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martes, agosto 14, 2012

El abismo




Como desarrollador con unos cuantos proyectos a mis espaldas, he llegado a identificar como uno de los problemas más importantes a resolver lo que llamamos "gap" tecnológico del usuario. ¿Qué este gap tecnológico? Pues se trata de la falta de determinados conocimientos tecnológicos (del usuario o cliente), que imposibilitan la comprensión y uso de un sistema.

Esta tierra de nadie, esta zanja en el camino a la solución tecnológica, puede ser de distintos tamaños, yendo desde la simple ignorancia de un pequeño truco o utilidad como puede ser el usar el TeclaControl+F para buscar palabras en un documento, o el TeclaWindows+escribir para encontrar una aplicación en sistemas Windows 7/8, a algo mucho más profundo y peligroso como puede ser la total falta de conocimientos no ya en informática (que al fin y al cabo solo existe masivamente desde hace unos 50 años) sino la más completa ignorancia sobre qué es un automatismo, ordenador o máquina.

Con esto quiero decir que en casos leves es solución suficiente señalar al usuario dónde está un menú, o hacerle una demo de una funcionalidad nueva, pero en demasiadas ocasiones nos encontramos ante la ausencia del marco necesario para entender un carajo.

Este caso sería el del típico empleado que guarda toda su información en su ordenador local, y desconoce lo que es un fallo de hardware, una copia de seguridad, la naturaleza electromagnética de la información de su disco o RAM (volátil), las soluciones gratuitas de backup local y online, el valor de su información, etc…

Este tipo de usuarios puede ser un auténtico problema en entornos informatizados (cualquier oficina de más de 2 personas a día de hoy) por varias razones:

1.      Por un lado su falta de conocimientos hace que use mal las herramientas, en general infrautilizándolas y perdiendo un montón de tiempo al cabo de día por ello.

2.      Por otro lado, todo ese tiempo malgastando es tiempo que alguien tiene que pasar esperando o se transforma en trabajo extra para otros compañeros (por baja productividad o control de daños).

3.      La frustración que produce usar mal las herramientas lleva al usuario a estar descontento con las herramientas y eso genera una carga negativa a día a día que puede sumarse a otras cosas para generar un mal ambiente de trabajo.

4.      La lentitud y complejidad extra añadida al trabajo por un mal uso de la herramienta, suele  pasar factura a la concentración del trabajador, empeorando sus resultados.

5.      La imagen de la tecnología y los cambios, se ve empañada a ojos del usuario por todo lo anterior, generando una animadversión a la tecnología y el cambio. Algo que a la larga puede matar a una empresa o industria al completo.

Por si todo esto no fuera ya bastante malo, resulta que la llamada brecha digital solo se amplía con el tiempo y llega un punto en que se hace tan grande que tratar de superarla uno mismo cuesta mucho más de lo que podemos asumir, en particular en condiciones de estrés y negatividad como las que enumeraba antes. Y en cuanto a confiar en terceros…  reconozcámoslo: la mayoría de los cursos de formación tecnológica tienen mucho de estafa (ofertas de pocas horas concentradas, malos docentes, programas rígidos…) o un desastre por falta de tiempo (RRHH contratando basurilla y presionando para abaratar algo con que llenar el expediente).

Es por todo esto que el gap tecnológico, la brecha no tanto digital como tecnológica, es tan peligrosa: provoca problemas reales, reduce la productividad, aumenta con el tiempo, se contagia a su alrededor y no existe una solución definitiva para ella.

Así que ahora que sabemos qué es y cómo nos afecta, preguntareis “¿cómo arreglamos este gap, este abismo de conocimientos que está cargándose la viabilidad de mi empresa?” La respuesta es, en mi opinión, que no se puede resolver, solo podemos tratar de minimizar el problema. Y para minimizarlo, al margen de reconocerlo en nosotros (sí, todos lo tenemos, no se libra ni Dios) y en los demás, debemos tratar de atacarlo a la mínima oportunidad: si vemos que nuestros compañeros desconocen algo o realizan tareas que debería estar realizando una máquina, debemos acercarnos y ayudar con ello. Se requieren también paciencia, curiosidad y humildad para reconocer nuestra propia ignorancia y ocasional estupidez. Y se requiere una voluntad de equipo para tratarla entre todos en el día a día, a pesar del estrés, los roces y los humos de cada uno de nosotros. Pero sobre todo, creo que se requiere valor y asertividad para cuestionarlo todo (independientemente de la jerarquía) y disentir públicamente.

¿Difícil? Sí. ¿Incómodo y desagradable en muchos casos? Desde luego. Pero la alternativa dada la velocidad de los acontecimientos, es el fracaso a medio y largo plazo. Y si no, que se lo digan a la industria musical (barrida por iTunes y el P2P), la industria del cine (barrida por Megaupload y los torrents) o la industria editorial (barrida por Amazon y los ebooks) entre otras afectadas por no tener un marco de conocimientos adecuado sobre la tecnología y las herramientas.

Lecturas relacionadas MUY recomendables: Philip Zimbardo, Gerd Gigerenzer, Usuarios del siglo XXI, Robert J. Stenberg.

martes, octubre 25, 2011

Proactividad



Desde que comencé mi vida laboral, no he dejado de oir, año tras año, empresa tras empresa, la palabra proactividad. Y siempre he sabido que el uso que se le da, es invariablemente erróneo. Normalmente se debe a pura ignorancia, pero a esta a menudo se le añade puro interés y cierta dosis de maldad que nunca deja de asquearme. Porque el concepto de proactividad lo acuñó Viktor Frankl como forma de sobrevivir a un entorno opresivo y malsano, como forma de mantener la vida y la cordura en un campo de concentración nazi.

Así que cada vez que, en un entorno laboral, oigo a alguien decir "hay que ser más proactivo" lo primero que pienso es que posiblemente se encuentra en un entorno psicológicamente malsano, y lo segundo que pienso es que la persona que me lo dice probablemente es una vendemotos con interés en que los empleados trabajen como esclavos.

Puede que esto parezca demasiado duro, pero se basa en mi experiencia y en saber de donde viene realmente el concepto de proactividad. Por supuesto no son leyes inmutables, y puede darse que la próxima persona sepa de donde viene el término, o que lo diga en un entorno donde el trabajo se planifica, se reparte adecuadamente, la gente (en particular los jefes) se responsabilizan e involucran en el día a día y no hay malos rollos. Pero creo que aun falta bastante para que vea ese día.

Para terminar, recomiendo el blog de Estratega, que tiene una entrada bastante buena al respecto de la proactividad, del que me permito copiar algunos extractos para los que no vayan a seguir el enlace:


la idea de proactividad acabó convirtiéndose en cliché y sirviendo varias posturas que no tienen nada que ver con ella, por ejemplo:
  • Practicar la hiperactividad, la impulsividad y asumir el riesgo sin reflexión, olvidando que la proactividad real parte siempre de principios y convicciones propias.
  • Trabajar intensamente
  •  hasta perder las suela de los zapatos o las huellas dactilares, si no quieres que te acusen de no ser “proactivo”.
  • Descalificar cualquier crítica
  • , por bien fundada que esté, al suponer que surge de la inercia y la defensa del status quo, es decir, de la “falta de proactividad”.
  • Identificar la proactividad con “agresividad”, palabra que sorprendentemente es asumida como un valor positivo en muchas organizaciones. Error, pues la agresividad es la manifestación de un entorno de “suma negativa”, en el que alguien pierde a costa de otro. Eso no es sostenible, pues una organización se fundamenta precisamente en lo contrario, en que unidos se es más.

-o-
[Un comentario al blog dice:] Lo más curioso de todo es que la proactividad surge como una resistencia frente a la opresión en condiciones muy duras. No puedo imaginar que nadie pueda comparar su situación con la de un preso del holocausto, pero cuando nos enfrentamos a las dificultades quizás tengamos que dar un paso más. Me explico, era evidente para los perseguidos que lo que los nazis hacían estaba mal, pero nuestra primera labor para ser proactivos es saber que diantres va mal con nuestra empresa, tarea o administración, para luego poder actuar desde valores que sabemos ciertos.Dicho de otro modo, fue proactivo quien, en los tiempos de la burbuja inmobiliaria decidió apostar por la economía de verdad, esa del trabajo, la innovación, el esfuerzo y la honradez, no los que se dedicaron como musarañas inquietas a rebañar las últimas cucharadas del bowl.

PD: La vaca de la imagen es de Ventas con Peña Aguilera.


miércoles, marzo 24, 2010

La estafa de la televisión

 

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El formato de televisión actual al que estamos acostumbrados parece desaprovechar sistemáticamente las posibilidades multimedia del medio en las noticias.

Resulta extraño que pudiendo transmitir imagen en movimiento y sonido, con los ordenadores actuales capaces de recrear fantásticas e ilustrativas imágenes interactivas que apoyen y complementen el mensaje, veamos únicamente durante gran parte del tiempo a un hombre vestido con traje y corbata (o alguien mono con maquillaje, peluquería y vestuario de manufactura profesional) contándonos las noticias (o cualquier otra cosa) como si fuera una historia. Dudo mucho que se trate de un artificio para mejorar la comunicación y sospecho (aunque no tengo pruebas al respecto) que la verdadera razón no es dar toda la información posible al espectador, sino convencer al consumidor de noticias a base de oratoria, imagen y otros trucos psicológicos basados en el aspecto de autoridad y credibilidad, de que lo que se está transmitiendo es la realidad más fidedigna (sin serlo), convirtiendo así lo que debería ser un espacio informativo en una suerte de teletienda donde la mercancía son imágenes baratas y precocinadas.

Otras de las razones para este pensamiento, además del abuso de figuras de autoridad y credibilidad (los machos y hembras alfa trajeados y maquillados, el plató con su mesa gigante, las voces suaves, todo impecable, la tecnología con aspecto de costosa [hologramas, croma]…), son el abuso de imágenes de archivo que no solo no aportan sino que confunden (imágenes que no son del caso, algo de retoque…), la falta de datos objetivos y referencias en el 99’9% de las noticias y el uso absurdo que se hace de estadísticas (denunciados por puro deporte en Malaprensa), sumado a los disparates habituales en materia de ciencia y tecnología.

En resumen, creo que ver las noticias de televisión, hace en general, mucho daño, y que cualquiera que desee informarse con un mínimo (muy mínimo) de rigor hoy día, necesita empaparse de muchas fuentes (extremos políticos, prensa especializada, Internet...) y dar prioridad a informaciones que inviten a la reflexión, el análisis y que intenten de verdad ser comprobables y ampliables (mediante enlaces web, referencias a fuentes de origen, históricos consultables de informaciones pasadas). Cualquier otro tipo de periodismo o similares (programas de debate como los de Intereconomía, casi cualquier debate radiofónico COPE/SER y programas de “humor” como los de Wyoming en La Sexta) son simplemente tóxicos que deberían ser evitados o tomados con cuentagotas y una ración infinita de pensamiento crítico y cinismo.

Por supuesto, las noticias televisivas no cumplen ninguna de las condiciones citadas, pero su facilidad de consumo (a.k.a.: pereza) las convierte en un vector de información y generación de opinión en la sociedad actual, algo que por mucho Internet que tengamos, va a seguir siendo así por algún tiempo, aunque posiblemente la calidad de las noticias vaya a peor antes de mejorar y suponiendo que vaya a mejorar.

jueves, febrero 19, 2009

Bye, bye noticiario

El formato de televisión actual al que estamos acostumbrados parece desaprovechar sistemáticamente las posibilidades multimedia del medio en las noticias.
Resulta extraño que pudiendo transmitir imagen en movimiento y sonido, con los ordenadores actuales capaces de recrear fantásticas e ilustrativas imágenes interactivas, veamos durante gran parte del tiempo únicamente a un hombre vestido con traje y corbata contándonos las noticias como si fuera una historia. Dudo mucho que se trate de un artificio para mejorar la comunicación y sospecho (aunque no tengo pruebas al respecto) que la verdadera razón no es dar toda la información posible al espectador, sino convencer al consumidor de noticias a base de oratoria, imagen y otros trucos psicológicos basados en el aspecto de autoridad y credibilidad, de que lo que se está transmitiendo es la realidad más fidedigna (sin serlo), convirtiendo así lo que debería ser un espacio informativo en una suerte de teletienda donde la mercancía son imágenes baratas y precocinadas.
Otras de las razones para este pensamiento, además del abuso de figuras de autoridad y credibilidad (los machos y hembras alfa trajeados y maquillados, el plató con su mesa gigante, las voces suaves, todo impecable, la tecnología con aspecto de costosa…), son el abuso de imágenes de archivo que no solo no aportan sino que confunden, la falta de datos objetivos y referencias en el 99’9% de las noticias y el uso absurdo que se hace de estadísticas, sumado a los disparates habituales en materia de ciencia y tecnología (recreativas más que informativas).

En resumen, creo que ver las noticias de televisión, hace en general, mucho daño, y que cualquiera que desee informarse con un mínimo (muy mínimo) de rigor hoy día, necesita empaparse de muchas fuentes (extremos políticos, prensa especializada, Internet...) y dar prioridad a informaciones que inviten a la reflexión, el análisis y que intenten ser comprobables y ampliables (mediante enlaces web, referencias a fuentes de origen, históricos consultables de informaciones pasadas).

Por supuesto, las noticias televisivas no cumplen ninguna de las condiciones citadas, pero su facilidad de consumo (a.k.a.: pereza) las convierte en un vector de información y generación de opinión en la sociedad actual, algo que por mucho Internet que tengamos, va a seguir siendo así por algún tiempo, aunque posiblemente la calidad de las noticias vaya a peor antes de mejorar.

Imagen extraída de Wikimedia.

domingo, enero 11, 2009

Libro: El espejismo de DIOS

Libro: El espejismo de DIOS
Autor: Richard Dawkins
Editorial: Espasa

Tenía ganas de leer esta obra desde que la ví anunciada, ya que todos los libros que he leído de Dawkins me han dejado una sensación fantástica y de asombro ante la vida y la naturaleza, así como una (espero) mejor comprensión del mundo.
Dawkins es uno de los personajes públicos más identificados con la lucha contra el creacionismo, al menos originalmente y siempre lo ha hecho desde su campo de conocimiento, que es la biología evolutiva, donde transmite una pasión y asombro maravillosos. Este libro sin embargo, no versa acerca de la vida y la evolución, sino que trata de argumentar lo inútil e innecesario de la religión y lo peligrosa que es la religión organizada.
A lo largo de sus casi 400 páginas, Dawkins va discutiendo cada aspecto de la religión que se pueda imaginar y trata de establecer una visión objetiva y racional de los libros sagrados, la confrontación entre hechos y creencias, fundamentalismos, evolución del cerebro, útilidad de la fe, etcétera. En la Wikipedia hay un análisis bastante extenso y completo del libro así que no me extenderé con el contenido y seguiré con mi opinión sobre el mismo.
Siendo como soy ateo, estoy bastante de acuerdo con el discurso de Dawkins, que aunque no me ha aportado nuevos argumentos para ser ateo, si ha resultado ser una lectura muy interesante por lo completa que es como lectura de argumentación y de discusión sobre la religión. Se podría decir que se trata de un libro esencial para personas con dudas de fe, si es que no tienen miedo claro, y diría que también para agnósticos y ateos recientes ya que ayuda a profundizar en ciertas ideas. El único tema que no me acaba de convencer en el libro y que aparece a lo largo del mismo es el que señala a la religión como un peligro en si misma, y no me convence porque me viene a la cabeza el régimen ateo de Stalin y entiendo que cualquier tarado con una idea fanática (sistemas económicos, políticos, o cualquier otra) puede hacerlo tan bien sin contar con un Dios, como cualquier islamista radical con acceso a explosivos plásticos. No hace falta la religión para justificar genocidios, injusticias o supresión institucional del raciocinio y no creo que realmente sea un elemento peligroso per se, sino más bien un producto más de la degradación intelectual y social.
También me gustaría señalar que leyendo el libro, uno llega a pensar que si la religión es peligrosa en general, lo es con especial peligro y virulencia en el caso particular del Islam, algo a tener muy en cuenta si alguien está tentado de "meterse" con la religión, ya que aquí en España parece que hay obligación de atacar a la Iglesia Católica y defender al resto. Y adicionalmente me ha llamado la atención entender que el budismo, como religión, es tan reprobable como el resto, como bien señala Dawkins al comentar que las desgracias en la vida se interpretan como castigos por haber sido malvados en una "vida anterior" (imaginate si tienes un hijo con deformidades como lo tratarán).
Como curiosidad, me gustaría comentar que me ha dado cierto apuro llevar el libro en público debido a lo enorme y llamativo de la palabra "DIOS" en la cubierta, que puede interpretarse de dos maneras (pro o anti religioso) y dar lugar a miradas extrañas.

Y para terminar me gustaría recordar que hace un par de años me topé con una chica que decía ser atea, pero que realmente no lo era, algo muy común estos días, en los que mucha gente se apunta a -ismos (ateísmo, socialismo, nacionalismo...) por moda y sin tener ni idea de lo que significan (si Pablo Iglesias o Sabino Arana por ejemplo levantasen la cabeza se llevarían un susto al ver a sus "seguidores"). Y digo que ella no era atea sencillamente porque temía a la muerte, y temía "lo que había después" sin poder llegar a expresar más. Claramente supersticioso e incompatible con el ateismo. Lamentablemente esta persona no era capaz de comprender esa incompatibilidad pero me permitió darme cuenta de que incluso en un grupo tan supuestamente racional e independiente como el ateo, existen gente incapaz de pensar por si misma.

En fin, que se trata de un muy buen libro, aunque espero que Dawkins no se convierta en el nuevo Michael Moore o al menos que no lo tomen de manera partidaria como anti católico, ya que reparte para todas las confesiones.