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martes, diciembre 27, 2011

La cultura del ascenso





Vivimos mayoritariamente en una sociedad laboral basada en una falacia. La falacia del ascenso.


La cultura que impera señala como símbolo de éxito el cambiar regularmente de trabajo (como tarea o profesión, no como sinónimo de empleador) para realizar cualquier cosa alejada del núcleo original, del trabajo real, del trabajo productivo. A estos cambios sucesivos se los llama ascensos y son una de las lacras que convierte a excelentes profesionales en malos gestores y a brillantes gestores en pésimos líderes.


El principio de Peter en acción nos dice que cualquier persona asciende hasta su nivel de incompetencia, y aun así consideramos los ascensos como algo positivo.


Suponemos, equivocadamente, que es positivo pasar de hacer [ponga aquí un trabajo] a coordinar el hacerlo, luego ponerse a supervisar a los trabajadores y al coordinador, más adelante a planificar las líneas de trabajo y finalmente ponerse a plantear nuevas estrategias para todo un grupo de planificadores, supervisores, coordinadores y curritos. Siempre tratando de ir más y más arriba en una jerarquía lo más grande posible.


Imagino que esta evolución de la carrera profesional tiene que ver con el hecho de que cada paso pone a disposición de las decisiones del trabajador a un número cada vez mayor de personas (en una dañina jerarquía vertical), y ver eso como algo deseable y bueno podría estar relacionado con algún pedazo de nuestro cerebro de mamífero, ese que considera que ser líder de manada o macho alfa es una garantía para procrear con las hembras bajo nuestro mando. Pero eso es harina de otro costal. Sigamos.


Se presupone que un supervisor tiene más conocimiento y sabiduría que los supervisados... Y en muchos casos es así, pero si solo eres supervisor es muy probable que al cabo de un par de años sepas mucho menos que cualquiera de tus subordinados (bienvenido al siglo XXI, donde todo cambia cada 6 meses). Y por descontado un supervisor que tenga conocimiento y sabiduría para hacer bien su trabajo será un excelente trabajador que perderemos, quizá no totalmente, pero sí en su mayor parte, ya que en el mejor de los casos, si le mantenemos en su trabajo normal pero añadiendo el rol de supervisor, tendremos un trabajador con una carga administrativa adicional que le impedirá alcanzar su nivel habitual. Es un Win-Lose: ganas un supervisor malo, y pierdes un trabajador bueno. Y lo mismo para el resto de ascensos. ¿Quizá lo único bueno que se puede hacer es ascender a los peores trabajadores y demás? ¿Se pararía así la sangría de productividad? ¿Es la patada hacia arriba la mejor estrategia?


Creo que lo único que tiene sentido es cambiar la cultura del ascenso a una de recompensas (horarios, sueldo, herramientas...). Una cultura de empresa que premie a los trabajadores con una diversidad de conceptos: desde el dinero al tiempo, pasando por el derecho a usar herramientas especiales (coches, teléfonos, tablets, ordenadores...), participaciones en la empresa o la capacidad de decidir en qué proyecto entran o no. Una cultura social donde no importe a cuanta gente tengas "debajo" ni el puesto que tengas en la empresa, sino lo feliz que te sientas en tu trabajo. Una cultura corporativa donde una recompensa no lleve aparejado necesariamente un cambio de rol sino una mejora de vida y un aumento de productividad.


Como decía al principio, la cultura del ascenso es una falacia, y una de las que hacen daño. Obliga a someterse al principio de Peter, con gente focalizada en obtener poder sobre los demás, cargos y títulos, aun a costa de descuidar el trabajo "real". Lleva a establecer jerarquías verticales y luchas de poder como la que se comenta en la Ley de Parkinson. Y en lugar de conducir a una institución a desempeñar un trabajo con un alto grado de precisión y fiabilidad, convierte a las organizaciones en burocracias llenas de trepas.


Sí, soy un idealista, y la realidad del mundo empresarial hace que tenga serias dudas sobre si este tipo de medidas funcionarían en la realidad, pero creo que merece la pena intentar apoyar y formar parte de una cultura social y empresarial de estas características.


Debemos cambiar para mejorar. Pero no tanto de puesto como de cultura.


Para terminar, un par de apuntes menos cáusticos sobre la cultura del ascenso. La cultura del ascenso puede que tuviese sentido hace un siglo, cuando una persona podía pasar por varias áreas de una empresa y entender cada una, alcanzando un nivel aceptable de comprensión y maestría que le llevase a convertirse en un líder o supervisor realmente útil, pero ese tiempo pasó, y en el presente todo está tan interconectado y especializado que el pasar por una serie de áreas solo da una visión parcial del todo y a menudo superficial. Quizá la cultura del ascenso no tenga que desaparecer del todo para mejorar las cosas, quizá se pueda reciclar parcialmente para que aquellos que quieren especializarse o cambiar de rol a algo que les llene más según maduran y crecen como personas y profesionales, pero en su forma actual, esta cultura es mala como la hipertensión o las grasas hidrogenadas. 


PS: Aprovecho para recomendar el libro Rework de Jason Fried, relacionado con este tipo de pensamientos, que empecé a leer después de escribir este post, y cuyas ideas y principios comparto en un 99%, no tanto por idealismo, sino por haber visto con mis propios ojos que lo que dice no solo es cierto, sino que funciona.

*La foto está extraída de Wikimedia.

domingo, diciembre 18, 2011

Toma de decisiones y desarrollo de software

Probablemente una de las cosas que más agota mentalmente a una persona sea tomar decisiones: recabar datos, modelar escenarios, simular, probar, imaginar, buscar, resposabilizarse, convencer... En informática esto se traduce en un agotamiento mental, que se nota al terminar una jornada, cuando has tenido que decidir cosas como:
Qué framework, tecnología y lenguaje usar, como distribuir lógicamente el código, como organizar el trabajo en equipo, como llamar a las páginas/clases/tablas/campos/variables/funciones, como almacenar los datos, como escribir cada estructura de decisión (if/while/switch/for y cual de todas usar), como organizar el interfaz, que colores poner, cual será el flujo del programa a nivel de usuario/interno, que tipo de seguridad se implementa, que pruebas realizar, como se tratan los errores, qué es un error y que no, qué navegador usar, qué tipos de datos toca en cada momento, qué partes optimizar, qué nivel de abtracción es suficiente, cuando se hacen según qué tareas (y cuales son estas), qué tiempo llevará cada hito de proyecto, qué recursos deberían usarse, qué versiones de los estándares se implementan (CSS/HTML/SQL/VB/JS...) y a qué nivel (por compatibilidad)... en fin, los afectados sabrán de que hablo. No olvidemos que cada decisión de este tipo, debe casar perfectamente con las anteriores, todo es vinculante en el código.

El desarrollo de software es, por su propia naturaleza, una tarea altamente creativa, no porque sea más cool que otras disciplinas, sino porque poco o nada puede llevarse a cabo de manera automática o mecánica (a nivel mental), dado que la principal característica de la informática es... automatizar procesos repetitivos. Y esta característica precisamente hace que cuando alguien se ha enfrentado a un problema y lo haya resuelto, puede aplicarse la solución de nuevo o adaptarla a nuevos casos (abstrayendo y reutilizando siempre que se conozca la solución, o te tocará resolver el problema de nuevo). Al final esta característica provoca que no se pueda hacer siempre lo mismo como desarrollador. Es irónico. Nunca se pueden resolver problemas típicos, porque estos ya se han resuelto. Los problemas a resolver son siempre nuevos.

Probablemente todo esto que cuento, es una de las ventajas en informática y una de las quejas comunes. Ventaja porque solo es necesario resolver los problemas una vez, y eso permite avanzar a toda máquina en cuestión de meses o años (al menos globalmente, con nuevas aplicaciones, plataformas y servicios). Queja porque siempre hay que estar aprendiendo, pensando y probando, nunca puedes “apalancarte” y muchos acaban quemados o abandonando lo que parece una carrera de ratas. Al final los que quedan, son probablemente los que más y mejores soluciones conocen (por mera experiencia) y eso debería hacerlos valiosos por encima de modas. Pero eso es otra historia.

jueves, noviembre 10, 2011

Libro: La paradoja del tiempo


Título: La paradoja del tiempo
Autor: Philip Zimbardo y John Boyd
Editorial: Paidós Ibérica



Philip Zimbardo es uno de mis psicólogos favoritos, pero además es un buen hombre y sobre todo un hombre práctico. Y esta obra, en la que toma parte, demuestra hasta que punto está comprometido con mejorar el mundo y la vida de la gente de una manera práctica.

"La paradoja del tiempo" contiene trabajo de varias décadas y de varios autores, lo que en principio debería convertir el libro en un sesudo peñazo de tropecientas páginas, pero no es el caso. Y por otra parte los autores no se limitan a hablar de teorías y datos sino que tratan de que el lector ponga en práctica ciertas prácticas para su propio beneficio, como si se tratase de un libro de autoayuda.

Así que nos encontramos ante un raro ejemplar de libro de autoayuda que ha requerido del trabajo de un equipo de psicólogos durante décadas, y que hablan de la perspectiva temporal y su influencia en las personas y las sociedades. Quizá por eso creo que puedo decir que este libro ha cambiado mi vida... o al menos la manera en que veo la vida. Y desde luego me ha dado un buen montón de cosas en que pensar sobre como funciona el mundo, muchas de ellas tremendamente útiles en un entorno laboral, social y político como el actual. Quizá la mejor banda sonora para acompañar este libro fuese el Radical Notion de Hans Zimmer, escrita para la película Inception.

Para quien quiera saber algo más sobre el libro, al margen de las citas que pongo más adelante, creo que podríamos decir que "La paradoja del tiempo" propone la existencia de un elemento hasta ahora ignorado y muy determinante en la manera en que las personas se comportan, sienten y piensan. Ese elemento es la perspectiva temporal (presente, pasada y futura, en sus vertientes digamos positivas y negativas) que hace que la gente se enfoque en determinados temas más que en otros, comprenda o no cosas como las consecuencias de sus propios actos y dificulta la comunicación entre personas. Pero no se queda ahí, sino que menciona las consecuencias concretas y reales de determinadas perspectivas en ámbitos sociales como por ejemplo en las políticas penitenciarias o las campañas de prevención de embarazo o las campañas de salud. En todo momento resulta convincente y sin realizar aspavientos ni trucos narrativos de ninguna clase.

Por lo tanto, si quieres aprender a ser más feliz, ver el mundo con otros ojos y quizá hacer algo mejor la vida de los demás, deberías leer este libro. Además es la primera vez que un libro de psicología y autoayuda, me recomienda beber para se feliz, y eso merece que considere a esta peculiar obra como absolutamente brillante.

A continuación, y antes de las citas interesantes, un vídeo resumen de la gente de RSA, explicando muy burdamente el libro en base a una charla del propio Zimbardo en TED. Ah por cierto, hay un test online del libro que nos indica nuestra orientación temporal.



Y al fin, las citas que me han parecido interesantes:

[Tras la revolución industrial pasamos] de una economía basada en acontecimientos y en productos a una economía basada en el tiempo, en la que cobramos por unidad vendida, si el trabajo es por hora, o una cantidad global si somos asalariados.
-o-
El psicólogo austríaco Alfred Adler creía que el primer recuerdo de una persona era una ventana al resto de su vida. [...] Usaba esos recuerdos para endender su presente. Adler solo estaba levemente interesado en la veracidad de esos recuerdos porque, en general, no podía confirmarlos o rechazarlos a falta de pruebas independientes. Para Adler, lo que la persona creía que era verdad era más importante que la verdad objetiva en sí.
-o-
[Zimbardo] Pocos chicos de mi barrio iban a la universidad; en cuanto acababan la secundaria, la mayoría de ellos se ponían a trabajar a cambio de un sueldo bajo. Puesto que esos trabajos eran muy aburridos, los fines de semana eran para salir de juerga, actuar de manera temeraria y vivir como si el lunes nunca fuera a llegar.
-o-
Fluir es formar parte del proceso de lo que estamos haceindo. Cuando nos dejamos llevar por el fluir no nos concentramos en el producto del proceso que seguimos. Cuando nos preocupamos por el producto, pensamos en cómo será juzgado y evaluado, si será aceptado o rechazado. Entra en juego nuestro ego. Y estas preocupaciones pueden afectar y perturbar el proceso de crear nuevas ideas, nuevas visiones y nuevos productos.
-o-
[Sobre un experimento] Estas conclusiones indican que la creatividad aumenta cuando se anima a las personas a centrarse en el proceso creativo, sobre todo si son personas orientadas al presente, mientras que los resultados con mejor técnica los obtienen las personas orientadas al futuro y que saben que sus productos van a ser evaluados.
-o-
[...] Las condiciones del entorno contribuyen a transformar a los bebés orientados al presente en adultos orientados al futuro [...] Vivir en una zona templada. Vivir en una familia, una sociedad y un país estables. Ser protestante (o judío). Seguir estudios. Ser un adulto joven o de mediana edad. Tener empleo. Usar tecnolgía con frecuencia. Tener éxito. Tener modelos orientados al futuro. Recuperarse de una enfermedad en la infancia.
-o-
Las personas orientadas al futuro no buscan la novedad y, en general, no son depresívas. También mienten pocom a diferencia de las personas con las perspectivas temporales hedonista, fatalista y pasada negativa, que son significantemente más dadas a mentir. Y es que una persona no tiene por qué mentir si es fiel a sus promesas.
-o-
Nosotros [los autores] creemos que el bien común no es una cuestión moral, sino una cuestión relacionada con la perspectiva temporal. Adoptar una orientación muy centrada en el presente para obtener unos beneficios inmediatos no es egoísmo; es simplemente la forma de pensar de todas las personas orientadas al presente. Los trabajadores orientados al futuro también desean ganar tanto como como puedan, pero su perspectiva temporal los lleva a valorar más los beneficios a largo plazo porque pueden preveer que, en el futuro, los intentos de maximizar los beneficios a corto plazo tendrán conscuencias negativas.
-o-
David Eagleman, un investigador de Huston, diseñó un ingenioso test [...] en el que pedía a los sujetos que leyeran unos números digitales que aparecían con mucha rapidez en una pantalla. Descubrió que cuando los sujetos estaban relajados, la mayoría de ellos no podían leer los números porque aparecían con demasiada rapidez. En cambio, los sujetos que se hallaban en caída libre durante un salto de puenting sí podían leer los números. El puenting [...] centraba en el presente todos los recursos mentales. El aumento resultante del poder mental permitía la lectura de unos números que antes eran indistinguibles.
El miedo y la excitación aumentan la conciencia presente [...]
-o-
[Una tabla nos enumera elementos clave en la felicidad según nuestra orientación temporal]
[Pasada] Expresar gratitud. Evitar pensar demasiado y cavilar. Aprender a perdonad.
[Presente] Actuar con generosidad. Cultivar las relaciones. Aumentar las experiencias de flujo. Saborear las alegrías de la vida. Cuidar la mente (meditación).
[Futura] Cultivar el optimismo. Desarrollar estragegias de afrontamiento. Fijar y perseguir metas en la vida. Cuidar el cuerpo (ejercicio).
[Futura trascendental] Practicar religión o cultivar espiritualidad.
-o-
Puede que mejorar la atención parezca sencillo, pero como bien sabe nuestro aprendiz, puede ser muy difícil. Los monjes no tardan años en dominar la atención porque sean lentos. Tardan años porque es muy difícil conseguirlo. Pero ¿tan difícil es? Bien, una técnica sencilla relacionada con la atención es tocar el marco de una puerta cada vez que pasemos por ella. Cuando lo hagamos, concentrémonos en ese momento presente, en sus imágenes, sonidos y olores, y en la puerta de experiencia que se acaba de abrir antes nosotros. Este hábito nos puede ayudar a mantenernos plenamente en el presente y a que nos abramos a experimentar la felicidad más plenamente.
-o-
Adoptar una perspectiva a corto plazo no sirve a los intereses a largo plazo de la buena salud empresarial o del bienestar económico del país. Un capitalismo con verdadero éxito se dedicaría a crear negocios rentables que sirvieran a las necesidades de la sociedad y de sus miembros durante generaciones, no durante trimestres. El capitalismo basado en la codicia es interesado y trata a los demás y al medio ambiente como si fueran prescindibles. Se convierte en una especie de maldad administrativa donde las previsiones de beneficios son fines que justifican los medios inmorales por los que se logran; es un método basado en el "todo vale", siempre que los asesores legales de la empresa lo puedan racionalizar.
-o-
[Hablando del sistema educativo, y mencionando a Horace Mann y el sistema educativo prusiano que luego aplicó Everett en los EEUU] Cuando entran en la escuela, la mayoría de los niños pasan de vivir con un régimen libre, que les permite jugar y pensar como quieran, a tener un enseñante, un horario de clases y trabajo. Los horarios y el tiempo empiezan a regir su vida. Aprenden que retrasarse está mal, que solo tienen algún rato para divertirse, que el recreo sólo dura 20 minutos y que por muy deprisa o muy despacio que trabajen, no pueden evitar los días, las semanas, los meses y los años de escolarización. Se trata de pura y simple reglamentación y la escuela los prepara para que se pasen la vida en una fábrica. Hasta qué punto los prepara bien para loa vida fuera de las fábricas u, hoy, para una sociedad prácticamente sin fábricas, ya es otra historia.
La principal función de nuestro sistema educativo es domesticar a los niños y a su perspectiva temporal presente hedonista, y transformarlos en adultos orientados al futuro dispuestos a ocupar su lugar en la línea de producción de la fábrica.

martes, octubre 25, 2011

Proactividad



Desde que comencé mi vida laboral, no he dejado de oir, año tras año, empresa tras empresa, la palabra proactividad. Y siempre he sabido que el uso que se le da, es invariablemente erróneo. Normalmente se debe a pura ignorancia, pero a esta a menudo se le añade puro interés y cierta dosis de maldad que nunca deja de asquearme. Porque el concepto de proactividad lo acuñó Viktor Frankl como forma de sobrevivir a un entorno opresivo y malsano, como forma de mantener la vida y la cordura en un campo de concentración nazi.

Así que cada vez que, en un entorno laboral, oigo a alguien decir "hay que ser más proactivo" lo primero que pienso es que posiblemente se encuentra en un entorno psicológicamente malsano, y lo segundo que pienso es que la persona que me lo dice probablemente es una vendemotos con interés en que los empleados trabajen como esclavos.

Puede que esto parezca demasiado duro, pero se basa en mi experiencia y en saber de donde viene realmente el concepto de proactividad. Por supuesto no son leyes inmutables, y puede darse que la próxima persona sepa de donde viene el término, o que lo diga en un entorno donde el trabajo se planifica, se reparte adecuadamente, la gente (en particular los jefes) se responsabilizan e involucran en el día a día y no hay malos rollos. Pero creo que aun falta bastante para que vea ese día.

Para terminar, recomiendo el blog de Estratega, que tiene una entrada bastante buena al respecto de la proactividad, del que me permito copiar algunos extractos para los que no vayan a seguir el enlace:


la idea de proactividad acabó convirtiéndose en cliché y sirviendo varias posturas que no tienen nada que ver con ella, por ejemplo:
  • Practicar la hiperactividad, la impulsividad y asumir el riesgo sin reflexión, olvidando que la proactividad real parte siempre de principios y convicciones propias.
  • Trabajar intensamente
  •  hasta perder las suela de los zapatos o las huellas dactilares, si no quieres que te acusen de no ser “proactivo”.
  • Descalificar cualquier crítica
  • , por bien fundada que esté, al suponer que surge de la inercia y la defensa del status quo, es decir, de la “falta de proactividad”.
  • Identificar la proactividad con “agresividad”, palabra que sorprendentemente es asumida como un valor positivo en muchas organizaciones. Error, pues la agresividad es la manifestación de un entorno de “suma negativa”, en el que alguien pierde a costa de otro. Eso no es sostenible, pues una organización se fundamenta precisamente en lo contrario, en que unidos se es más.

-o-
[Un comentario al blog dice:] Lo más curioso de todo es que la proactividad surge como una resistencia frente a la opresión en condiciones muy duras. No puedo imaginar que nadie pueda comparar su situación con la de un preso del holocausto, pero cuando nos enfrentamos a las dificultades quizás tengamos que dar un paso más. Me explico, era evidente para los perseguidos que lo que los nazis hacían estaba mal, pero nuestra primera labor para ser proactivos es saber que diantres va mal con nuestra empresa, tarea o administración, para luego poder actuar desde valores que sabemos ciertos.Dicho de otro modo, fue proactivo quien, en los tiempos de la burbuja inmobiliaria decidió apostar por la economía de verdad, esa del trabajo, la innovación, el esfuerzo y la honradez, no los que se dedicaron como musarañas inquietas a rebañar las últimas cucharadas del bowl.

PD: La vaca de la imagen es de Ventas con Peña Aguilera.


domingo, octubre 23, 2011

Libro: Numerati



Título: Numerati
Autor: Stephen L. Baker
Editorial: Seix Barral



Lo reconozco, este libro tenía pinta de ser del rollete "teoría de la conspiración" y lo cogí con idea de reirme un rato (¿a quién no le gusta una buena conspiración?). Y aunque durante las primeras páginas puedes tener la sensación de que es alarmista y exagerado, y aunque la pésima traducción ayuda a mantener una imagen de "exagero y no tengo claro de qué hablo", al cabo de un par de capítulos se revela como lo que es: un buen trabajo periodístico (no la basura de los periódicos) que revisa el estado actual de las tecnologías de análisis de datos, su volumen, sus usos y peligros.

Es una buena introducción al por qué hay gente horrorizada con los actuales problemas de privacidad, problemas que la mayoría de la gente desconoce o minimiza, y una lectura interesante para los interesados en las nuevas tecnologías, ya que da una perspectiva de dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí, pasando por Adsense, Google, banca, vacas, salud, terrorismo, plataformas de blogs o los típicos análisis de perfiles de compradores y votantes. Por supuesto, en su línea de artículo periodístico, nos ofrece el lado positivo de la tecnología, partícularmente en ámbitos médicos, pero más como un "podría ser" que otra cosa, lo que deja un sabor de boca no demasiado agradable cuando se comprueba que de momento los "contras" parecen más reales y presentes que los pros.

Yo diría que el propio autor no ha podido encontrar usos lo suficientemente positivos como para equilibrar el uso actual, no demasiado *cívico*, por lo que acaba tratando de convencer al lector de lo útil que *será* el análisis de datos futuro, cuando lo puedan usar las personas para su beneficio y no solo las grandes corporaciones y gobiernos.

Así que para acabar, antes de meter algún extracto, yo diría que es un buen artículo periodístico, ligero, largo, y que puede resultar interesante para los interesados en el software y la tecnología en general. Pero sin llegar a ser un "must read".

Algunos párrafos del libro:
[Sobre Adsense de Google] Resultó que unos robots se llevaban la mayor parte del dinero. Estos programas generaban cientos de miles de blogs, muchos de ellos mediante el respectivo servicio gratuito de Google, y los adecuaban para atraer anuncios de esta firma. Dichos spam blogs circulaban junto con los blogs humanos e impedían a millones de ellos cosechar valiosos clics.
-o-
Las industrias ideales para los Numerati son aquellas en las que pueden equivocarse con frecuencia y aun así obtener buenos resultados generales. No es el caso de la guerra contra el terrorismo.
-o-
[Para no dejar huella en internet] El modo más simple de hacerlo es realizar las actividades importantes fuera de la red [...] No obstante, los terroristas también pueden manipular los datos que se recogen de ellos, distorsionando así lo que los especialistas llaman el "circuito de retroalimentación" [actuando de una manera diferente a la esperada o creando ruido]. Jerry Friedman, profesor de estadística en Standford, compara el efecto de esta táctica con las alarmas de coche que suenan constantemente y provocan que la gente las ignore.
-o-
"Vamos a necesitar a personas inteligentes en la política", dice [Jeff Jonas, creador de ANNA, un anonimizador propiedad de IBM]. Sin una supervisión estrícta, nos exponemos a obtener lo peor de ambos mundos: una sociedad vigilada que aun así no nos ofrezca seguridad.
-o-
[De una de las entrevistas] me explica que una vez él también soñó con modelar el mundo, pero que después llegó a la conclusión de que las matemáticas, a pesar de ser tan eficaces, estaban equivocadas. -¿Por qué?- pregunto. -¿Alguna vez has oído que, si entra basura, sale basura?
Su argumento es que los matemáticos modelan malentendidos del mundo, a menudo usando los datos que tienen en sus manos en vez de ir en pos de lso hechos no visibles. Me relata la historia de un borracho que una noche oscura busca sus llaves bajo un farol, no necesariamente porque se le han caído ahí, sino porque es el único lugar con luz.


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Aviso a navegantes: Por comodidad, a partir de ahora publicaré mis posts con mi cuenta de gmail "normal", como Jose Angel.

sábado, octubre 01, 2011

Libro: Innovación y Tradición. Historia de la tecnología moderna





Libro: Innovación y Tradición. Historia de la tecnología moderna.
Autor: David Edgerton.
Editorial: Crítica.

No soy muy fan de Cospedal precisamente, pero sus palabras de toma de posesión sobre innovación basada en la tradición, volvieron a mi mente el día que vi el título de este libro en la biblioteca. Y como pensé que la relación tenía cierta gracia, lo cogí sin saber muy bien que esperar de él.

Tras leer algunas páginas comencé a pensar que quizá trataba sobre inventos y tecnologías actuales, que se hubiesen desarrollado en un pasado más o menos remoto (100 años o más) y quizá redescubierto, y esperaba que el libro pudiera ayudarme a ver mi trabajo de desarrollo de software de otra manera, pero me temo que estaba algo equivocado.

Se trata de una obra extraña, bastante aburrida y descriptiva en exceso que va repasando un subconjunto de tecnologías (más bien herramientas o productos concretos) de los últimos 100 años y usadas en diversos lugares del mundo. Consta de muchos datos concretos de importaciones o producción de tal o cual producto para extraer poca información de ellos, sin desarrollar o hilvanar como me gustaría, las historias que cuenta. Ni siquiera se trata de herramientas relacionadas, o de elementos evidentemente importantes, sino de barcos acorazados, planchas de metal, telares, ferrocarriles y carros de tracción humana. De cosas como la corriente alterna, el software, o herramientas neolíticas, ni palabra.

Supongo que la orientación del libro es más indrustial y manufacturera que otra cosa, pero también trata algunas armas de la segunda guerra mundial en adelante. Y aunque leerlo ha resultado decepcionante y a menudo pesado, no puedo obviar que aporta una visión de la tecnología diferente a la que tenía, así como también señala detalles llamativos como son, el uso (o reutilización) de las herramientas tecnológicas en el tercer mundo, su impacto en los nacionalismos y la importancia vital de las redes de mantenimiento en cualquier tecnología de éxito (ahora nunca volveré a infravalorar el servicio técnico y las comunidades de usuarios avanzados).

Así que a pesar de lo aburrido que ha resultado y lo excesivamente descriptivo que resulta a veces, supongo que el libro cumple su misión de aportar una perspectiva diferente de la tecnología, por lo que si tienes tiempo y ganas, supongo que podría recomendarlo.

Apuntes sobre Innovación y Tradición que pueden ser llamativos:

Dada la escasez de los datos de que disponemos y su mala calidad, construir el relato histórico de las pautas siempre cambiantes de la invención no es tarea exenta de dificultades. Deberíamos, en consecuencias, mostrar escepticismo ante todo testimonio que defienda el aumento o descenso de la proporción o la significación de los inventos de un período particular de la historia. Las medidas que podrían llevarnos a tal conclusión no existen, y los criterios que sí existen parecen indicar la necesidad de proceder con gran cautela. La información estadística más importante que se halla a nuestro alcance en este sentido es el número de patentes, documentos legales por los que se otorgan a los inventores los derechos exlclusivos de su obra durante un período determinado. Aun así, solo parte de esta última pasa por dicho trámite, y no faltan tecnologías que no puedan siquiera hacerlo. Por otra parte la existencia de una patente no ofrece indicación alguna de su relevancia, ni tampoco de la de las tecnologías que tras ella subyacen. Además, las naciones adoptan sistemas distintos de registro, y todos cambian con el tiempo.
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En 1930 y 1931, la cantidad de aceite de ballena obtenida en el Atlántico fue igual a la suma del aceite de oliva de Francia, Italia y España. La margarina de él derivada se consumió sobre todo en Alemania, el Reino Unido y los Países Bajos, y su distribución estuvo dominada por la empresa angloholandesa Unilever. En 1933, los nazis comenzaron a promover la mantequilla alemana frente a la margarina y, en concreto, la mencionada compañía, y pusieron empeño en hacer hincapié en el uso del aceite de ballena. [Finalmente Unilever financió una flota ballenera nazi para evitar el boicot al parecer].
-o-
Los planes y los costes de mantenimiento no pueden determinarse con antelación. En sistemas tan complejos [motores], se hace necesaria una ingente infraestructura de documentación, supervisión y vigilancia, sin que tal cosa reste un ápice de importancia a los conocimientos tácitos e informales. Las gentes y las organizaciones no hacen, en este sentido, otra cosa que lo que los economistas llaman "aprender haciendo" o "aprender de la experiencia". [en los años 30 quedó de manifiesto que...] cuanta más cantidad de unidades fabricadas de un producto, menor será el coste de producción [o curva de aprendizaje].
-o-
[Hablando de la reforma del Queen Elizabeth en los años 30 para adecuarse a las batallas venideras] El precio de su reconstrucción fue, aproximadamente, la mitad del que habría supuesto la compra de uno nuevo. Sin embargo, necesitó más tiempo del que se había esperado: resultaba más difícil predecir la duración de las reparaciones que programar la fecha de concluisión en caso de crear uno partiendo de cero.