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martes, septiembre 21, 2010

El aprendizaje de los nombres de los colores y los niños


Ayer mismo leí un artículo en Scientifics American (vía Facebook: Why Johnny can’t name his colors) de Melody Dye sobre el aprendizaje de los nombres de los colores en niños de 2 a 6 años. Se trata de un estudio estadounidense, lo que quiere decir que no es directamente aplicable a otros países por varias razones, pero los resultados de la investigación me parecen tan curiosos que no puedo resistirme a comentarlos.

La investigación arrancaba tratando de encontrar una manera de acelerar el proceso de aprendizaje de los nombres de los colores por parte de los niños. Al parecer los niños son capaces de aprender rápidamente los nombres de las cosas (casa, perro…) pero tienen problemas durante bastantes años para nombrar correctamente los colores (rojo, verde…). En el artículo se comenta la complejidad inherente a su aprendizaje dado que el mundo está siempre lleno de colores, pero no de cosas (osos, camiones…), lo que podría explicar parte de la dificultad que separa el aprendizaje de los nombres de los colores del de los objetos. Además se comenta la amplia y subjetiva variedad de tonalidades, que hacen de su aprendizaje algo bastante cultural.

La parte interesante llega cuando se tiene en cuenta que en inglés, los adjetivos suelen ir delante del nombre (“the red ballon” es una construcción más habitual que “the ballon that is red”, particularmente en adultos). Esta peculiaridad del idioma tiene un efecto que pasaba desapercibido para investigaciones anteriores: no da un contexto que facilite la compresión y atención del niño. Al empezar diciendo “coge la roja X” el niño es incapaz de usar esa información para nada hasta que despeja X.
Dicho de otro modo: el color es en efecto una propiedad de los objetos, y por eso no da información por sí mismo (necesitamos conocer el objeto al que pertenece), por lo que no nos permite tener a priori una imagen mental de nada, y por ello el niño, no pudiendo visualizar la conversación (una peculiaridad de la atención en los seres humanos), ve mermada su capacidad de aprendizaje (no olvidemos que esto se suma a la propia complejidad mencionada del tema de los colores).

Tras realizar pruebas a dos grupos de niños, teniendo cuidado de usar adjetivo+nombre en uno y nombre+adjetivo en el otro, confirmaron que un método para reducir el tiempo de aprendizaje de los colores en los niños era, en efecto, así de simple: usar la construcción nombre+adjetivo, como en “la pelota roja”.


Curioso ¿no? Pero no es más que otro ejemplo de lo complejos y curiosos que son la psique, el mundo y las relaciones humanas, y de cómo pequeños cambios, detalles que nadie tiene en cuenta, pueden provocar grandes diferencias.

Por supuesto habrá quien defienda, (tras leer este artículo o interpretando mis palabras) el lenguaje políticamente correcto y los disparates ortográficos y gramaticales con fines políticos, pero yo creo (y es solo mi opinión) que si hay algo que debería quedar claro con este estudio en particular, es que el idioma debe adaptarse al ser humano y ser una herramienta que le permita comunicarse con sus semejantes manteniendo la atención en lo esencial. El idioma no debería ser algo obtuso, verboso, difícil de seguir y con objetivos morales de dudosa realidad.

Por último, y aquí ya entro en terrenos resbaladizos y seguro lleno de amantes del esperanto, no puedo dejar de preguntarme, si el idioma, tanto hablado como escrito y sus peculiaridades (grafía, curva de aprendizaje, declinaciones, géneros, etcétera) no tendrán un efecto relevante en los grados de analfabetismo, éxito, o problemas sociales de las diversas naciones o culturas. Y a raíz de esta idea me pregunto si teóricamente se podría diseñar un idioma “óptimo” desde 0, algo que maximizase de alguna manera las capacidades de los seres humanos o al menos de un grupo de ellos. Pero esto, como ya he dicho, es terreno resbaladizo y la pendiente lleva a la ciencia ficción.

domingo, agosto 29, 2010

Tecnología del siglo pasados VS. usuarios del siglo XXI

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En pleno siglo XXI, cuando los tecnócratas del ala más dura se dedican a discutir sobre el icono más adecuado para el botón de guardar, bajo el estandarte de la usabilidad, la ergonomía y el buen gusto, me estoy topando con algo que en nuestro afán tecnológico, solemos perder de vista: la testarudez del usuario.
Hace poco he tenido la ocasión de pasar una gran cantidad de tiempo en el hospital, en una planta alta, y por ello obligado a usar en bastantes ocasiones el ascensor, donde me he cruzado con una gran cantidad de personas diferentes y me he dado cuenta de que la gente va más en modo “consciencia automática” de lo que pensaba. Y digo consciencia automática como sinónimo de “sin usar una sola neurona en el proceso” tal y como lo harían un mono o periquito amaestrado.
Creo que lo mejor será comentar las diferentes decisiones que deduzco debe llevar a cabo cualquier persona que quiera ir de una de las 8 plantas a cualquier otra del hospital.
Lo primero que debe decidir un usuario es el medio: ascensor o escalera. Dado que están unas justo en frente de las otras, a escasos 2 metros de distancia, es imposible no ver una opción sin ver la otra al lado.
Lo segundo que debe decidir un usuario es si quiere subir o bajar. Si se eligen las escaleras la cosa está clarísima, te diriges a las que suben o a las que bajen. El caso del ascensor sin embargo es más sibilino, al menos para determinados usuarios.
El ascensor de cualquier planta intermedia tiene dos botones, uno con flecha arriba y otro con flecha abajo. Yo quizá por mi profesión, entiendo la analogía: arriba para ir arriba, abajo para ir abajo. Sin embargo la gente corriente parece no captar el significado de los símbolos y he llegado a escuchar las siguientes dos pseudo-teorías expuestas a menudo durante la espera o el trayecto entre sesudos interlocutores: “pulsa abajo si la planta en la que estás está por debajo de la que quieres ir” o “pulsa ambos para que vaya más rápido”.
Si el usuario ha optado por las escaleras, aparte de decidir si sube o baja, no tiene que hacer nada más, pero quien ha tomado el ascensor, ha de tomar un número adicional de decisiones tales como:
  1. Qué ascensor elegir, el de la derecha o el de la izquierda.
  2. Qué hacer si el ascensor parece lleno.
  3. Qué piso pulsar.
  4. Qué hacer si el piso al que vamos ya está pulsado.
  5. Qué hacer si se abren las puertas.
Todas estas decisiones requieren de un pequeño análisis de la situación y una idea de cómo funciona un ascensor (a.k.a: modelo mental), que sin embargo falla en multitud de ocasiones, algunas de las cuales pueden resultar “normales”, como cuando se abren las puertas y no estás seguro de qué piso es porque vas distraído, pero otras son más curiosas y extravagantes. Por ejemplo:
Algunas personas, tras haber pulsado “bajar” cuando querían subir (pseudo teoría nº 1), pulsan “subir” por impaciencia (pseudo teoría nº 2, véase como fusionan o alternan diferentes modelos mentales por mero capricho).
Algunas personas eligen esperar un ascensor durante 5 minutos antes de decidirse a subir (¡o bajar!) un tramo de escaleras realmente corto, de una sola planta.
Muchos individuos pulsan de manera compulsiva el botón de la planta a la que desean ir, cuando este ya ha sido pulsado y mostrando la típica luz de selección. Algunos incluso lo pulsan cuando otro viajero acaba de pulsarlo ante sus narices.
Los peores son los que entran sin dar a ninguna planta, inconscientes del hecho de que deben pulsar la planta de destino y que podríamos confundir con una distracción, pero que ante una pulsación de otro viajero (casualmente a la misma planta a la que desean ir) se ponen nerviosos y repiten la pulsación dos o tres veces como pensando “por si acaso” o tratando de compensar su error.
Supongo que este comportamiento errático, confuso y absurdo, que satura e inutiliza los ascensores, particularmente cuando el número de usuarios crece, es lo que se consigue cuando pones a un puñado de primates evolucionados de la sabana africana, en un sistema pequeño, conocido, previsible, seguro y simple. Y es algo que quizá arroja algo de luz sobre lo que sucede cuando se sitúa a 6 mil millones de esos primates en un sistema mundial y masivo, complejo, indefinido, imprevisible, cambiante e inseguro como la economía, ya sea capitalista, comunista o cualquier otra combinación como socialista, liberal, etc., ...
Por cierto, sobre este tema del comportamiento humano y la toma de decisiones hay una interesante charla TED de Dan Ariely en 2008 (o el libro) sobre la toma de decisiones y un libro de Gerd Gigerenzer que podrían interesar al lector.

Artículo relacionado. Javier Pérez y las amables gentes de Madrid.

martes, agosto 24, 2010

Tantas cosas por escribir: Una de vídeos

Tengo montones de ideas y artículos a medio escribir o esbozados, pero no el ánimo y el tiempo para completarlos y ponerlos por escrito, así que este post va a ser sencillo, varios vídeos y direcciones interesantes para ampliar conocimientos sobre temas que al menos a mi me parecen relevantes. Lo malo, es que son todos en la lengua de Shakespeare, que aunque no debería ser un problema en pleno siglo XXI en un país de la Unión Europea, es como mínimo incómodo para muchos. En fin aquí va el popurrí:

Chip Conely, en una charla de TED, sobre lo que realmente importa en la vida: ser felices. Aunque personalmente el tipo me parece un vendemotos que mezcla hábilmente filosofías orientales y anécdotas, da que pensar, incluso a pesar de que odio el abuso de frases célebres que en mi opinión hace. El vídeo, contiene subtítulos en la web, para los perezosos, pero se entiende perfectamente si sueles ver series americanas en V.O.




El siguiente vídeo titulado The secret powers of time, de RSA Projects, trata sobre la diferente percepción y actitud de las personas desde el punto de vista del tiempo. Divide a las personas en 3 grupos, las orientadas al presente, al pasado y al futuro, y describe ciertas ventajas y desventajas en cada una de esas actitudes. Este vídeo no tiene subtítulos en español, pero se trata de una transcripción en forma de cómic de una charla de Philip Zimbardo, una persona realmente interesante incluso sin contar con que es el responsable del Experimento de Stanford, en un formato gráfico sorprendentemente efectivo. RSA tiene más transcripciones de este tipo en su web.





Lo siguiente a comentar es que el trabajo tan asombroso de síntesis, dibujo y comunicación de los vídeos de RSA, lo realiza una empresa llamada Cognitive Media, de Reino Unido. En su web puede verse como es el proceso y recibir un par de lecciones gratis sobre comunicación, tan solo navegando por su sitio.

Y por último otro vídeo, probablemente ofensivo para los creyentes, particularmente por el uso de la palabra "bullshit", es un monólogo tipo club de la comedia (en inglés sin subtítulos pero fácil de entender) de un tal George Carlin todo un personaje, donde pone en evidencia, de un modo muy gracioso (al menos para un ateo) montones de incongruencias de la religión organizada cristiana (católica, protestante...) aunque también puede aplicarse a cualquier religión organizada monoteísta. Al parecer hay más monólogos de este hombre por ahí fácilmente localizables en Google.




martes, agosto 10, 2010

Libro: Híbridos.



Título: El paralaje neanderthal 3. Híbridos.
Autor: Robert J. Sawyer
Editorial: Ediciones B

Esta es la tercera y última parte de la trilogía sobre la distopía neanderthal de Sawyer y desgraciadamente el la peor de todas las partes.

En esta ocasión, la historia gira específicamente sobre las relaciones interpersonales de humanos y neanderthales. Agotada ya la veta de la tecnología, la historia y el choque cultural incial, la historia se vuelve de todo menos ciencia ficción. Da la impresión de que Sawyer aprovechó el tirón de las dos entregas anteriores y le pasó el encargo de esta parte a un negro (negro literario, me refiero) que casualmente era bisexual, feminista y con tendencia al comunismo. Nada malo de por si, pero que dada la ausencia de ciencia o ciencia ficción, acaba derivando en una novela romántica muy poco pasable y muy rara.

En realidad no hay mucho que decir de este libro salvo que desaprovecha una idea (aniquilar a la población masculina del planeta) que habría dado mucho juego y la posibilidad de continuar la saga, y se dedica a hablar de sexo entre especies y a presentarnos villanos de opereta que no se puede creer ni dios.

Posiblemente la peor parte es el final, que es de cuento de hadas y con litros de pasteleo de baja calidad.
En resumen, si eres fanboy de Sawyer, te han gustado las dos primeras partes de la trilogía, no eres homófobo, no te molesta el feminismo barato, y puedes tragarte una peli romántica sin pestañear, quizá este libro te guste.

Libro: Humanos.

Título: El paralaje neanderthal 2. Humanos
Autor: Robert J. Sawyer
Editorial: Ediciones B

Esta es la segunda parte de la trilogía neanderthal, de nuevo un libro de Sawyer. Si el tipo escribe libros decentes, ¿por qué cambiar?

En esta ocasión el portal entre nuestro mundo y la distopía neanderthal es reabierto con el propósito de establecer relaciones formales y a gran escala entre las dos civilizaciones. Sawyer consigue una buena segunda parte, donde ahonda aun más en los aspectos de la civilización humana, su historia, sus miserias y grandezas. Y por supuesto muestra algo más del mundo neanderthal, sus ritos y costumbres.

No contaré mucho más para no reventarle a nadie el libro, pero me gusta especialmente la exposición que se hace en una parte del libro sobre las ventajas e inconvenientes de una civilización basada en la caza y la recolección (la del homo neanderthalensis o “barast” en el libro), en lugar de una sociedad agrícola y ganadera como la nuestra (homo sapiens sapiens). Básicamente en el libro se sostiene la idea de que quizá podríamos haber sido mucho más felices o quizá “buenos” si no nos hubiésemos dedicado a desarrollar la agricultura, reproducirnos como conejos y exterminar especies enteras de aves, mamíferos y demás fauna.

En resumen, se trata de una lectura obligada si te gustó la primera parte ya que es la ampliación del mismo tema, una vuelta de tuerca sobre el encuentro entre homínidos y humanos. Y por cierto, que al tratarse de una trilogía, deberían leerse los libros en el orden correcto.

Libro: Homínidos

Título: El paralaje neanderthal. Hominidos
Autor: Robert J. Sawyer
Editorial: Ediciones B

De nuevo, un libro de ciencia ficción de Sawyer, autor al que he pillado el gusto. Hace años estuve a punto de leerlo, pero en aquel momento mis inquietudes intelectuales iban más encaminadas a la astronomía y el terror que a la antropología o la paleontología y supongo que terminé seleccionando algo de Clarke o Lovecraft.

En este libro Sawyer nos plantea, mediante una socorrida teoría cuántica quetodoloexplica, un universo alternativo donde el Neanderthal y no el Cromañón, sobrevivió y prosperó hasta nuestros días. Esta realidad alternativa conecta con la nuestra accidentalmente y nos planta a un físico Neanderthal en Toronto, Canadá.

La trama urdida permite al autor ahondar en la sociedad humana, sus raíces, sus incoherencias y todo lo que podríamos hacer mejor, y presenta una civilización alternativa, una distopía de 40.000 años.

Dado que se trata de un libro de cierta edad, obviaré la posibilidad de spoilear y pasaré a comentar que el libro contiene ideas muy curiosas sobre sistemas socialistas y totalitarios que podrían funcionar, aunque también apunta a que seguramente no funcionarían dadas las características inherentes al ser humano. En conjunto se trata de una historia típica, con romance y todo, pero que nos permite observar la sociedad humana desde una óptica bastante más objetiva, más alienígena, de lo que estamos acostumbrados en la ciencia ficción.

Otro detalle del libro, es que como suele hacer Sawyer, explica montones de conceptos de genética, historia, antropología, etcétera, de manera amena, así que puede ser útil para quien quiera darse una ducha (no diré baño dado lo superficial del relato) de conocimientos sobre estas áreas.

En resumen, este libro puede interesar a quienes disfruten con los libros de Sawyer, las distopías, las teorías políticas y de la naturaleza humana y quizá hasta los que disfruten con novelas románticas ligeras.

miércoles, julio 28, 2010

20 días de Samsung Galaxy Spica


Ahora que llevo un tiempo prudencial con el terminal nuevo, el Samsung Galaxy Spica (vía Yoigo), creo que es un buen momento para comentar mis impresiones sobre el aparato, y más adelante en otra entrada, sobre el sistema operativo Android 2.1 Ecclair, que tiene bastante chicha.
Como ya se han dicho muchas cosas a favor y en contra del terminal en otros mil millones de sitios, obviaré los datos técnicos del aparato y me centraré en los detalles que me llaman la atención para lo bueno y lo malo.

Forma y tamaño

En primer lugar, el aparato en sí, me parece una especie de evolución de un terminal de la honorable Qtek, que tuve ocasión de probar en 2005 (creo), aunque mejorado con algunos detalles, tanto de color, como de interfaz física (botones, pulsadores…). Es muy cómodo de sujetar, y parece pensado para ser usado con una sola mano en misma filosofía de Palm (la filosofía correcta, claro ;-). No es feo, no es un diseño genial, pero es muy cómodo de usar y llevar encima.

Fotografía y vídeo

La cámara, para mi que he estado usando una MUY buena cámara incluso para los estándares actuales (hablo del combo Sony Ericsson K800i con flash Xenon), es un paso atrás, no solo en cuanto a calidad de las fotos (que dejan mucho que desear con condiciones desfavorables de luz al no tener flash), sino a nivel de interfaz, que trata de replicar lo que sería un interfaz táctil de cámara compacta, y que en mi opinión distrae de lo que realmente debería tener toda la atención: motivo, encuadre, etc. Afortunadamente dado que ahora tiro de réflex con revelado RAW, tener una cámara malilla no supone un problema.

Velocidad

La velocidad del terminal está bastante bien (esperaba que fuese más lento), aunque al ser un aparato multipropósito, es posible que se note retardo del orden de segundos, al pasar de una aplicación pesada a cualquier otra, como por ejemplo cuando se pasa de leer un libro en PDF, a hacer una llamada telefónica desde los contactos. Por supuesto si el terminal fuese más ligero sería estupendo, pero está dentro de mis parámetros de usabilidad y no tengo queja al respecto.

Batería

Al principio la batería me parecía un asco, al tener que recargar 1,5 veces al día. Pero una vez que realizas los primeros ciclos de carga y dejas de tener el aparato trabajando el 90% del tiempo (Wifi, Bluetooh, pantalla, aplicación va, aplicación viene…) queda claro que con un uso razonable (lectura 2 o 3 horas, 3 o 4 horas de música, navegación web para un par de consultas, aplicaciones de Facebook y Gmail sincronizadas y usadas regularmente, y unas cuantas llamadas y aplicaciones típicas) la batería debería aguantar algo más de un día completo y solo como teléfono debería tener unos 3 días de autonomía.

No estoy seguro en este punto, pero yo diría que lo que más consume con diferencia es la navegación web. Quizá el uso de Wifi, unido al procesamiento de las páginas (renderizado, Javascript…) y el tener la pantalla funcionando constantemente sea lo que marca la diferencia con otras funciones como las llamadas, la lectura de documentos o incluso el vídeo.

Conectores

El tener un puerto de carga y datos micro USB estándar, y un conector de audio de jack de 3,5 mm (el conector típico de cualquier auricular), es muy cómodo. Puedes usar los cascos que quieras sin adaptador y conseguir fácilmente (o llevar contigo) un cable de datos para recargar y traspasar archivos de un lado a otro. Samsung se ha portado muy bien en ese aspecto.

Almacenamiento

La memoria interna es de unos 200 megas, algo reducida si fuésemos a almacenar todos nuestros datos interesantes en el teléfono (libros, música, videos…), pero como solo es para las aplicaciones y le he metido una micro SDHC de 8 gigas (unos 18€ cuesta una de Clase 4), tengo todo lo necesario, algo más, y aun me sobra espacio a patadas.

Interfaz

Este terminal tiene quizá demasiados botones. Uno para el volumen, otro para el bloqueo, otro para la cámara, otros 4 de control (llamar, colgar, menu, salir), 2 de funciones específicas (buscar y home) y por último el “aceptar” con los direccionales para moverse en los ejes vertical y horizontal. Una vez que los conoces se convierten en tus amigos (acceso rápido, realimentación táctil…), pero a priori es algo desconcertante. Además los controles de llamar y colgar están demasiado cerca del borde como para ser realmente cómodos, pero al fin y al cabo son los que menos vamos a usar y tienen equivalente en la pantalla.

Por supuesto la pantalla es táctil y permite realizar la mayoría de las funciones desde el sistema operativo, por lo que podríamos “pasar” de las teclas físicas si no somos fans de la tecnología háptica (que digan lo que digan los fanboys de iPhone/iPad, sigue siendo lo mejor en cuanto a control para seres humanos).

En cuanto al altavoz y el micrófono suenan muy bien, pero la posición del altavoz hace que si lo dejamos boca arriba, pueda amortiguarse bastante el timbre y desde luego no he conseguido sacarle tanta potencia como a mi K800i a la hora de reproducir sonido sin auriculares.

Pantalla

Por último, la pantalla TFT se ve perfectamente (de verdad), cuando está a media potencia, bajo el sol de Julio de Madrid con o sin gafas de sol. Respecto a mi antiguo K800i y mi difunta Palm TX es un buen avance. Y la resolución de 320x480 en este tamaño da una sensación de resolución muy buena.

Quizá pueda quejarme de falta de sensibilidad o de exactitud en pantalla, pero puede que sea que aun no me he adaptado y en ningún caso afecta a su uso.

En cuanto a tamaño de pantalla, con 3,2 pulgadas, creo que queda en el límite de la usabilidad para alguien con dedos relativamente largos como yo. Es decir, que el tamaño es perfecto para poder manejarlo con bastante comodidad a la vez que tenemos un terminal reducido en tamaño.

Resumen

Se trata de un terminal indicado para empezar o para personas que quieren herramientas útiles, no moda, aunque probablemente se quede corto para los más fanáticos de Android que babean por pantallas gigantes y procesadores para cálculos climatológicos. Así que esencialmente lo recomiendo a cualquier usuario de Palm que como yo, no desea atarse a Movistar para conseguir una Palm Pre, en mi opinión, el mejor terminal del momento.