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viernes, noviembre 09, 2012

Nos vemos en el otro lado

Bueno, ya es oficial, me he mudado a Wordpress.

Han sido unos cuantos años desde que empezase a escribir en este blog, en los que he generado un contenido interesante (al menos para mi), que me gustaría conservar. Pero la dejadez de Google hacia su propio servicio, Blogspot, que me ha servido durante estos 6 años, me ha convencido dar el paso a una plataforma de blogging mejor y más completa. Una desde la que pueda hacer uso de las características de Word 2010/2013 para publicar, por ejemplo. Muy cómodo y conveniente.

Así que desde hace unos días, los interesados podéis apuntaros el blog al que he migrado todos los contenidos y donde seguiré escribiendo a partir de ahora: http://jbolano.wordpress.com

Nos vemos en el otro lado.

jueves, septiembre 27, 2012

Una breve historia del desarrollo de software

 

  dishi

Disclaimer: este artículo es un simpático ladrillo que me ha encantado escribir.

El desarrollo de aplicaciones informáticas tiene muchos nombres y variantes hoy en día:

Desarrollo de software, desarrollo informático, hacer webs, escribir apps, programación a secas, tirar líneas, o simplemente “Desarrollo” si estás en el mundillo. Cada uno usa la expresión que mejor le parece por historia, conocimiento o costumbre, pero en general, todos sus nombres pierden por el camino la esencia, historia y detalles de lo que es el desarrollo de aplicaciones.

Conocida oficialmente en su origen como programación, este noble arte (algunos dicen que ingeniería, otros hablan de craftmanship, e incluso hay quien lo concibe como juego o deporte) se inició en su forma actual* con máquinas muy distintas, en forma y tamaño, a las que conocemos hoy día: monstruosas toneladas de vidrio y metal que ocupaban enormes habitaciones y cuyo coste alcanzaba sumas tan solo al alcance de gobiernos y corporaciones.

Estrictamente hablando, el acto de programar estas máquinas en los años 40 tenía poco de soft y mucho de hard, dado que se realizaba primero mediante la manipulación del propio cableado y luego mediante instrucciones en tarjetas de cartón perforado (elementos físicos todos).

Tras ese pasado remoto de tarjetas perforadas y bombillas de colores, vinieron los monitores de fósforo verde y la miniaturización a lo largo de 30 años, posibilitando el alunizaje del difunto Armstrong en su misión Apollo de 1969. Alrededor de 10 años más tarde, en los 80, las masas identificarían a Bill Gates y Steve Jobs como los iconos de esta época, pero no los únicos. Quizá muchos recordemos los Spectrum, Comodore y Amiga que tantos padres metieron en casa para sus hijos, junto con las enciclopedias y vídeos Beta o VHS.

Toda esta generación de los 80 se basaba en cintas y discos magnéticos para almacenar los programas, soportes como como los anacrónicos disquetes que aun vemos en los botones de “Guardar” de la mayoría de aplicaciones. Esto permitió al común de los mortales no solo poder guardar sus datos y programas. Sino también crearlos sin tener que gastar una fortuna en tiempo y dinero usando cartones o hilos de cobre. Habíamos dado un salto de gigante en el desarrollo de software en cuanto a coste y velocidad de creación y distribución. De repente, todo el mundo era un creador de software y contenidos digitales en potencia.

Una vez extendidos a las oficinas de todo tamaño y metidos en las casas de los early adopters, la tecnología mutó la forma y los usos del aparato, desde la torre beige, al portátil negro o plateado y el netbook multicolor, mientras veíamos Cheers, Corrupción en Miami y Los Vigilantes de la Playa, los ordenadores se convirtieron cada vez más en un objeto personal, de esos que llevas contigo a todas partes.

Sin lugar a dudas en los 90 y 00’s llegamos a tener “un PC en cada hogar” aunque no exactamente como deseaba Gates si reparamos en la manzana que adorna ciertas máquinas Intel. Sin embargo, a mi juicio, lo más interesante de los ordenadores en los años 90 fue: 1) la capacidad de conectarse entre sí (localmente y por Internet), y 2) la conversión de esta herramienta de trabajo y juego, en herramienta de creación y comunicación multimedia de facto. Quien más y quien menos, hizo entonces (y hoy) uso de: correo electrónico, redes sociales (primitivas, eso sí), cámaras de foto y video digitales… y foros de desconocidos con intereses comunes. Curiosamente este uso de los foros es quizá lo más espectacular de todo, pero supongo que es cuestión de opiniones.

Si no te da vértigo comprender que el ordenador pasó en solo dos décadas de mera herramienta de trabajo y entretenimiento, a ser a la vez, tanto El Canal como La Herramienta Universal, es que no lo has entendido nada. La mayoría de la gente sin embargo sí lo entendió, y con ello su potencial se volvió ilimitado: comercio, medicina, política, astrofísica, publicidad, crimen organizado… nada le fue ajeno desde finales de los 90. Y por eso mismo terminó hinchando la Burbuja Puntocom, pero eso es otra historia y ahora estamos más preocupados con la burbuja inmobiliaria y de deuda soberana Europea.

En cualquier caso, la programación pega otro vuelco y se comienzan a escribir código libre y abierto por grupos internacionales de desconocidos, se produce el equivalente a la explosión del Cámbrico en los virus informáticos y el navegador y los servidores web se convierten de facto en una plataforma de desarrollo de primer orden.

Finalmente, en la primera década del siglo XXI, ayer mismo, el mundillo se revuelve de nuevo, llevando al formato de Turing a ocupar un lugar en nuestros bolsillos y convertirnos, primero en oficinas con patas gracias a Palm y RIM, y poco después en omnipresencias virtuales. Blackberry, Google, Twitter, Facebook y demás servicios online, eclipsan al todavía gigantesco Microsoft. Amazon se merienda el mercado editorial y Apple deja en ridículo a toda la industria audiovisual. Se abre una nueva era de desarrollo web (la Web 2.0 dicen, pero eso ya está obsoleto), servicios escalables, tratamiento masivo de datos personales, alta disponibilidad, integración... Y por si fuera poco, la informática y sus desarrollos se vuelven móviles con Nokia y Apple añadiendo nuevas tecnologías, nuevas técnicas y nuevos problemas para los desarrolladores.

Y nos plantamos al fin en Agosto de 2012. Los tablets han llegado para quedarse, ofreciendo una plataforma más interesante que los móviles si cabe, y con Microsoft apostando por ellos con un inesperado Windows 8 todoterreno: Móvil, Tablet, Escritorio. Un sistema tan bueno que estoy usándolo hoy mismo para trabajar contra los servicios cloud de Sharepoint y los servidores de mi oficina en ODM Computers, mientras escribo esto con la beta de Office 2013. Curiosamente aún está ahí el disquete para guardar el documento, aunque ahora lo haga directamente en Skydrive, el servicio de almacenamiento online de Microsoft (entre otras cosas).

La palabra mágica a desde hace unos pocos años, creo que es ecosistema. De poco sirve ya tener una aplicación específica corriendo en el servidor de un sótano como en los 40 o 70. Poco nos importa si el ordenador que tenemos es más o menos rápido como en los 80 o 90. La elección del sistema operativo no tiene demasiado impacto desde los 00’s aunque les pese a los fanboys de iOS y Android. Ahora lo que nos interesa es saber si podremos usar nuestro ordenador, Tablet o teléfono en casa, en la oficina y en la calle. Si nos dará problemas de compatibilidad con el Wifi, o si nos aportará algo al conectarlo a la tele, el coche o la red de ese Starbucks tan cómodo. Y saber si con él podremos sacarle todo el jugo a los servicios de la nube: Dropbox, Amazon, Youtube, Azure

Así que para ir acabando… el desarrollo de software ha pasado por muchas etapas en un periodo de tiempo muy comprimido y en cada una ha ido ganando complejidad, añadiendo capas de abstracción y mejorando todo lo existente anteriormente de manera fulminante (a ver quién se acuerda de Word Perfect, Altavista o Myspace). Y durante ese viaje, los desarrolladores hemos ido aprendiendo por las malas que cada problema es muy distinto y requiere distintas aproximaciones: calcular trayectorias balísticas, crear sistemas bancarios para grandes empresas, hojas de cálculo para pymes, editores de imagen para amateurs, sitios web para grupos privados… son cosas muy diferentes en casi todo. Pero no solo son problemas diferentes, sino que las herramientas para resolverlo han ido mutando y creciendo aceleradamente hasta formar una miríada de plataformas, estándares y personas que deben funcionar juntos.

Como desarrollador debo decir que ha sido un viaje alucinante. Pero lo mejor está aún por llegar. Por lo pronto tenemos un hito semejante al desembarco de Normandía en el mundillo tecnológico: Septiembre de 2012, Windows Reimagined. Por cortesía de Steven Sinofsky. Donde lo que presenta Microsoft no es solo un nuevo sistema operativo, sino un cambio de filosofía radical del que todos sus productos y servicios son partícipes. Y salga bien o mal, creo que es algo que voy a disfrutar.

FIN

*Según a quien preguntes y lo pesado que se ponga, puedes hablar de ábacos en el 2400 a.C. o telares programables en 1726, pero prefiero ceñirme a la idea común de ordenador o computadora que todos relacionamos con IBM, la NASA o Alan Turing.

viernes, agosto 17, 2012

Libro: Bajo presión


Título: Bajo presión. Cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente.

Autor: Carl Honoré

Editorial: RBA



El título es algo engañoso. Honoré no nos va a decir como educar a nuestros hijos, aunque si hacemos caso a lo que cuenta, esa era su intención al iniciar la escritura de este libro.  Lo que sí hace Honoré es buscar y descubrir formas de educar a los niños, analizar qué parece funcionar y qué no, o incluso qué puede ser dañino. Y ya es bastante.

Puede que para algunos padres o interesados en el tema, esta obra sea algo novedoso, pero me temo que a mi me pilla un poco tarde. Ya creo (porque hablar de “saber” me parece absurdo venga de quien venga cuando hablamos de educación) que la educación es algo tremendamente complejo, con muchos intereses cruzados y opuestos de las comunidades de padres, profesores, editores, políticos… Entiendo que extraer conclusiones es terriblemente difícil dado que la educación es algo que abarca décadas, y también entiendo que la estadística solo funciona con números grandes, nunca con individuos. Así que gran parte de lo interesante del libro, me pilla un tanto de vuelta. Aun así está bien para reafirmarse, para ver como cosas que crees, son respaldadas por alguien con datos y mejor defendidas de lo que podría hacer uno mismo. Y es agradable ver durante el periplo de Honoré, que hay muchas iniciativas en marcha en el mundo para mejorar la educación y reducir la locura en la que se han convertido muchas sociedades y sistemas educativos.

Lectura altamente indicada para padres, educadores y personas relacionadas o interesadas con la formación y la educación pública y privada.

A continuación, algunos extractos:

Marilee Jones, ex docente a cargo de las admisiones en el MIT, observó que el campus había perdido parte de su brillo creativo. Concluyó que el proceso de admisión estaba descartando a los inconformistas, a las personas del estilo de Bill Gates, los rebeldes que persiguen una idea por sí misma en vez de complacer a los padres o a los posibles jefes.

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Tal vez lo más sorprendente sea que los exámenes no constituyen ninguna prioridad en Finlandia. Aparte de los exámenes finales al término del instituto, los niños finlandeses no se enfrentan a exámenes estándar. Los profesores los ponen pruebas en sus respectivas áreas, y las escuelas comprueban la evolución de los alumnos, pero la idea de empollar para las pruebas de acceso a la universidad es tan ajena a Finlandia como una ola de calor en invierno. Ello plantea una deliciosa ironía: el país que pone menos énfasis en la competencia y los exámenes, que  muestra un menor interés por las escuelas preparatorias y las clases particulares, es siempre el primero del mundo en los competitivos exámenes de PISA.

Según Domisch Rainer, experto en educación alemán que ha vivido casi treinta años en Finlandia, esta paradoja se debe a que el sistema finlandés antepone las necesidades de los niños a los ambiciosos deseos de padres y burócratas.

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Logramos buenos resultados generales porque atendemos a todos los estudiantes – dice Kassinen. La clave es que los chicos de todas las capacidades estén juntos en la misma clase: al fin y al cabo, así es la sociedad.

Los informes de la OCDE lo confirman: en los países que evitan la división de alumnos según sus aptitudes, hay mejores estudiantes.

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Los maestros de escuela fineses tienen una tendencia excesiva al método de instrucción tradicional de pizarra y lección. Es extraño, si tenemos en cuenta su afición a la tecnología, pero los finlandeses tampoco se han apresurado a informatizar sus aulas.

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Tal vez la lección más amplia es que no hay una fórmula mágica para mantener a los niños controlados, ni hace falta que la haya. Sólo hay que pensarlo un momento: ¿hay algo más espeluznante que un niño que se comporte de modo impecable en todo momento? ¿O una familia que nunca se pelee? Rebelarse contra la autoridad forma parte del crecimiento –todos lo sabemos instintivamente- y el conflicto es un rasgo de la vida familiar. Tal vez no resulte agradable que los niños estén enfurruñados, den portazos o digan entre dientes “Te odio”, pero eso es parte del trato paterno filial.

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Después de que los románticos entronizaran la idea de la inocencia infantil, el miedo a la corrupción no cesó de intensificarse. Los críticos advirtieron que leer cómics estimularía en exceso a los jóvenes y los llevaría a cometer crímenes y actos disolutos. Otros temían que el trabajo en las fábricas de la Revolución Industrial mancillaran moralmente a los niños, lo que motivó que algunos jefes contrataran a monjas o enfermeras para tranquilizarse la conciencia. Como todos los demás miedos sobre la infancia, el temor a la corrupción aumentó en el siglo XX, y se amplió hasta abarcarlo todo, desde la música rock a tiendas de regalos.

Esto nos muestra una de las paradojas más curiosas de la infancia moderna: hoy, al mismo tiempo que nos inquieta nuestra pérdida de inocencia, permitimos, incluso alentamos, que los niños se mojen cada vez más temprano los dedos en la piscina adulta. En parte se debe a nuestro deseo de acercarnos a los hijos, de fortalecer el estatus de “mejor amigo”. Al fin y al cabo, nada une más a dos personas que un pasatiempo compartido. Sólo hay que oír cómo deliran algunas madres sobre hacer limpiezas de cutis y pedicura a sus hijas de nueve años.

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Claro está que el papel de los padres sólo es una parte de la ecuación. Más allá de la familia, debemos replantear las normas que gobiernan todo lo tocante a las vidas de los niños: escuela, publicidad, juguetes, deportes, tecnología, tráfico. Eso implica aceptar algunas verdades incómodas: que los coches deben ocupar menos espacio en nuestras calles, que gran parte del mejor aprendizaje no puede medirse, que los chismes electrónicos no pueden reemplazar algunas cosas, que la medicación debe ser el último recurso ante un comportamiento difícil, que nuestra adicción colectiva al consumo debe acabar.

martes, agosto 14, 2012

El abismo




Como desarrollador con unos cuantos proyectos a mis espaldas, he llegado a identificar como uno de los problemas más importantes a resolver lo que llamamos "gap" tecnológico del usuario. ¿Qué este gap tecnológico? Pues se trata de la falta de determinados conocimientos tecnológicos (del usuario o cliente), que imposibilitan la comprensión y uso de un sistema.

Esta tierra de nadie, esta zanja en el camino a la solución tecnológica, puede ser de distintos tamaños, yendo desde la simple ignorancia de un pequeño truco o utilidad como puede ser el usar el TeclaControl+F para buscar palabras en un documento, o el TeclaWindows+escribir para encontrar una aplicación en sistemas Windows 7/8, a algo mucho más profundo y peligroso como puede ser la total falta de conocimientos no ya en informática (que al fin y al cabo solo existe masivamente desde hace unos 50 años) sino la más completa ignorancia sobre qué es un automatismo, ordenador o máquina.

Con esto quiero decir que en casos leves es solución suficiente señalar al usuario dónde está un menú, o hacerle una demo de una funcionalidad nueva, pero en demasiadas ocasiones nos encontramos ante la ausencia del marco necesario para entender un carajo.

Este caso sería el del típico empleado que guarda toda su información en su ordenador local, y desconoce lo que es un fallo de hardware, una copia de seguridad, la naturaleza electromagnética de la información de su disco o RAM (volátil), las soluciones gratuitas de backup local y online, el valor de su información, etc…

Este tipo de usuarios puede ser un auténtico problema en entornos informatizados (cualquier oficina de más de 2 personas a día de hoy) por varias razones:

1.      Por un lado su falta de conocimientos hace que use mal las herramientas, en general infrautilizándolas y perdiendo un montón de tiempo al cabo de día por ello.

2.      Por otro lado, todo ese tiempo malgastando es tiempo que alguien tiene que pasar esperando o se transforma en trabajo extra para otros compañeros (por baja productividad o control de daños).

3.      La frustración que produce usar mal las herramientas lleva al usuario a estar descontento con las herramientas y eso genera una carga negativa a día a día que puede sumarse a otras cosas para generar un mal ambiente de trabajo.

4.      La lentitud y complejidad extra añadida al trabajo por un mal uso de la herramienta, suele  pasar factura a la concentración del trabajador, empeorando sus resultados.

5.      La imagen de la tecnología y los cambios, se ve empañada a ojos del usuario por todo lo anterior, generando una animadversión a la tecnología y el cambio. Algo que a la larga puede matar a una empresa o industria al completo.

Por si todo esto no fuera ya bastante malo, resulta que la llamada brecha digital solo se amplía con el tiempo y llega un punto en que se hace tan grande que tratar de superarla uno mismo cuesta mucho más de lo que podemos asumir, en particular en condiciones de estrés y negatividad como las que enumeraba antes. Y en cuanto a confiar en terceros…  reconozcámoslo: la mayoría de los cursos de formación tecnológica tienen mucho de estafa (ofertas de pocas horas concentradas, malos docentes, programas rígidos…) o un desastre por falta de tiempo (RRHH contratando basurilla y presionando para abaratar algo con que llenar el expediente).

Es por todo esto que el gap tecnológico, la brecha no tanto digital como tecnológica, es tan peligrosa: provoca problemas reales, reduce la productividad, aumenta con el tiempo, se contagia a su alrededor y no existe una solución definitiva para ella.

Así que ahora que sabemos qué es y cómo nos afecta, preguntareis “¿cómo arreglamos este gap, este abismo de conocimientos que está cargándose la viabilidad de mi empresa?” La respuesta es, en mi opinión, que no se puede resolver, solo podemos tratar de minimizar el problema. Y para minimizarlo, al margen de reconocerlo en nosotros (sí, todos lo tenemos, no se libra ni Dios) y en los demás, debemos tratar de atacarlo a la mínima oportunidad: si vemos que nuestros compañeros desconocen algo o realizan tareas que debería estar realizando una máquina, debemos acercarnos y ayudar con ello. Se requieren también paciencia, curiosidad y humildad para reconocer nuestra propia ignorancia y ocasional estupidez. Y se requiere una voluntad de equipo para tratarla entre todos en el día a día, a pesar del estrés, los roces y los humos de cada uno de nosotros. Pero sobre todo, creo que se requiere valor y asertividad para cuestionarlo todo (independientemente de la jerarquía) y disentir públicamente.

¿Difícil? Sí. ¿Incómodo y desagradable en muchos casos? Desde luego. Pero la alternativa dada la velocidad de los acontecimientos, es el fracaso a medio y largo plazo. Y si no, que se lo digan a la industria musical (barrida por iTunes y el P2P), la industria del cine (barrida por Megaupload y los torrents) o la industria editorial (barrida por Amazon y los ebooks) entre otras afectadas por no tener un marco de conocimientos adecuado sobre la tecnología y las herramientas.

Lecturas relacionadas MUY recomendables: Philip Zimbardo, Gerd Gigerenzer, Usuarios del siglo XXI, Robert J. Stenberg.

jueves, agosto 02, 2012

Ya.com y sus regalos

Durante unos cuantos años fui un cliente de Ya.com más o menos satisfecho. Pura suerte, ya ven. Pero con el paso del tiempo, las prácticas de telemarketing de dudosa ética y legalidad y los comportamientos irregulares de lo que pensaba era la línea, acabé pasándome a Jazztel.


El caso es que el teléfono fijo e inalámbrico que uso en casa, fue parte del kit de bienvenida que ofertaba Ya.com hace unos tres años, y el otro día le dio por cascar. La pantalla de cristal LCD dejó, de un día para otro, de mostrar información más allá de unas rayas que hacían poco usable el terminal. Como me gusta tratar de arreglar las cosas y me tomo tiempo y cuidado cuando puedo, me dio por destripar el aparato con la esperanza de poder repararlo, antes de tomar la decisión de comprar uno nuevo. Y en esa operación descubrí algo inquietante.


El terminal parece que sufrió algún fallo y fue reparado por algún herrero, a la luz del estado de los componentes. Una chapa levantada, posiblemente para soldar algo de circuitería, y vuelta a poner en su sitio con los dientes por lo menos. Tras la hazaña de herrero de taller clandestino, le debieron poner la pegatina de refurbished, y acabó en un lote de bienvenida de Ya.com. En mi casa. Y cascando.


Así que amigo lector, si tienes problemas en casa con tu ADSL de Ya.com, recuerda que es más que probable que el problema sea del material de mercadillo que te entregaron y que supusiste que sería barato, pero no barato además de defectuoso.


Ah, y comprueba los microfiltros. Me dicen que a veces esos cabrones fallan.


Por si alguien tiene curiosidad tecno-morbosa, adjunto las fotos del trabajo herreril del proveedor de Ya.com. Véase el machaque de la chapa de la pegatina verde:









PD: El teléfono se recuperó bien una vez desmontado el LCD, limpiado la zona, vuelto a colocar las conexiones en su sitio y aplicado presión a base de silicona.


PD2: Jazztel bien, gracias. Aunque parece que mi oscuro pasado con Vodafone (con quienes no volvería ni cobrando) les pone un poco nerviosos a la hora de dejarme contratar móviles. Peor para ellos. Yoigo va muy bien.





Educando con el ejemplo

A los niños hay que enseñarles a apreciar las cosas buenas de la vida. Cómo el Doctor Who.


miércoles, julio 18, 2012

Libro: Piano. La historia de un Steinway de gran cola


Titulo: Piano. La historia de un Steinway de gran cola.
Autor: James Barrow 
Editorial: Alba 




Qué pasada de libro.

Imagino que no todo el mundo lo verá así, pero para mi, leer esta obra está al nivel de catarsis tras años de clases de piano practicamente olvidadas (más por imposibilidad de practicar que por desgana). Ha supuesto volver a escuchar las obras de Beethoven, Bach, Tchaikovsky o Rachmaninov con un interés adicional y un conocimiento orgánico del instrumento en si y de su historia (sin ser más que aficionado, ojo). Y ha supuesto volver a avivar con mi interés de la niñez por dos fabricantes de instrumentos: Steinway y Stradivari.

Puede que a quien no haya estudiado piano, o a quien no le interesan la fabricación (diseño, avances técnicos…) de instrumentos (no solo los musicales) no le parezca una obra tan buena, pero desde luego, es una buena obra. De ello se encarga James Barrow (perfectamente traducido), que transpira calidad al narrar el relato, ejerciendo como dios manda el oficio de periodista.

Retrospectivamente, es posible que leer este tipo de obras (aun tengo pendiente la reseña del de violín) me hubiesen animado más y mejor en el aprendizaje de un instrumento, pero esa historia ya es agua pasada, y a día de hoy su lectura me anima a educar en lo musical y en lo científico/técnico a mi hija. Así que si eres un nuevo estudiante de música (no exclusivamente de piano), un viejo aficionado, un fan de la música clásica, un fabricante de herramientas (desarrolladores de software incluidos), o incluso un aspirante a empresario, deberías leer este libro.

El siglo de historia que narra, nos acerca, no solo a la fabricación de un instrumento de precisión moderno, sino a la historia de una empresa, la de los cambios tecnológicos y económicos acaecidos, y la relación del hombre, del especialista, con sus herramientas.

Como hay más y mejores críticas en lugares como Amazon http://www.amazon.com/Piano-Making-Steinway-Concert-Grand/dp/0805078789 , lo dejaré aquí, solo para recomendarlo encarecidamente y para poner las habituales citas interesantes.


La RCA comercializaba la marca de radios más vendida en la nación y Sarnoff comprendió lo que podían ofrecer: entretenimiento con solo girar un botón… No hacían falta ni clases ni talento y las radios eran más baratas que los pianos, que los Steinway en particular. [Tras haber sobrevivido al fonógrafo y al tocadiscos…] en 1933 dos terceras partes de los hogares estadounidenses tenían receptor de radio.
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Incluso los clientes que querían comprar un piano de cola no querían modelos grandes. Las casa adosadas iban desapareciendo en Nueva York y, en su lugar, surgían edificios de apartamentos. Henry Z. Steinway nación en un piso del edificio que se erigió en el solar de la Cuarta Avenida que ocupaba la primera fábrica Steinway. Lo que mantuvo a Steinway & Sons cuando la gente tuvo que conformarse con viviendas más pequeñas que las casas adosadas de sus padres fue el modelo M, un piano de cola que empezó a fabricarse en 1912 y que medía un metro menos que los gran cola como el K0862 (el protagonista del libro, un modelo D).
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El problema de los pianos es que son orgánicos y cambian constantemente. No tienen nada que ver con la fabricación de neveras y cosas así.
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[Acerca del ajuste de cuerdas en el piano] Utiliza una herramienta que tiene una especie de gancho al final y tira con fuerza. “Algunos llevamos pinzas de médico, de las que usan para cortar hemorragias, que parecen unas tijeras largas”, dice. Se refiere a las pinzas de hemostasia; algunas tienen dientes en los filos y vienen muy bien para tirar de las cuerdas.