que llamaba dijo a la encargada que fuera a buscar a un empleado varón de más edad que vigilara a la víctima para que ella pudiera volver a desempeñar su tarea en el restaurante. La situación degeneró hasta el punto de que el que llamaba insistió en que la chica se masturbara y le I hiciera una felacíón al compañero que supuestamente debía retenerla en la trastienda mientras la policía se encaminaba hacia el restaurante. Estas actividades sexuales siguieron más de dos horas mientras esperaban a que llegara la policía, algo que, naturalmente, no llegó a suceder. 
La singular influencia de esta «autoridad ausente» tienta a muchas personas que se ven en esa situación hasta el punto de que llegan a vulnerar la política de la empresa y, probablemente, también sus principios éticos y morales humillando y abusando sexualmente de una empleada joven, honrada y, con frecuencia, religiosa practicante. Al final, el personal acaba siendo despedido, algunos son denunciados, se presenta una demanda a la empresa, las víctimas quedan gravemente afectadas y los autores de estas patrañas —en un caso un ex oficial de prisiones— acaban siendo atrapados y encarcelados. 
Una reacción razonable cuando se tiene conocimiento de este engaño es centrarse en la disposición de los encargados y de las víctimas y calificarlos de personas ingenuas, ignorantes, crédulas, raras. Pero cuando nos enteramos de que esta patraña se ha llevado a cabo con éxito en sesenta y ocho establecimientos similares de comida rápida de media docena de cadenas diferentes y en treinta y dos estados distintos, y que han caído en el engaño muchos encargados de restaurantes de todo el país con víctimas tanto de sexo masculino como femenino, nuestro análisis no puede 'basarse simplemente en culpar a las víctimas, y debemos reconocer el poder de las fuerzas situacionales que intervienen en este engaño. Así pues, o debemos infravalorar el poder de «la autoridad» para generar obediencia de una clase y en una medida que a veces es difícil de entender. 
Donna Summers, que fue despedida de su puesto de encargada de un McDonald's de Mount Washington, Kentucky, por haber caído en este engaño, expresa con claridad uno de los principales temas de El efecto Lucifer sobre el poder situacional. «Lo ves desde fuera y te dices: "Yo nunca lo habría hecho". Pero si no has estado en esa situación y en ese preciso momento, no tienes ni idea de lo que harías. Ni idea.» 
En su libro Making Fast Food: From the Frying Pan into the Fryer, la socióloga canadiense Ester Reiter llega a la conclusión de que la obediencia a la autoridad es el rasgo más valorado para trabajar en los establecimientos de comida rápida. «El proceso de línea de montaje intenta, de una manera muy deliberada privar a los trabajadores de todo pensamiento o criterio. Son apéndices de la máquina», dijo en una entrevista reciente. Dan Jablonski, un agente especial del FBI retirado que investigó estos engaños como detective privado, dijo: «Usted y yo podemos estar aquí sentados juzgando a esa gente y decir que eran unos imbéciles de tomo y lomo. Pero no se les ha enseñado a usar el sentido común. Se les ha enseñado a decir y a pensar: "¿En qué puedo servirle?"»

Nota: Esta entrada la publiqué originalmente en mi bitácora de Barrapunto.

martes, enero 04, 2011

Interrupciones y ruido en el desarrollo de software



Al hilo del resumen que encontré sobre Peopleware, y dándole vueltas a como mejorar mi flujo mental, me he puesto a pensar en que a lo largo de mi carrera, he tenido la interesante desgracia de encontrarme trabajando en diversos entornos ruidosos y con una gran cantidad de interrupciones. De todos ellos, creo que ha habido tres que han sido especialmente representativos en cuanto a lo que suponen para el desarrollo de software, tanto el ruido como las interrupciones.
De estos tres casos, una vez enfriados a base de tiempo para un análisis mínimamente objetivo, puedo decir que tenían, en mi opinión, las siguientes características:
  1. El primer caso lo experimenté trabajando en un entorno con más ruido de conversaciones y teléfonos del deseable, pero relativamente amortiguado con algunos metros de distancia. Muy pocas interrupciones, y muy informales.
  2. En segundo caso, el entorno era muy ruidoso, con montones de conversaciones al lado, y varias decenas de interrupciones diarias tanto in situ como de correo. Un caso bastante extremo, la verdad.
  3. En el tercer caso, el entorno no era más ruidoso que cualquier otro en el que haya estado, pero había muchísimas interrupciones in situ. Telefónicas y de correo sin embargo, había muy rara vez.
En todas las ocasiones, tuve que realizar trabajo de análisis, diseño e implementación de las aplicaciones que tocaban en cada momento y en todos los casos hice un análisis de mi estancia, inmediatamente tras cambiar de empleo, como de costumbre, para tratar de aprender de errores propios y ajenos (una pseudo tarea de cierre y evaluación del proyecto que casi nadie lleva a cabo por lo que veo). Así que este artículo se centra exclusivamente en la relación entre ruido, interrupciones y desarrollo de aplicaciones.
Y una vez comentado el contexto creo que puedo pasar a exponer las siguientes opiniones que me he formado a base de estas y otras experiencias:
  1. El trabajo de análisis y diseño admite mejor el ruido que la implementación. En mi caso puedo, por ejemplo, realizar documentación o establecer la arquitectura de una solución, con un nivel medio de ruido. Sin embargo para programar necesito muy poco ruido y/o cascos (como manera de aislarme), o la tarea se ve muy mermada en eficacia.
  1. El análisis y diseño admiten interrupciones en ventanas de tiempo [x] relativamente pequeñas, quizá de media hora. Estas interrupciones merman estas tareas, pero no hasta un punto excesivo que eche por tierra horas de trabajo. En cambio la programación (la que se haga bien, no parchear algún desastre) muchas veces requiere de un par de horas como poco sin prestar atención a nada más o puedes irte directamente al bar y la productividad habrá sido similar pero con algo más de alegría.
Supongo que otras personas habrán tenido experiencias similares o diferentes, pero estas son las que tengo de primera mano, así que tengo pocas razones para discutirlas. Por otro lado, el por qué el ruido y las interrupciones afectan de determinada manera a mi trabajo, merecen al menos un intento de explicación. Y aquí es donde van mis dos céntimos.

Creo que la razón de esta diferencia entre las necesidades de concentración de una y otra tarea, se debe a que las tareas de análisis y diseño, son tareas de alto nivel, abstracciones (por definición incompletas), a menudo incorrectas y/o, ambiguas (un poco al hilo de las leaky abstractions de Joel Spolsky), tareas además más “naturales” en el sentido de que no requieren de un marcado ciclo de trabajo tan formal (ojo, no digo que no sea formal pero hay un trecho) y dependiente de la tecnología (IDE/compilador, base de datos, flujos de trabajo con sistemas de control de versiones…) como la implementación en código y bases de datos. Por tanto las tareas de diseño y análisis son más flexibles para con los ciclos de abandono y retomado propio de las interrupciones. Yo diría (en un sentido positivo aunque no lo parezca) que el análisis y el diseño de los sistemas informáticos, especialmente en cuanto a software, son tareas incompletas y erróneas por definición, y como otros trabajos de diseño, se sustentan muy bien sobre el papel.
Sin embargo, en la implementación, cuando el programador recoge las especificaciones y diseños del analista (uno mismo en caso de que el analista y el programador sean la misma persona), y se pone a codificar, se acaba encontrando con todas las omisiones, ambigüedades y errores que han pasado por el tamiz de los diferentes roles y hasta sus manos: desde el cliente, pasando por la toma de requisitos, análisis funcional y orgánico y cualquier otra fase que queramos meter en medio. Y es entonces cuando todo ese trabajo que no se ha realizado antes, todo lo que se ha olvidado, omitido conscientemente, tergiversado… cualquier decisión que no se ha tomado, se atasca en la implementación, que necesita convertir toda la documentación, en un producto funcional y mantenible en el tiempo, y debe hacerse sin errores, porque la implementación no perdona, y si no “cae” en el compilador, lo hará en tiempo de ejcución en el entorno de preproducción, o peor aún, en producción.

Parafraseando a Richard Feynman: "Para lograr un éxito tecnológico, la realidad debe estar por encima de las relaciones públicas, de los diseños, análisis y requisitos tomados, porque la problemática que resuelve el sistema, los usuarios que lo van a usar, el compilador, la base de datos y el entorno de producción no pueden ser engañados.".


La necesidad de hacer algo sólido, sin errores, ni omisiones, desde lo que es la documentación incompleta (como decíamos, por definición), obliga al desarrollador a mantener un modelo mental del sistema muy detallado, mucho más que en las etapas anteriores, y esto cuesta mucho más “cerebro” (atención, modelos mentales detallados, datos, simulaciones, peculiaridades del entorno…) que en el caso del análisis (que puede abstraerse del entorno como poco). Supongo que por eso cualquier cosa que robe “cerebro” o lo ralentice, como las interrupciones o el ruido, son tan perjudiciales en esta etapa de implementación. Y quizá por eso también los técnicos tienden (tendemos) a dejar de ver el bosque en muchas ocasiones, de tanto árbol que tiene, con las consiguientes quejas (con razón o sin ella) de usuarios y comerciales.

Y ojo, esto no es una crítica al indispensable trabajo de análisis y diseño (que me parece crítico para poder llevar a cabo el proyecto con éxito), ya que en mi caso hablo de mi propia experiencia en los diversos roles, sino una reflexión sobre la posible necesidad de mantener a los programadores en entornos más tranquilos y relajados que los de los analistas. Es una invitación a incentivar el uso de cascos (quizá proporcionándoles unos con reducción activa de ruido), quizá ropa cómoda, pero sobretodo a dejarlos en paz durante periodos largos del día, aislándolos de interrupciones y distracciones indeseadas. Y también es una invitación a establecer relaciones estrechas y de confianza (laboralmente al menos), entre los miembros de análisis y desarrollo, ya que su productividad como equipo debería mejorar con un lenguaje común, conocimiento de los talentos y limitaciones de cada uno, buenas costumbres y manías. Al fin y al cabo no son dos recursos intercambiables como les gusta pensar a demasiados responsables de proyectos y departamentos de RRHH, sino dos tipos de diseñadores creativos (o deberían serlo) que van a realizar una obra común de carácter muy técnico. Son dos creadores (ahora que está de moda la palabra con la Ley Sinde) que van a colaborar (en el sentido de Pixar), y es por ello que más vale que se entiendan bien y sepan donde ceder ambos el lápiz y el papel o la decisión para obtener algo coherente, porque de no ser así, el resultado puede ser catastrófico.

Vídeo relacionado: Jason Fried 2010 en TED o Youtube.

Foto de Wiki Commons.

NOTA: Este artículo empecé a escribirlo hace 10 meses, pero diversas circunstancias lo han mantenido en un cajón durante largo tiempo.

lunes, enero 03, 2011

Android: 2.1 Ecclair. Impresiones


Hace unos días  meses escribí la review de mi nuevo terminal Samsung Galaxy Spica (I5700 para los amigos), pero quería tomarme algo de tiempo para terminar de probar algo más el sistema operativo que lo gobierna, Android en su versión 2.1 codename Ecclair. Creo que ya es hora de comentar mis impresiones.

Debo reconocer que el Android de Google me ha sorprendido para bien (mucho) y para mal (está muy lejos de ser perfecto).
A mi, que me considero un usuario avanzado de tecnología y que he usado a lo largo de los años unos cuantos teléfonos, PDAs y algunas otras cosas bastante extrañas (Atari Portfolio, tablets pre-iPad, sistemas operativos de todos los colores y sabores), me ha costado más de lo que esperaba hacerme completamente con el terminal. Evidentemente las funciones “básicas” como llamar, poner música, fotos… son relativamente simples y vienen integradas, pero cuando quieres ir un poco más allá, empiezas a recorrer un camino más largo de lo deseable. Posiblemente el mayor problema viene de que el interfaz es muy flexible, y para saber qué puedes y qué no puedes hacer, tienes que probar todas las opciones: botones físicos, pulsación, doble pulsación, pulsación mantenida, arrastre… en resumen, demasiado trabajo solo para aprender cómo funciona lo que trae o cada aplicación adicional que instales.

Evidentemente, al ser un terminal de Google, la integración del teminal con los servicios de Google, va muy fina, principalmente el correo y los mapas, pero curiosamente no todo se integra integraba hasta hace poco de manera oficial. Por ejemplo, el lector de RSS más decente era una aplicación de terceros y la integración de Tareas que uso es una aplicación de terceros. Otra cosa llamativa, sobretodo viniendo yo de Palm, es el Calendario. El calendario de Android es simplemente inusable, y aun no he dado con una aplicación que permita usarlo decentemente, así que solo lo tengo para algunos recordatorios.
Por otro lado, las aplicaciones de terceros son variadas, muy variadas. Tanto como que algunas funcionan y otras no (a veces por bugs, otras por versión), pero no lo sabes hasta que las instalas (ligeramente molesto, pero indoloro). Facebook por ejemplo está muy logrado, pero los reproductores de video no se acercan ni en broma al TCPMP que reproducía prácticamente de todo y bastante bien en dispositivos en los que en principio nadie lo esperaría, y la aplicación para gestionar la conexión 3G, me obliga a reiniciar el terminal para recuperarlo. Afortunadamente parece que todo es muy robusto y el instalar y desinstalar cualquier cosa no provoca problemas de ningún tipo, quizá unos restos de carpetas en la tarjeta de memoria a lo sumo.

En cuanto a la gestión del sistema, llama mucho la atención que esté tan dispersa (ajustes, widgets, botones físicos…). Cosas como cambiar a modo de vuelo, ajustar el brillo o conectar a una red Wifi, se realizan desde lugares muy diferentes, sin una lógica clara que permita intuir donde encontrar la función deseada. Y de momento no he encontrado una manera de establecer y usar perfiles de sonido (reunión para silencio, volumen bajo para oficina, volumen alto para el coche…). Esto con Palm o Sony no pasaba, todo era fácil de encontrar y tenía sentido.

En general yo diría que se trata de un buen sistema, y desde luego está a la misma altura que el de Apple o muy, muy cerca (por delante o detrás según en que nos basemos). Sin embargo, aunque he ganado bastante funcionalidad y conectividad a multitud de servicios, queda claro que el sistema no está tan bien pensado como los de Palm. No parece que Android aspire a ser el mejor sistema operativo para dispositivos móviles, sino que su meta parece ser el convertirse en el nuevo Windows: poder hacer un poco de todo, pero nada bien, ser muy flexible y abierto hasta donde se desee.

Por último para aquellos recién desembarcados en este sistema operativo, recomendaré una página: El Androide Libre. Multitud de aplicaciones y buenos consejos, aunque en ocasiones tiende al fanátismo tipo fanboys de Apple.

NOTA: Este artículo estaba casi terminado en Agosto de 2010, pero las circunstancias me han impedido publicarlo hasta ahora.

martes, septiembre 21, 2010

El aprendizaje de los nombres de los colores y los niños


Ayer mismo leí un artículo en Scientifics American (vía Facebook: Why Johnny can’t name his colors) de Melody Dye sobre el aprendizaje de los nombres de los colores en niños de 2 a 6 años. Se trata de un estudio estadounidense, lo que quiere decir que no es directamente aplicable a otros países por varias razones, pero los resultados de la investigación me parecen tan curiosos que no puedo resistirme a comentarlos.

La investigación arrancaba tratando de encontrar una manera de acelerar el proceso de aprendizaje de los nombres de los colores por parte de los niños. Al parecer los niños son capaces de aprender rápidamente los nombres de las cosas (casa, perro…) pero tienen problemas durante bastantes años para nombrar correctamente los colores (rojo, verde…). En el artículo se comenta la complejidad inherente a su aprendizaje dado que el mundo está siempre lleno de colores, pero no de cosas (osos, camiones…), lo que podría explicar parte de la dificultad que separa el aprendizaje de los nombres de los colores del de los objetos. Además se comenta la amplia y subjetiva variedad de tonalidades, que hacen de su aprendizaje algo bastante cultural.

La parte interesante llega cuando se tiene en cuenta que en inglés, los adjetivos suelen ir delante del nombre (“the red ballon” es una construcción más habitual que “the ballon that is red”, particularmente en adultos). Esta peculiaridad del idioma tiene un efecto que pasaba desapercibido para investigaciones anteriores: no da un contexto que facilite la compresión y atención del niño. Al empezar diciendo “coge la roja X” el niño es incapaz de usar esa información para nada hasta que despeja X.
Dicho de otro modo: el color es en efecto una propiedad de los objetos, y por eso no da información por sí mismo (necesitamos conocer el objeto al que pertenece), por lo que no nos permite tener a priori una imagen mental de nada, y por ello el niño, no pudiendo visualizar la conversación (una peculiaridad de la atención en los seres humanos), ve mermada su capacidad de aprendizaje (no olvidemos que esto se suma a la propia complejidad mencionada del tema de los colores).

Tras realizar pruebas a dos grupos de niños, teniendo cuidado de usar adjetivo+nombre en uno y nombre+adjetivo en el otro, confirmaron que un método para reducir el tiempo de aprendizaje de los colores en los niños era, en efecto, así de simple: usar la construcción nombre+adjetivo, como en “la pelota roja”.


Curioso ¿no? Pero no es más que otro ejemplo de lo complejos y curiosos que son la psique, el mundo y las relaciones humanas, y de cómo pequeños cambios, detalles que nadie tiene en cuenta, pueden provocar grandes diferencias.

Por supuesto habrá quien defienda, (tras leer este artículo o interpretando mis palabras) el lenguaje políticamente correcto y los disparates ortográficos y gramaticales con fines políticos, pero yo creo (y es solo mi opinión) que si hay algo que debería quedar claro con este estudio en particular, es que el idioma debe adaptarse al ser humano y ser una herramienta que le permita comunicarse con sus semejantes manteniendo la atención en lo esencial. El idioma no debería ser algo obtuso, verboso, difícil de seguir y con objetivos morales de dudosa realidad.

Por último, y aquí ya entro en terrenos resbaladizos y seguro lleno de amantes del esperanto, no puedo dejar de preguntarme, si el idioma, tanto hablado como escrito y sus peculiaridades (grafía, curva de aprendizaje, declinaciones, géneros, etcétera) no tendrán un efecto relevante en los grados de analfabetismo, éxito, o problemas sociales de las diversas naciones o culturas. Y a raíz de esta idea me pregunto si teóricamente se podría diseñar un idioma “óptimo” desde 0, algo que maximizase de alguna manera las capacidades de los seres humanos o al menos de un grupo de ellos. Pero esto, como ya he dicho, es terreno resbaladizo y la pendiente lleva a la ciencia ficción.

domingo, agosto 29, 2010

Tecnología del siglo pasados VS. usuarios del siglo XXI

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En pleno siglo XXI, cuando los tecnócratas del ala más dura se dedican a discutir sobre el icono más adecuado para el botón de guardar, bajo el estandarte de la usabilidad, la ergonomía y el buen gusto, me estoy topando con algo que en nuestro afán tecnológico, solemos perder de vista: la testarudez del usuario.
Hace poco he tenido la ocasión de pasar una gran cantidad de tiempo en el hospital, en una planta alta, y por ello obligado a usar en bastantes ocasiones el ascensor, donde me he cruzado con una gran cantidad de personas diferentes y me he dado cuenta de que la gente va más en modo “consciencia automática” de lo que pensaba. Y digo consciencia automática como sinónimo de “sin usar una sola neurona en el proceso” tal y como lo harían un mono o periquito amaestrado.
Creo que lo mejor será comentar las diferentes decisiones que deduzco debe llevar a cabo cualquier persona que quiera ir de una de las 8 plantas a cualquier otra del hospital.
Lo primero que debe decidir un usuario es el medio: ascensor o escalera. Dado que están unas justo en frente de las otras, a escasos 2 metros de distancia, es imposible no ver una opción sin ver la otra al lado.
Lo segundo que debe decidir un usuario es si quiere subir o bajar. Si se eligen las escaleras la cosa está clarísima, te diriges a las que suben o a las que bajen. El caso del ascensor sin embargo es más sibilino, al menos para determinados usuarios.
El ascensor de cualquier planta intermedia tiene dos botones, uno con flecha arriba y otro con flecha abajo. Yo quizá por mi profesión, entiendo la analogía: arriba para ir arriba, abajo para ir abajo. Sin embargo la gente corriente parece no captar el significado de los símbolos y he llegado a escuchar las siguientes dos pseudo-teorías expuestas a menudo durante la espera o el trayecto entre sesudos interlocutores: “pulsa abajo si la planta en la que estás está por debajo de la que quieres ir” o “pulsa ambos para que vaya más rápido”.
Si el usuario ha optado por las escaleras, aparte de decidir si sube o baja, no tiene que hacer nada más, pero quien ha tomado el ascensor, ha de tomar un número adicional de decisiones tales como:
  1. Qué ascensor elegir, el de la derecha o el de la izquierda.
  2. Qué hacer si el ascensor parece lleno.
  3. Qué piso pulsar.
  4. Qué hacer si el piso al que vamos ya está pulsado.
  5. Qué hacer si se abren las puertas.
Todas estas decisiones requieren de un pequeño análisis de la situación y una idea de cómo funciona un ascensor (a.k.a: modelo mental), que sin embargo falla en multitud de ocasiones, algunas de las cuales pueden resultar “normales”, como cuando se abren las puertas y no estás seguro de qué piso es porque vas distraído, pero otras son más curiosas y extravagantes. Por ejemplo:
Algunas personas, tras haber pulsado “bajar” cuando querían subir (pseudo teoría nº 1), pulsan “subir” por impaciencia (pseudo teoría nº 2, véase como fusionan o alternan diferentes modelos mentales por mero capricho).
Algunas personas eligen esperar un ascensor durante 5 minutos antes de decidirse a subir (¡o bajar!) un tramo de escaleras realmente corto, de una sola planta.
Muchos individuos pulsan de manera compulsiva el botón de la planta a la que desean ir, cuando este ya ha sido pulsado y mostrando la típica luz de selección. Algunos incluso lo pulsan cuando otro viajero acaba de pulsarlo ante sus narices.
Los peores son los que entran sin dar a ninguna planta, inconscientes del hecho de que deben pulsar la planta de destino y que podríamos confundir con una distracción, pero que ante una pulsación de otro viajero (casualmente a la misma planta a la que desean ir) se ponen nerviosos y repiten la pulsación dos o tres veces como pensando “por si acaso” o tratando de compensar su error.
Supongo que este comportamiento errático, confuso y absurdo, que satura e inutiliza los ascensores, particularmente cuando el número de usuarios crece, es lo que se consigue cuando pones a un puñado de primates evolucionados de la sabana africana, en un sistema pequeño, conocido, previsible, seguro y simple. Y es algo que quizá arroja algo de luz sobre lo que sucede cuando se sitúa a 6 mil millones de esos primates en un sistema mundial y masivo, complejo, indefinido, imprevisible, cambiante e inseguro como la economía, ya sea capitalista, comunista o cualquier otra combinación como socialista, liberal, etc., ...
Por cierto, sobre este tema del comportamiento humano y la toma de decisiones hay una interesante charla TED de Dan Ariely en 2008 (o el libro) sobre la toma de decisiones y un libro de Gerd Gigerenzer que podrían interesar al lector.

Artículo relacionado. Javier Pérez y las amables gentes de Madrid.